AMLO y los extravíos del populismo latinoamericano con la historia

Columna
El Líbero, 22.06.2019
Iván Witker, investigador (ANEPE) y profesor (U. Central)

El presidente mexicano ha dado muestras de cierto extravío metafísico, al proponer iniciativas bizarras, a veces percibidas como divertidas, pero nítidamente a contrapelo de la razón y el conocimiento. Sin embargo, dichas actitudes no son exclusividad de este «mesías tropical».

En sus primeros meses de gobierno, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador ha revivido una extraña regularidad observada en muchos políticos populistas latinoamericanos durante las últimas décadas, cual es tener claros extravíos metafísicos. La mayoría de ellos se vincula a la historia de sus propios países. Son propuestas e iniciativas bizarras, a veces percibidas como divertidas, pero nítidamente a contrapelo de la razón y el conocimiento.

Uno de los grandes ejemplos fue la exigencia a España de entregar disculpas públicas por las atrocidades cometidas durante la conquista. Una exigencia que no sólo asombró por lo extemporánea, sino que por ignorar que el genio estratégico de Hernán Cortés consistió en algo simple, pero simultáneamente muy complejo, como fue aunar los sentimientos anti-mexicas (aztecas) existentes en decenas de otras culturas indígenas y que habían anidado tras décadas de masacres y opresión. Archi-documentado está que la mentalidad poliédrica de Cortés captó con rapidez que todas las culturas sojuzgadas asimilaron a los españoles como liberadores. No en vano, historiadores militares y antropólogos coinciden en algo obvio: sin la fuerza de 2.000 guerreros tlaxcaltecas y otros 1.300 totonacas, Cortés no habría podido capturar Tenochtitlán, la capital azteca. El dislate de AMLO ignora además algo muy relevante. Sin la labor de algunos frailes españoles, como Diego de Landa o Bernardino de Sahagún, hoy en día nada conoceríamos de las extraordinarias culturas pre-cortesianas.

Luego, AMLO proporcionó otra excéntrica aseveración. Que México fue fundado hace 10 mil años y que rápidamente tuvo imprentas y universidades. Quedó en claro lo ignoto que le resulta el manejo de fechas históricas.

En su afán de hacer de borracho y cantinero, como observaba ese popular compositor mexicano José Alfredo Jiménez, AMLO ha mostrado -empero- ciertos trazos de sensatez, como es su ordenadísimo comportamiento frente a Estados Unidos en general y a Donald Trump en particular. Incluso la exigencia de militarizar la frontera sur y evitar el trasiego de migrantes por territorio mexicano en dirección al estadounidense, que fuera exigida de forma ruda por el mandatario norteamericano, la atendió con una prontitud que asombró a partidarios y detractores.

Viendo el calibre de sus extravíos, resulta sorprendente que no haya exigido disculpas a Trump por las gigantescas pérdidas territoriales ocurridas en el siglo 19 a manos de Estados Unidos (Texas, Utah, Nevada, California y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Oklahoma, Kansas y de New Mexico), que suman la friolera de más de 2 millones de kilómetros cuadrados.

En tanto, resulta interesante constatar que los extravíos metafísicos no son exclusividad de este mesías tropical, como Enrique Krauze bautizó a AMLO en un premonitorio libro biográfico (2006). Episodios hay a raudales en América Latina. El tumulto venezolano actual ha dejado en el olvido, por ejemplo, que Hugo Chávez creó en 2008 una Comisión Presidencial para investigar las causas de la muerte de Bolívar. Dijo estar seguro que había sido envenenado. La verdad es que murió de tuberculosis en la ciudad de Santa Marta, actualmente territorio colombiano. Este último detalle lo hizo sospechar de un contubernio oligárquico. Lamentablemente, la opinión pública no pudo conocer los resultados de aquella investigación chavista. Muy poco después, la obsesión continuó y ordenó desenterrar a Bolívar (un momento transmitido por cadena nacional obligatoria de radio y TV). Dijo sospechar que los colombianos habían engañado a los venezolanos en 1876 cuando se produjo el traslado oficial de los restos del prócer. Lo mismo que el caso anterior, el gobierno venezolano privó a la opinión pública de los resultados de aquel examen óseo.

Otro volcánico pro-hombre del socialismo del siglo 21, el ecuatoriano Rafael Correa mostró extravíos similares. Desenterró los restos de su admirado prócer José Eloy Alfaro en Guayaquil para trasladarlos a Montecristi, donde le había construido un mausoleo-museo por más de US$350 mil. Jamás imaginó que su peregrina idea desataría un áspero debate entre sus propios seguidores. Sin aspavientos, tomó la salomónica decisión de repartir las cenizas entre ambas ciudades.

En 2009, el entonces presidente hondureño, Manuel Zelaya aportó su propio extravío. Dado que los restos del prócer centroamericano Francisco Morazán (nacido en Tegucigalpa) estaban enterrados en San Salvador, tuvo la poca feliz idea de exigir su entrega. El Salvador respondió declarando el estado de emergencia y militarizando la frontera. Mal que mal ambos países libraron la llamada guerra del fútbol en 1969. Pensando en ofrecer un matiz, Zelaya hizo otro aporte excéntrico. Sugirió que los restos de Morazán queden en permanente en gira por la región. Su abrupta salida del poder evitó que el asunto se saliera de control.

Y cerca de acá, ya ha caído en el olvido que durante los años K se promovió un debate nacional para exhumar a Perón y a Evita para enterrarlos juntos. No hubo explicaciones posteriores y Evita se mantuvo en el cementerio de Recoleta a prudente distancia de su marido. Incluso en el apacible Uruguay, Tabaré Vásqueztuvo su propio extravío durante su primer mandato (2009), al proponer que José Artigas sea sacado del “frío” mausoleo de mármol y granito, donde lo había “recluido” la dictadura en 1979, y trasladarlo a un sitio más cercano a la ciudadanía. Tampoco hubo explicaciones posteriores pero la  iniciativa fue dejada en el olvido.

Se trata de una lista bizarra, frondosa y, obviamente, divertida. Por desgracia, sin punto final.

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