Disputas permanentes con Chile

Editorial
El Deber, 21.05.2017

Casi todos los medios de Bolivia han manifestado su preocupación por las permanentes disputas que están produciéndose entre los gobiernos boliviano y chileno, lo que no contribuye en manera alguna para que ambas naciones vecinas encuentren un camino de entendimiento que es tan necesario en el momento actual. Las acusaciones mutuas son permanentes y Chile se niega a liberar a los nueve compatriotas sentenciados, exagerando los motivos, además de que ha rechazado las visas de ingreso a su territorio de importantes autoridades nacionales, como han sido los presidentes de las cámaras de Senadores y Diputados y últimamente al ministro de Justicia, que había estado esforzándose para que los detenidos sean liberados.

Se ha repetido que a Bolivia no le conviene vivir en pugna con Chile si es que se desea llegar a un acuerdo satisfactorio sobre nuestro retorno al mar, luego del fallo que emita la Corte Internacional de Justicia de La Haya en los próximos meses. Si va a ser necesaria una negociación, es natural que los términos que utilicen ambas naciones sean cordiales para que se arribe a un acuerdo satisfactorio que Bolivia espera y exige desde hace mucho más de un siglo.

El jueves último ha sido convocado a la Cancillería nacional el cónsul general de Chile en Bolivia, embajador Manuel Hinojosa, quien se entrevistó con la viceministra de Relaciones Exteriores, Guadalupe Palomeque, antigua funcionaria de carrera del Servicio, así como con la viceministra de Gestión Institucional y Consular, Carmen Almendras. Por lo que se ha podido saber, la demanda nacional protestando por la negativa de visas y maltrato a nuestras autoridades, se ha contestado con quejas de la parte chilena sobre presuntas expresiones injuriosas que habría pronunciado en Iquique el ministro de Justicia, llegando a aludir hasta a la presidenta Michelle Bachelet.

Nunca como hoy las relaciones boliviano-chilenas habían llegado a un estado de malestar tan grande, ni siquiera cuando se rompieron las relaciones diplomáticas a raíz del diferendo del río Lauca a comienzos de los años 60, o cuando, tiempo después, se volvieron a suspender a raíz de que las negociaciones de una salida al Pacífico entre los presidentes Banzer y Pinochet llegaron a un punto muerto luego de las largas gestiones que empezaron en la entrevista de Charaña. Esta situación no debería continuar como está y habría que esperar un cambio de actitud, tanto de La Paz como de Santiago.

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