El desenlace Venezolano

Editorial
El Día, 01.05.2019

La crisis que estalló ayer en Venezuela no comenzó con la represión de los últimos años, con la escasez que se agudizó, con los apagones o con todos los actos ilegales cometidos por Nicolás Maduro para mantenerse en el poder. Empezó el domingo 14 de abril de 2013, cuando el ex conductor de autobús se encaramó en la presidencia a través de un abismal y descarado fraude electoral que desató el malestar popular y una serie de movilizaciones que fueron reprimidas con salvajismo, asesinatos y el encarcelamiento de miles de dirigentes opositores.

Dos años más tarde, el régimen de Maduro tuvo la gran oportunidad de iniciar el camino de la democratización, cuando la oposición obtuvo el control del Congreso a través del voto popular. La opción fue desconocer nuevamente la voluntad de la gente, continuar con el desmantelamiento institucional e incrementar la dosis represiva, elementos que convirtieron al sucesor de Hugo Chávez no solo en un dictador, sino en un usurpador rechazado por el pueblo, por la comunidad internacional y por todos los organismos multilaterales que pese a todo han estado haciendo esfuerzos por alcanzar el diálogo y la salida pacífica.

Después de insistir por todos los medios diplomáticos, no hubo más remedio que apelar a la imposición de sanciones para conseguir el estrangulamiento del régimen de Maduro, quien se ha mostrado indolente frente al sufrimiento de la población que sufre de hambre, de falta de medicinas y que huye de la crisis humanitaria en todas direcciones, al extremo de generar tensión en todo el continente.

Durante este tiempo, la tiranía se ha negado a cualquier apertura, ni siquiera para el ingreso de ayuda para los más necesitados, procedimiento que derivó en violencia hace algunas semanas. Solo la insistencia de la Cruz Roja hizo posible la entrada de suministros para los hospitales donde se campea la muerte porque no hay nada para ayudar a los enfermos, ni siquiera energía eléctrica.

Precisamente los apagones han sido el acabose de la hecatombe venezolana y el final de las excusas y de las culpas, siempre atribuidas al enemigo externo, al boicot extranjero o al sabotaje de los adversarios políticos.

Un país entero a oscuras, muriendo de inanición, sin producción y azotado diariamente por la violencia, no puede menos que abrirle los brazos a la intervención armada extranjera, opción apoyada por la gente, discutida en numerosos círculos diplomáticos de alto nivel y descartada porque tanto los sectores contrarios a Maduro, como los que le dan respaldo, consideran que la salida tiene surgir desde adentro.

Eso es precisamente lo que ha sucedido este martes. Se trata de la rebelión de militares que no aceptan más la impostura, de millones de venezolanos que han perdido el miedo a los usurpadores y de unos líderes políticos que asumen con valentía el reto de conducir el retorno a la normalidad. Para los bolivianos, es momento de recordar que estamos en la misma crisis que Venezuela, que todo empezó el 21 de febrero de 2016 y que de continuar con la farsa, el desenlace podría ser el mismo.

Para los bolivianos, es momento de recordar que estamos en la misma crisis que Venezuela, que todo empezó el 21 de febrero de 2016 y que de continuar con la farsa, el desenlace podría ser el mismo.

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