El retorno de los ancestros

Reportaje
Revista del Sábado, 01.10.2016
Cristián Ascencio Ojeda
(Tumb Nation)

(Tumb Nation)

Aunque los convenios internacionales recomiendan las repatriaciones de restos humanos y piezas arqueológicas desde los museos extranjeros, el Consejo de Monumentos Nacionales reconoce que el país no está preparado para masificar estos procesos y que no existe un catastro sobre la arqueología chilena que se encuentra en el exterior.
"Los espíritus están inquietos, vagan buscando sus huesos y no los encuentran". Noemí Pakarati, artista y guardadora de tradiciones, solía decir que a la isla le habían robado el mana -la "energía sagrada" del pueblo polinésico- y que esa era la causa de los conflictos de tierras y las peleas entre las familias. Para recuperar esa energía, los moáis y huesos de los ancestros repartidos por el mundo debían regresar.

En 2014, la anciana pascuense se preparó para un viaje con su nieta Mika. No quería morir sin antes reencontrarse con el mana de sus abuelos. Recorrería los edificios europeos en que se encuentran objetos ancestrales, como el Hoa hakanana'ia, una de las piezas principales del Museo Británico de Londres. Este moái, de dos metros y medio de altura, fue extraído desde un centro ceremonial de la isla en 1868. Noemí quería presentarle sus respetos y contar a su nieta la historia del "amigo robado" para que así no pase al olvido. Pero poco antes del viaje, Noemí falleció.

Human figure (moai), called Hoa Hakananai'a (hidden or stolen friend / British Museum

Human figure (moai), called Hoa Hakananai'a (hidden or stolen friend / British Museum

"Hay 45 mil objetos de la isla repartidos por el mundo", explica Leonardo Pakarati, documentalista y sobrino de Noemí. Leonardo inició una campaña para repatriar el Hoa hakanana'ia desde Londres y ya ha reunido más de mil firmas.

En Chile, los rapanuís no son los únicos que reclaman piezas y restos humanos a los museos extranjeros. Comunidades atacameñas también han alzado la voz por momias en España y Estados Unidos. "Deben regresar al lugar de origen, volver a la tierra. No aceptamos que los cuerpos sean exhibidos", dice Wilson Galleguillos, dirigente de la comunidad de Chiu Chiu. Desde ese poblado atacameño cercano a Calama fueron sacados cuatro cuerpos momificados en 1864 por la Comisión del Pacífico, una expedición científica española. Hoy, las momias, entre ellas la de una mujer con su bebé en brazos, están en una sala cerrada al público del Museo Nacional de Antropología de Madrid. Osvaldo Rojas, director del museo de Calama, sostiene que estas piezas "hacen falta para armar el rompecabezas de la historia del pueblo atacameño".

Aunque los convenios internacionales recomiendan las repatriaciones de las piezas arqueológicas, sobre todo en el caso de los restos humanos, los museos siguen oponiendo resistencia, usando como argumentos que esto paralizará las investigaciones o que ya son patrimonio de sus propios países.

La otra gran barrera para las repatriaciones está dentro de Chile. El país no tiene un catastro sobre las piezas arqueológicas de sus pueblos originarios que se encuentran actualmente en el extranjero; y los museos, según reconoce el director nacional de la Dibam, el arqueólogo Ángel Cabeza, tampoco cuentan con la capacidad para masificar repatriaciones. "Tenemos un problema que hay que reconocer", explica Cabeza. "Los museos nacionales y regionales están copados".

Artículo 272 de la subasta: "Un bien formado cráneo humano de Isla de Pascua, el cráneo tiene incisos de pájaros y motivos geométricos, el hueso frontal con un motivo de hoja, los huesos parietales levemente decaídos, mandíbula inferior faltante".

La investigadora Jacinta Arthur explica que según la tradición Rapa Nui, cuando un cráneo tiene tallados es porque perteneció a alguien de alto rango social. "Las incisiones no aplicaban al común de la gente. Algunas personas en la isla dicen que se trataba de reyes o jefes. El cráneo que queremos recuperar desde Nueva Zelandia tiene esos tallados".

Arthur es parte del Programa de Repatriación Haka Hoki Mai Te Mana Tupuna ("Devuélvannos el poder de nuestros ancestros"), una organización no gubernamental formada en Rapa Nui cuyo objetivo es que los museos de todo el mundo devuelvan algunas de las miles de piezas que han sido extraídas de la isla desde la llegada de los primeros europeos, en 1722.

El primer ivi tupuna (hueso de ancestro) que intentan repatriar es un cráneo, que actualmente se encuentra en el Museo de Canterbury en Christchurch, Nueva Zelandia. Tarita Alarcón Rapu, consejera regional, antropóloga y miembro de la ONG, dice que los neozelandeses tienen un deber moral en este caso, ya que ese país cuenta con un programa de repatriación de arqueología maorí que fue extraída de Nueva Zelandia en circunstancias muy similares a las de Isla de Pascua. "El problema es que cuando la pieza llegue a Chile, pasa a ser propiedad del Estado. Por eso el museo neozelandés quiere que antes se firme un compromiso que asegure que el cráneo será devuelto a la comunidad", dice Alarcón.

Entre 1862 y 1866, la expedición científica española Comisión del Pacífico sacó más de 80 mil objetos de las culturas americanas para llevarlos a los museos españoles. Entre ellos se encuentran 37 momias y su ajuar funerario procedentes de Perú y el poblado de Chiu Chiu, ubicado 30 kilómetros al este de Calama.

En el libro Breve descripción de los viajes hechos en América, escrito por un miembro de la comisión, el doctor Manuel de Almagro, sobre su paso por Chiu Chiu, relata: "Practicó (Almagro) allí muchas excavaciones, de las cuales tuvo el placer de sacar numerosas momias, que con mucho trabajo han podido ser conducidas a Madrid".

Algunas de las momias se expusieron en el Museo Nacional de Antropología de Madrid hasta mediados de la década de 1970, cuando se retiraron de las vitrinas. Uno de estos cuerpos es el de una mujer en cuclillas con su bebé en brazos.

En 2012, cuando la revista científica española Materia publicó un artículo en que se explicaba que la investigación de las momias estaba paralizada por la crisis económica, los dirigentes atacameños manifestaron que los restos debían volver a su territorio para ser enterrados, aunque no se realizaron las solicitudes formales.

Patricia Alonso, conservadora de la colección de América del museo, explica que la investigación sigue paralizada por falta de financiamiento, pero si llegara a reactivarse consultarían "al pueblo atacameño sobre si es posible o no realizarla".

Sobre una posible devolución, Alonso dice que en el caso de producirse una repatriación, "la decisión no la tomaría el personal del museo, aunque nos solicitarían un informe al respecto. Consideramos que las repatriaciones de restos humanos hacia las comunidades de origen deben estudiarse caso por caso".

Wilson Galleguillos, dirigente de Chiu Chiu, recalca que la aspiración de la comunidad es que estos cuerpos "vuelvan a la tierra" de la que fueron extraídos. "Así se hizo cuando rescatamos las momias desde Washington", agrega.

En 2007, por iniciativa del Museo del Indígena Americano de Washington DC, se devolvieron momias a la comunidad de Chiu Chiu, como parte de una política de repatriación en la que esa institución es pionera.

Carlos Aguilar, dirigente de la comunidad Lickan Antay, dice que las excavaciones descontroladas han dejado una herida en el territorio que perdura hasta hoy. "La profanación de las tumbas generó una distancia, por ejemplo, entre quienes eran cercanos al cura (Gustavo) Le Paige y quienes lo criticaban por esto".

El sacerdote jesuita fue uno de los mayores estudiosos de los pueblos atacameños, pero a la vez, su trabajo es criticado por quienes sostienen que no tuvo respeto por las culturas locales en sus excavaciones. El museo de San Pedro de Atacama, hoy en reconstrucción, lleva su nombre.

Osvaldo Rojas, fundador de los museos de Calama y Lasana, también apela a que los cuerpos y piezas arqueológicas vuelvan al territorio, pero para ser estudiados. "Su destino final debería ser decidido por comités científicos, porque son patrimonio de la humanidad".

Leonardo Pakarati realizó el documental Te kuhane o te tupuna ("El espíritu de los ancestros"),  en el que su tía Noemí Pakarati clama por el retorno de los objetos que guardan el mana de la isla. Mientras realizaban las grabaciones y preparaban un viaje a Europa, en que Noemí y su sobrina Mika recorrerían museos que guardan artículos y restos humanos rapanuís, la mujer murió. "Quería reencontrarse con estos objetos que están al otro lado del mundo, guardados a temperatura fría, donde nadie los ve", dice el sobrino.

Leonardo decidió continuar con el proyecto y visitó el Museo Británico de Londres y el Quai Branly, en París. Ahí entrevistó a los cuidadores de las piezas de Rapa Nui. "No sienten culpa alguna. Al contrario, me explicaron en varias oportunidades que estos objetos pasaron a ser parte de su patrimonio nacional".

El documental tiene como uno de sus actores principales al moái Hoa hakanana'ia ("rompedor de olas", en rapanuí, más conocido como "el amigo robado"). "En esa época ya solo quedaban 110 pascuenses, porque la mayoría de la población de la isla había muerto de enfermedades transmitidas por occidentales o habían sido esclavizados", cuenta Pakarati.

Te kuhane o te tupuna se estrenó en Berlín, Alemania, en medio del congreso de la Easter Island Foundation. El director asegura que quiso hacerlo ahí porque en el museo que acogió el encuentro no lo quisieron recibir durante la grabación del documental. "Para mi sorpresa, varios de los asistentes espontáneamente nos pidieron firmar una solicitud para que el Hoa hakanana'ia sea devuelto a Rapa Nui".

Después de esa experiencia, cada vez que el documental se presenta en un festival, se juntan firmas para una solicitud de repatriación del moái. "Queremos reunir un número importante de firmas de todo el mundo para llevarlas a la autoridad de turno y pedir la repatriación. Ya llevamos más de mil, y todos los días nos llegan entre 10 y 15 consultas por mail de gente que quiere saber dónde puede unirse a la solicitud".

"Debemos ser francos, no hemos estado a la altura del partido", dice Gastón Fernández cuando se le pregunta por el proceso de repatriación del "hombre de cobre", un cuerpo momificado prehispánico encontrado en Chuquicamata a fines del siglo XIX y que hoy se exhibe en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

Fernández, consejero del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) y exfiscal del Ministerio de Minería, fue uno de los impulsores de la idea de recuperar esta pieza arqueológica. En 2008 se hicieron las primeras gestiones y aunque las autoridades del Consejo han manifestado que la institución estadounidense está dispuesta a una repatriación, esta se ha visto interrumpida por la falta de un lugar que cumpla las condiciones adecuadas en Chile.

"Este hombre estaba extrayendo mineral de cobre en Chuquicamata y un derrumbe lo atrapó. Murió asfixiado y con las herramientas en la mano. Es un ícono de la actividad minera en un país que no sería el mismo sin el cobre", dice Fernández.

Después de ser descubierto en Chuquicamata, el hombre de cobre fue exhibido en Valparaíso y luego vendido a la sociedad Torres y Tornero, que lo expuso en Búfalo, Estados Unidos. Los dueños de la momia se vieron obligados a venderla para saldar deudas y en 1905, el banquero J.P. Morgan regaló la osamenta al Museo de Historia Natural de Nueva York, donde se le han efectuado diversos estudios. Uno publicado en 2005, que utilizó escáner, rayos X y muestras de ADN, concluye que el hombre de cobre era un inmigrante del sur del Perú.

El director de la Dirección de Archivos y Museos, y vicepresidente del Consejo de Monumentos Nacionales, Ángel Cabeza, reconoce que las conversaciones para la repatriación del hombre de cobre están paralizadas, hasta que Chile cuente con un museo adecuado donde conservar los restos. "Estamos en conversaciones con Codelco para tener en Calama un gran museo de la minería del cobre. Nosotros hemos suspendido esas tratativas con el museo de Nueva York hasta tener concretado este museo", dice Cabeza, quien agrega que si se logra la devolución, hay que discutir si la pieza se mostrará al público o no. "Hay una política nacional e internacional de no mostrar restos humanos", dice.

Aunque en el caso de este cuerpo no ha existido un debate sobre si debe también ser sepultado, en otros procesos de repatriaciones de restos humanos la posibilidad del entierro es un tema frecuente.

"Puede que existan situaciones particulares en que algunos de estos cuerpos puedan ser reenterrados, pero hay que verlo caso a caso", explica el director de la Dibam.

La doctora en estudios culturales Jacinta Arthur dice que este punto pasa por un tema de derechos humanos: "Es increíble la diferencia de trato que se les ha dado a cementerios blancos y cementerios indígenas. Como dijo el abogado nativoamericano Walter Echo Hawk, mientras se discutía la ley de repatriación en el Congreso de Estados Unidos: 'Profana la tumba de un blanco y acabarás en prisión, pero profana una tumba indígena y te darán un doctorado'".

En el caso del cráneo que buscan repatriar desde Rapa Nui, la ONG Haka Hoki Mai Te Mana Tupuna quiere someter la decisión a una votación. "La decisión sobre si se reentierran o se conservan en un museo debe venir de la comunidad", dice Arthur, confiada en que este ivi tupuna será la primera de muchas piezas que regresarán a la isla. De hecho, ya está en conversaciones preliminares con un museo estadounidense para la devolución de otros tres cráneos tallados.

La investigadora explica que decidieron empezar sus esfuerzos con museos de Nueva Zelandia y Estados Unidos, porque en ambos países existen programas de repatriación.

En el caso de Nueva Zelandia, hay un esfuerzo estatal para recuperar restos y piezas maoríes que se encuentran en el extranjero. "El gobierno de Nueva Zelandia ha desarrollado el programa de repatriación Aotearoa Karanga, que proporciona una plataforma para el apoyo a la repatriación de restos óseos maoríes y morioris desde instituciones internacionales, para retornarlos a sus iwi (tribus) de origen", explican desde la Embajada neozelandesa en Chile.

Desde esa misma representación diplomática aseguran que su gobierno entiende "la importancia de este asunto (repatriación del cráneo tallado) para el pueblo rapanuí, por lo que estamos estudiando la forma en que podríamos ayudar en este proceso".

Pero Jacinta Arthur sostiene que la buena disposición de estados como el neozelandés topa con la institucionalidad chilena, que declara que cualquier objeto repatriado pasa a ser propiedad estatal, incluso los restos de ancestros: "Hay una visión bien legalista, pero paradójicamente están contraviniendo convenios internacionales, como la declaración de derechos indígenas de la ONU".

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