En la isla y Chile continental: El renacimiento del tatuaje rapanuí

Reportaje
El Mercurio, 02.07.2016
Elisa Montesinos

Todos tienen algún tatuaje en Isla de Pascua, varios se lo hicieron ellos mismos o con algún amigo; a muchos, el primero se los hizo Mokomae, un rapanuí que estuvo cinco años tatuando gratis para aprender y darse a conocer. Hoy es parte de un movimiento que ha traído de vuelta este arte a la isla, tradición que se perdió por casi un siglo y que tiene a muy pocos cultores.

Antiguamente los tatuajes se hacían con agujas de hueso y peinetas confeccionadas con espinas de pescado; para el color se usaban tintas elaboradas con hojas quemadas y caña de azúcar. En el libro "La tierra de Hotu Mat'ua", el sacerdote alemán Sebastián Englert, quien llega a la isla en 1935 y junto con su labor religiosa comienza a hacer labores de investigación más propias de la antropología y la arqueología, describe que algunas de estas agujas fueron encontradas en cuevas habitadas en el pasado. En la actualidad el museo de la ciudad lleva su nombre. En el libro describía los motivos que los antiguos rapanuís se tatuaban y que los habitantes de aquel entonces aún recordaban, y escribió que "hoy en día ya no queda ningún tatuaje en la isla". Esto no coincide con la impresión de los navegantes que comienzan a llegar a la isla desde el siglo XVIII. Los dibujos de los artistas que venían en las distintas expediciones dejan testimonio de que los tatuajes eran comunes en hombres y mujeres. Los moáis también están tatuados, lo que indica que era un costumbre extendida.

Según explica la historiadora Ana María Arredondo, autora del libro "Takona Tatu", el tatuaje establecía el rol que la persona ocupaba en la sociedad y se realizaban entre los 8 y los 20 años. Posteriormente comenzó a dejar testimonio de hechos significativos en la vida de las personas. La práctica se abandona con la llegada de los misioneros católicos a partir de 1864. "Debemos considerar que los misioneros no se establecieron por mucho tiempo. Por lo tanto, es posible que la práctica continuara en los períodos en que la isla estuvo sin la acción de la Iglesia. Este momento coincide con la llegada de una nueva colonización desde Tahiti y Chile, y muchas de las manifestaciones culturales propias se dejan de practicar para abrirse a la influencia externa", dice desde Rapa Nui, donde reside.

"Cuando llegué a la isla, hace 40 años, algunas personas aún hablaban de las últimas mujeres que habían muerto con tatuajes tradicionales, las cuales habían nacido con anterioridad a la llegada de los misioneros católicos -relata la autora del libro sobre tatuaje rapanuí publicado por Rapa Nui Press en 2004 y que ya va en su quinta edición-. Había memoria en los más viejos. Esto me motivó a investigar más sobre el tema. Por años recogí mucho material, comenzando con la revisión de todo lo escrito a partir de los siglos XVIII, XIX y principios del XX y recopilación de la información oral de los ancianos de la época".

Dibujos del demonio

El contacto con la Polinesia ha ayudado a recuperar parte de las tradiciones perdidas, como el caso del tatuaje. Muchos jóvenes volvían de otras islas con estos conocimientos. Es el caso de Petero Huke, artista plástico y escultor, el profesor de Arte de la aldea educativa Hona'a o te Mana; tiene los brazos llenos de tatuajes con diseños creados por él, dice que aprendió a tatuar usándose a sí mismo como borrador. Hombres de la generación de Huke, que bordea los 60 años, aprendieron ellos mismos uniendo varias agujas de coser con una máquina de afeitar eléctrica o simplemente se tatuaban con agujas corrientes. La generación que vino después es la que ha profesionalizado el arte de tatuar y han debido recurrir a los petroglifos. Mokomae Araki es uno de ellos, además se dedica a la danza tradicional. Para él, el tatuaje siempre ha sido como el carné de identidad de los rapanuís, y agrega que antiguamente por un tatuaje uno podía determinar la tribu de la persona, de qué familia provenía y hasta de qué sector de la isla venía. Comenzó a comienzos de los años 90. Su primo Andrés Pakarati, a quien todos conocían como "Panda" y que vivía en el continente, le enseñó a los 17 años cómo hacer su propia máquina para tatuar; fue con un motor de radio, agujas y un lápiz. Hoy Mokomae tiene su propia tienda de tatuajes en la calle principal de Hanga Roa y constantemente viaja al "conti" a tatuar. "Yo antes era militar, casi toda mi familia son militares", relata con la máquina de tatuar como sonido de fondo; ha venido a Santiago a trabajar. Recuerda casi todos los tatuajes que ha hecho y que también tatuó a Petero Huke. Ambos fueron a la Convención de Tatuaje en la Polinesia. "Y a él le encantaron los tatuajes también, así que le regalé una máquina y él me regaló una concha para tocar para mis bailes. Y él se empezó a tatuar".

"Por la culpa del cristianismo fue que se perdió un poco la cultura rapanuí, porque no dejaban hablar, no dejaban tatuar, no dejaban ponerse nombres. Mi nombre antiguo era Luis Andrés Hormazábal Araki; los curas decían que nuestros nombres eran del demonio. Ahora las personas se están cambiando los nombres. El mío es un nombre tradicional", relata el artista. Para él fue fundamental cuando dos años después de enseñarle a hacer la máquina de tatuar, Panda regresó a la isla junto a la tatuadora y antropóloga estadounidense Tricia Allen, especializada en la Polinesia. Ella lo tatuó y posteriormente lo invitó a la convención de tatuaje, donde se le abrió un mundo y descubrió nuevos conocimientos, incluso aprendió la forma tradicional de tatuar que solo aplica con gente de su isla. "Es como una peineta y golpeái nomás con un palito; no es lo que prefiere la mayoría, de cobardes nomás", dice. Ha tatuado en cabeza, orejas, cara. "En todos lados, hasta ahí, pero de mujer, de hombre jamás", dice riendo.

El contacto con la Polinesia ha ayudado a recuperar parte de las tradiciones perdidas, como el caso del tatuaje. Este siempre ha sido como el carné de identidad de los rapanuís, y antiguamente por un tatuaje se podía determinar la tribu de la persona, de qué familia provenía y hasta de qué sector de la isla venía.

No hay comentarios

Agregar comentario