Estatuto especial para Isla de Pascua

Editorial
El Mercurio, 19.11.2015

Persisten los desencuentros por la demora en acordar un nuevo estatuto para Isla de Pascua. Han dificultado el diálogo los actos de fuerza de sectores de la población local, y debilitado la representatividad de las autoridades pascuenses las inaceptables presiones de una minoría que acude a los foros internacionales y persigue la intervención extranjera, incluso de Bolivia, a través de su cónsul, en asuntos soberanos. Muy probablemente, la escasa importancia electoral ha restado interés de las autoridades por responder a las necesidades de la isla. Es lo que ocurre en las zonas extremas del país.

El alcalde ha reclamado reiteradamente el inmovilismo y la indiferencia de sucesivos gobiernos para resolver las demandas de mayor autonomía administrativa de la isla y para poner término a su absurda y obstaculizadora dependencia de la V Región. Continúa siendo una disposición programática la norma constitucional, aprobada hace ya tres años, que permite legislar como territorios especiales los correspondientes a Isla de Pascua y al Archipiélago de Juan Fernández.

Este territorio, excepcional por su distante conectividad, frágil sustentabilidad, patrimonio arqueológico invaluable, enorme potencial turístico, extensa proyección marítima y por sus valores culturales reconocidos universalmente, merece un trato especial mediante una genuina participación local en su administración y planes de desarrollo. La burocracia continental, ajena a la idiosincrasia y a los singulares requerimientos locales, suele entorpecer el progreso y dificultar la preservación de los recursos culturales y la gestión y asignación de los recursos materiales. Difícil de comprender es la administración territorial de Conaf, que perfectamente podría asumir una corporación local, representativa y dirigida por la comunidad residente.

A la vez, la remota insularidad requiere una relación directa, descentralizada, sin la redundante intermediación de las autoridades regionales de Valparaíso, con el Poder Ejecutivo, los ministerios y los servicios del Estado. Acorde con lo anterior, se le debería reconocer la categoría de Región.

Isla de Pascua recibe aportes presupuestarios y servicios educacionales y de salud muy superiores a los de otras comunas del país. Asimismo, cuenta con exenciones tributarias totales y únicas, ausentes y requeridas en zonas extremas de gran importancia geopolítica como son Arica, Parinacota y localidades aisladas de la zona austral. A la vez, su etnia ha merecido el continuo y debido respeto de todos los gobiernos.

Todo lo anterior no basta: debe ir acompañado de una efectiva autonomía, sujeta a no afectar la soberanía nacional, el carácter unitario de la República, la vigencia del Estado de Derecho y la debida fiscalización de los aportes estatales.

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