Impulsar la Alianza del Pacífico

Editorial
El Mercurio, 11.07.2019
  • La renovación es indispensable para no caer en el empantanamiento, la retórica y el fracaso de sucesivos y costosos intentos burocráticos anteriores de integración latinoamericana

Aprovechar, profundizar y ampliar la Alianza del Pacífico es una tarea compartida por Chile, Colombia, México y Perú en la reciente Cumbre de Lima, celebrada a fines de la semana pasada. La renovación es indispensable para no caer en el empantanamiento, la retórica y el fracaso de sucesivos y costosos intentos burocráticos anteriores de integración latinoamericana. Debido al proteccionismo, las ideologías y la inoperancia han quedado solo las siglas del Pacto Andino, el Alba, Alalc, Unasur y tantos otros programas institucionales fallidos, concebidos para el intercambio y cooperación regional, pero finalmente irrelevantes para las legítimas oportunidades de bienestar de sus pueblos y como actores en la comunidad internacional.

Permiten revitalizar a la Alianza los acuerdos alcanzados en la Cumbre de Lima; la modernización de su agenda; el inicio del proceso de incorporación de Ecuador; el sostenido interés de los 55 países observadores, y la presidencia pro tempore asumida por el Presidente Piñera, con su experiencia en el cargo, compromiso y condición de fundador, ocho años atrás.

Globalizar la influencia del pacto es posible con la incorporación de nuevos miembros y asociados, con la participación como observador de APEC y con la mayor convergencia con Mercosur, a raíz de su reciente acuerdo con la Unión Europea.

Sigue pendiente avanzar en la desgravación arancelaria, desde el 92% al 100%. Corresponde agilizar la superación de los obstáculos para establecer efectivamente una zona de libre comercio, sin aranceles, ausente de medidas administrativas restrictivas de la circulación de bienes, servicios y personas. Intensificar el comercio regional favorece los lazos y el crecimiento económico latinoamericano. A la vez, disminuye los gravísimos daños causados por el proteccionismo y, puntualmente, por la guerra comercial entre China y los Estados Unidos.

La incorporación de nuevas temáticas, como las migraciones y la digitalización del comercio y de otras categorías, resulta necesaria y de todo interés. Se trata de materias desafiantes y que requieren de una correcta programación para que progresen en paralelo con otras prioridades fundacionales, y no sean objeto de simples declaraciones y aspiraciones.

Son tareas continuas de los gobiernos las de comprometer el fortalecimiento de la Alianza, independientemente de los ciclos políticos de los países miembros. Les corresponde lograr una efectiva atención de sus cancillerías en los niveles superiores, a fin de desarrollar su variada agenda, que trasciende lo estrictamente comercial. Indispensable es la acogida y el estímulo a la participación de los comités empresariales y organizaciones de la sociedad civil.

Son reconocidos los logros, la importancia y el potencial de la Alianza del Pacífico. Ya no es necesario mencionarlos, hay que aprovecharlos y proyectarlos. La Alianza, como el intento más serio y concreto, debe seguir a la vanguardia de la integración latinoamericana.

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