Isla de Pascua y el síndrome Catalunya

Carta
El Mercurio, 07.10.2017
Kenneth Pugh Olavarría

El síndrome Catalunya ha dado la excusa perfecta a las autoridades locales de Isla de Pascua para pronunciarse con fuerza, de tal forma que su voz sea oída desde el medio del Pacífico.

Razón tienen quienes viven en la isla en medio del Pacífico, el lugar más remoto del mundo por las distancias a los centros poblados más cercanos. Por algo ellos mismos, en la riqueza de su cultura milenaria, se nombran como el ombligo del mundo.

Su aislamiento es real y demanda de un esfuerzo especial del Estado, que muchas veces las autoridades de los gobiernos de turno no saben entender o interpretar. Basta haber vivido incomunicado en una isla para saberlo. En lo personal, viví cinco años de mi vida en islas remotas y comprendo perfectamente lo que los pascuenses sienten.

Ellos demandan como chilenos que los servicios básicos que se disfrutan en el continente estén asegurados en la isla. Algo tan sencillo como disponer de un cilindro de gas para calentar su comida, o el retiro de basura de la isla que llega desde el continente, el acceso expedito a internet o los urgentes problemas de equipamiento y especialistas de salud que no han sido satisfechos.

Esto nos comprueba, una vez más, el fracaso de un gobierno regional dirigido desde Santiago, donde los ministerios no son capaces de integrar sus soluciones para apoyar a los territorios.

Antes de sentarse a dialogar el grado de autonomía a alcanzar se deben solucionar, primero, los problemas básicos que todo chileno tiene resuelto en el continente. La soberanía no está en discusión. Es la calidad de vida insular el problema a solucionar y eso requiere de medidas concretas y métricas que permitan determinar que efectivamente estamos navegando en el rumbo correcto.

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