La señora K y las redes

Columna
El Líbero, 23.05.2019
Jorge Martínez, académico (PUC)
  • La arrogancia exhibida por la Señora K mientras se le leían los gravísimos cargos, muestra su seguridad de que, muy probablemente, no pasará nada. (…) Pero lo que ella no prevé, lo que podría terminar de una vez por todas con este modo ominoso de entender la política, posiblemente sean las redes que, a la manera en que lo hacían los gladiadores romanos, los argentinos terminen arrojándole para inmovilizarla.

Hace un tiempo circulaba un chiste muy ingenioso por las redes sociales: Instagram te hace creer que eres fotógrafo, Twitter que eres sabio y Facebook que tienes amigos. Uno podría agregar que WhatsApp te hace creer que no hay nada insignificante, que todo importa, más incluso que tener el volante de tu auto bien sujeto con las dos manos y la vista atenta al semáforo. Días pasados, un viejo zorro de la política chilena, mostraba su asombro por el poder de las redes, y si bien no lo dijo explícitamente, dejó entender que quien las domine, podría dominar la política.

La señora K, que en estos días enfrenta un juicio por la descomunal corrupción de su gobierno, descubrió en su momento la importancia de las redes, o por lo menos alguien de su entorno parece habérselo hecho entender. Lo más sencillo para ella era Twitter; allí no se veía obligada a compartir espacios con nadie.

No obstante, su manejo de ese recurso fue de una torpeza épica. Expresar una idea en 140 caracteres era una imposición que ella no aceptaría bajo ningún punto de vista, y entonces, los argentinos padecimos verdaderas cataratas de tuits en las que los mensajes estaban cortados en mitad de una palabra para continuar en otro más abajo. La infracción a la norma -infringir las normas no es un problema para ella- de los 140 caracteres era algo muy sencillo: como no hay límites para el número de tuits, pues bien, se trataría de enviar tantos tuits como fuesen necesarios para decir lo que ella consideraba debía decirse.

Esta práctica alcanzó cierto paroxismo hacia el final de su mandato, obviamente para denostar a quien terminara derrotando a su candidato en las elecciones presidenciales. Después de eso, vino la calma en las redes. Es que, digámoslo: las redes no son el fuerte de la Señora K. Lo de ella es el estruendo de los bombos, las masas enardecidas, los estadios de fútbol llenos de secuaces, los discursos amenazantes, la explotación de una emotividad demagógica de baja estofa, los choripanes, en fin, toda una estética política retrógrada, vulgar y despiadada. En suma, ella, alguien poseedora de una fortuna probablemente superior a la del propio presidente Macri, necesita de la adulación de un pueblo al que en el fondo de su corazón desprecia. No, las redes sociales le quedan demasiado lejos.

No obstante, haría bien en ser más cuidadosa con su apreciación acerca del poder de las redes. La semana pasada, una chicana jurídica urdida por la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación, filokirchnerista en su mayoría, buscó aplazar el inicio del juicio que se inició ayer, con la excusa de que debía revisar algunas solicitudes de la defensa. Esto implicaba que el grueso expediente de más de 50.000 fojas saliera de los tribunales de Comodoro Py, donde ella es juzgada, rumbo a la Corte Suprema, y con eso dejaba sin documentación a esos tribunales. ¡En la era de la digitalización! Menos de 24 horas después, la Corte devolvió el expediente. ¿Qué había pasado? El ventarrón de las redes sociales se hizo sentir con fuerza en el Olimpo de la Corte. Es cierto que hubo uno que otro cacerolazo, pero fueron las redes las responsables de tronar todo el hartazgo y el cansancio infinito de los argentinos con esta forma degradada y violenta de la política, encarnada por la Señora K.

Es muy probable que la decisión que se tome respecto de su culpabilidad o inocencia en este juicio comenzado ayer, y cuyo final nadie puede prever, no afecte demasiado su extravagante proyecto vicepresidencial. La arrogancia exhibida mientras se le leían los gravísimos cargos, muestra su seguridad de que, muy probablemente, no pasará nada. Por cierto, existen antecedentes que permiten suponerlo, más concretamente lo sucedido con el expresidente Carlos Menem y su bullado caso de contrabando de armas a Ecuador y Croacia, el cual todavía anda trajinando por los tribunales. De modo que, por el lado de una posible condena judicial, la Señora K no debería tener mayores sobresaltos.

Pero lo que ella no prevé, lo que podría terminar de una vez por todas con este modo ominoso de entender la política, posiblemente sean las redes que, a la manera en que lo hacían los gladiadores romanos, los argentinos terminen arrojándole para inmovilizarla.

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