La soberanía no está en cuestión

Carta
El Mercurio, 16.07.2018
Jaime Lagos Erazo, abogado y embajador (r)

Bajo este título, una columna de opinión, el canciller Roberto Ampuero ha descrito con nitidez el dilema casi hamletiano que enfrentan los jueces de La Haya para resolver de manera definitiva el juicio sobre la demanda marítima boliviana.

Es indudable que dichos magistrados deben estar confundidos ante los continuos cambios de postura del gobierno de Morales que ha pasado de reclamar "derechos expectaticios" a argumentar que durante más cien años Chile ofreció, en diversas oportunidades, a Bolivia un acceso soberano al mar, promesas que generan efectos jurídicos. Otras veces ha sugerido negociar mayores facilidades de acceso y ha sido renuente a definir qué entiende por acceso soberano sin afectar la integridad del Tratado de 1904.

En fin, ha ofrecido reanudar negociaciones, pero bajo un lenguaje descalificatorio hacia Chile que excede cualquier norma de convivencia civilizada, sin reparar, por cierto, que este comportamiento agravia a los chilenos que cualquiera que sea su color político defienden con pasión la integridad territorial de su nación.

Por ello, el canciller Ampuero con firmeza ha señalado que en este juicio no está en juego la soberanía del país.

Por lo demás, en su sentencia del 24 de septiembre de 2015 sobre las excepciones preliminares, el tribunal ya dictaminó que incluso "asumiendo que la Corte decidiera que existe esa obligación, no sería tarea de la Corte predeterminar el resultado de cualquier negociación".

Esa posibilidad fue admitida por el abogado español Antonio Remiro Brotons, uno de los principales litigantes que asisten al gobierno boliviano, en una entrevista que concedió al diario La Razón de Bolivia, el 9 de abril de 2015, en el sentido de que en ese caso dicha obligación de negociar "persistirá y vivirá en el tiempo".

Por ello, la opción más factible es que dicho Tribunal busque obligar o exhortar a las partes a continuar negociando un mayor acceso de Bolivia al Pacífico, sin un objetivo predeterminado y sin que este acceso sea soberano.

Evo Morales, luego de este eventual desenlace, indudablemente proseguirá con su show mediático considerándose triunfador. En fin de cuentas, no tiene nada que perder y lo único que busca es perpetuarse en el poder.

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