Ley de Migración en Isla de Pascua: entre la discriminación y el silencio en la cuenta pública

Opinión
El Mostrador, 24.05.2016
Sofía Faúndez Hey, asistente social y CORE de Isla de Pascua

Eran las 07:30 AM en Isla de Pascua y las 09:30 AM en Chile continental, cuando el pasado 21 de mayo  se daba inicio a la cuenta pública de la Presidenta Michelle Bachelet. Rapa nui y chilenos continentales esperábamos ansiosos el momento en que haría referencia a los pueblos originarios y a las propuestas para cada uno. En relación a Isla de Pascua, habían tres temas que debían ser parte del discurso: el primero, la Ley de Control de Residencia; el segundo el Parque Nacional Rapa Nui;  y por último la voluntad de consultar la creación de un área marina protegida.

De todos los temas, sólo fue mencionado el último, en el que espero que se gestione el compromiso anunciado.

Pero quiero detenerme específicamente en el proyecto de ley que regula el ejercicio de los derechos a residir, permanecer y trasladarse hacia y desde el territorio especial de Isla de Pascua, firmado el 30 de abril de 2016 por la Presidenta de la República y los ministros del Interior, de Hacienda, de Desarrollo Social y Medio Ambiente.

Tremenda fue la desilusión al darnos cuenta que, después de una hora y media de discurso, jamás se mencionó o se hizo alguna referencia al respecto, a pesar que el gobierno sabe que es un tema sensible para nuestra comunidad, porque llevamos años tramitando y esperando. ¿Pero qué pasó? ¿Por qué en la cuenta pública no pidió el apoyo al Congreso para  una normativa que se tramita hace años? ¿Se habrán dado cuenta que es una ley poco popular y poco inclusiva con los chilenos residentes de la Isla?

Una ley de control de residencia es absolutamente necesaria por la actual escasez hídrica, el alto cúmulo de basura, la erosión de los sitios arqueológicos, el aumento masivo de automóviles, el mayor consumo de energía eléctrica generada por petróleo, y el aumento en la frecuencia de vuelos, entre otros aspectos. En resumen, una normativa que busca proteger que las actividades que se realizan en Rapa Nui se desarrollen de manera sustentable. Pero lamentablemente la falta de prolijidad en la elaboración de este proyecto de ley y la escasa difusión informativa a nivel local y nacional por parte de nuestras autoridades, amenaza con que se convierta en una ley de discriminación, ya que obligaría a salir de la isla a los chilenos continentales que llevan años viviendo en Rapa Nui, que han formado familias y que han contribuido con su trabajo al desarrollo de nuestra comunidad.  Y mi opinión es que este proyecto confunde y no logra traducir el verdadero deseo por parte de la mayoría de los habitantes de Isla de Pascua, que es velar por la continuidad sustentable del territorio pero jamás incurrir en la expulsión de los chilenos continentales residentes.

La propia Presidenta y sus ministros debieron haber formulado sus reparos al proyecto cuando visitaron la isla, pero evitar el problema omitiéndolo nuevamente, no es la forma correcta de avanzar.

Los únicos que realmente sufren las consecuencias de este silencio, sea cual sea la postura del gobierno, no son quienes viven en Chile Continental, sino los chilenos residentes de la isla, porque cualquier futura manifestación, reclamo o descargos de algunos rapa nui, repercutirá directamente en ellos, porque querámoslo o no, somos un pequeño territorio rodeado de mar, por lo tanto todas las descargas quedan aquí mismo.

En  Isla de Pascua podemos encontrar a numerosos chilenos continentales que llegaron hace cinco, diez,  20, 30, 40 y hasta 50 años, y que corresponden a un grupo importante de la población, que también está de acuerdo con regularizar el tema, porque saben que está llegando mucha gente que no colabora con el desarrollo del territorio.

Claramente, esta ley debe estar dirigida a quienes ingresen y decidan residir hoy en la isla, pero no a aquellos que ya tienen una vida establecida y organizada. El proyecto  menciona que podrán permanecer y residir en el territorio sólo las personas que cumplan con alguna de las calidades habilitantes que allí se señalan. Esas calidades hacen referencia a la actividad económica, relaciones de familia o vínculos laborares.

Por ejemplo, en el artículo 6 del proyecto de ley se menciona que las personas que podrán permanecer por sobre el plazo máximo de 30 días son: “a) Los familiares de las personas pertenecientes al pueblo Rapa Nui, tales como su cónyuge, conviviente civil o conviviente de hecho, los hijos y padres del cónyuge, conviviente civil o de hecho, o respecto de quien medie cuidado personal.

En caso que las personas señaladas en el inciso precedente pierdan la calidad que las habilita para permanecer en el territorio especial, deberán hacer abandono de éste en un plazo de 90 días.

Los trabajadores contratados para desempeñarse en la Isla de Pascua por un empleador que tenga establecimiento en el territorio especial (…) El empleador deberá pagar el billete de pasaje de regreso del trabajador y de su familia hacia el destino que se convenga, cuando se produzca el término de la relación laboral por cualquier causa. Este derecho será irrenunciable para el trabajador (...)”.

Sólo con estos dos puntos, puedo darme cuenta que son muchos los chilenos residentes que tendrán que retornar al continente porque hoy no cumplen con estos “requisitos”. Personas que durante años sí han sido un aporte.

Testimonios hay muchos, como el de una señora de aproximadamente 70 años que vive en la isla desde 1976, tiene nueve hijos nacidos en Rapa Nui y hoy no sabe qué hacer. Si bien comparte los tremendos cambios que ha observado en el pequeño territorio y confirma la falta de esta ley, manifiesta que sus raíces están en este lugar, al igual que las de sus hijos, pero hoy su futuro es incierto, porque de aprobarse el proyecto tal como lo firmó la mandataria tendrá que irse. ¿Vamos a pedirle un contrato de trabajo a esta mujer de 70 años para que pueda permanecer en Isla de Pascua como lo establece una ley que no discrimina entre residentes y la nueva población flotante?.

Otro caso es el de un padre de familia sin vínculo Rapa Nui, que trabaja en el sector del turismo y que busca que el gobierno entienda y acoja la demanda de nuestro pueblo. ¿Paradójico no? Este padre continental, con mujer e hijos continentales, llevan casi 15 años en la isla, cuidan y protegen al parque, y entienden la necesidad de la ley, una ley que hoy les da la espalda. Chilenos continentales residentes… ¿Por qué no llamarlos “chilenos insulares”? ¿Cuántos de ellos nacieron aquí y no se han movido de la isla, y mañana se tendrán que ir?  ¿Cómo hoy podemos decirle a todos los habitantes del pueblo de Rapa Nui que no se sientan inseguros por la ausencia del proyecto de ley en el mensaje presidencial? ¿Qué seguridad se le puede entregar al pueblo?

Mi espíritu se angustia porque la solución siempre ha estado en las manos del gobierno. Sé que el proyecto de ley no contempla toda la realidad de la isla, pero el silencio y la ausencia del Ejecutivo no denota las ganas de seguir trabajando a gran velocidad para mejorarlo y terminar con esta larga espera. Nuevamente dejan a los habitantes de la isla a merced del conflicto.

Recordemos que hace 14 meses, la misma ausencia por parte del Ejecutivo originó una de las peores manifestaciones locales de la última década, después que un movimiento social radical autodenominado “parlamento”, que no alcanzaba a superar el 5% de la población de la isla, mantuvo cautivo al pueblo durante semanas en el sector urbano, impidiendo a los turistas, a la población residente y en un inicio a los propios Rapa Nui, desplazarse libremente por los sectores arqueológicos y  turísticos en un área de 7.2 kilómetros cuadrados. Este episodio se vivió bajo amenazas, maltratos, violencia y discriminación.

Estoy segura que si estas mismas manifestaciones ocurrieran en el centro de Santiago, y no a 3.760 km de distancia, separados por el océano, el Estado habría resuelto el asunto hace rato.

El pueblo Rapa Nui siempre ha reclamado la discriminación y abandono que ha tenido el Estado de Chile con nuestra cultura, pero hoy apelo a ese mismo sentimiento, para que nosotros los rapa nui podamos sentirnos un segundo en los zapatos de los continentales residentes, que no son los responsables del retraso de la ley; por el contrario, hoy son los más afectados por una normativa que no los toma en cuenta, y que hasta el momento tendrían que retornar sin derecho a apelar.

Muchos rapa nui sí creemos en la integración y el respeto; y seguiremos trabajando para eso, ordenando cada cosa en el lugar que corresponde. La urgencia de la ley y la poca paciencia que va quedando por parte del pueblo no nos puede conducir a elaborar una normativa poco inclusiva. Creo que la única solución es que podamos trabajar todas las autoridades de la isla: Consejo de Ancianos, Comisión de Desarrollo, el municipio, la gobernación y Cores, unidos, no por nosotros sino por el bien de nuestro pueblo.

Primero debemos generar instancias participativas e informativas para todos sobre la ley de control de residencia que hoy es de absoluto desconocimiento por parte de nuestra comunidad; sólo así podremos recoger las inquietudes de los chilenos residentes en Isla de Pascua y los rapa nui. Segundo, debemos organizarnos como localidad para atender de manera diligente y respetuosa todos los casos de residentes que el proyecto hoy no considera. Incluso, el gobierno podría aplicar el mismo modelo de cabildos o encuentros locales que se utilizan para recoger las inquietudes y propuestas a la nueva Constitución.

Sólo así le  demostraremos al Congreso que estamos organizados y que el proyecto de ley no tiene ninguna justificación para seguir esperando, porque logramos hacer prevalecer el bien mayor más que el individual.

Algunas personas de la isla se preguntarán ¿Entonces tenemos que hacer nosotros todo el trabajo? Sí, es la única forma expedita que veo hoy para acortar esta espera, utilizando todos los modernos recursos para estar más presentes que nunca en la agenda de prioridad nacional. Porque Isla de Pascua es más que moai, playas y bailes semidesnudos, es una cultura viva de un pueblo que se transforma al igual que toda la humanidad.

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