Lo que pensábamos sobre la isla de Pascua es falso: qué causó de verdad su extinción

Reportaje
El Confidencial, 22.10.2017
Héctor G. Barnes
  • Cada vez son más los datos que echan por tierra la teoría más habitual sobre la desaparición de este pueblo. Las últimas investigaciones se centran en su dieta y en su ADN

En 2005, el antropólogo Jared Diamond publicó 'Colapso', en el que explicaba cómo y por qué habían desaparecido algunas de las civilizaciones más prósperas de la historia del hombre. Uno de los ejemplos utilizados era el de isla de Pascua, cuyos habitantes, los rapanui, prácticamente se extinguieron sin ninguna influencia externa. La teoría defendida por Diamond era la del “ecocidio”: ellos mismos habían sido responsables de su desaparición, un descenso que les condujo incluso hasta el calibanismo.

En apenas unos siglos, los habitantes de la isla de Pascua arrasaron con sus bosques, hicieron que se extinguiesen sus plantas y sus animales, y vieron su compleja sociedad descender al caos y el canibalismo”, escribía el premio Pulitzer por 'Armas, gérmenes y acero'. “¿Estamos a punto de seguir sus pasos?” La tesis del ecocidio, por la cual los rapanui habían sido los principales responsables de su desaparición, pasó a sustituir el misterio insondable de los 'muai' por una historia con moraleja de la que los contaminantes urbanitas de principios del siglo XXI tenían unas cuentas lecciones que aprender.

Esta tesis, popular desde hace mucho tiempo, partía del gran misterio que había acompañado a la civilización del Oceáno Pacífico durante años: ¿cómo habían sido capaces de construir y transportar esos gigantescos moái que se convirtieron en su principal seña de identidad? Durante mucho tiempo se mantuvo que estos tótems habían sido desplazados a través de carros y ruedas que eran construidos con las palmeras que llenaban la isla. Al cortarlos, los rapanui habían desencadenado un letal proceso de destrucción ecológica que redujo sensiblemente el suelo cultivable, provocó malas cosechas e impidió que los habitantes construyesen canoas con las que salir de la isla. Estaban solos y no tenían recursos.

Esta hipótesis de la catástrofe malthusiana fue durante mucho tiempo la más popular, siguiendo la teoría demográfica de Thomas Malthus, que anticipabala extinción de la especie humana si la progresión exponencial de la población iba acompañada por una progresión aritmética en la producción de alimentos. En 2012, no obstante,Terry Hunt de la Universidad de Hawái y Carl Lipo de la de Binghamton revelaron que la estatuas monolíticas se movieron únicamente a través de cuerdas y tracción humana. La teoría más popular empezaba a resquebrajarse.

 

No fueron ellos, fuimos nosotros

No es el único hallazgo de Lipo que ha cambiado nuestras ideas sobre los rapanui, recuerda la investigadora de la Universidad de Bristol Catrine Jarmanen un artículo publicado en 'The Conversation'. Otra investigación había mostrado que los 'mata'a', unas armas de obsidiana, habían sido utilizadas tan solo con fines rituales, y no para combatir en la gran guerra civil que, supuestamente, había culminado en 1680 y que había provocado que cuando los conquistadores llegaron a comienzos del siglo XVIII la población se hubiese reducido de decenas de miles de habitantes a entre 1.500 y 3.000.

La investigadora proporciona una nueva evidencia de que la teoría del ecocidio no va muy bien encaminada, y esta se encuentra relacionada con la nutrición: los habitantes comían sobre todo pescado y tenían un manejo muy superior de las técnicas agrícolas de lo pensado. Además, como expone en un artículo publicado en 'Current Biology', apenas hay rastro del ADN de otras naciones sudamericanas en los restos humanos encontrados en la isla de Pascua que anteceden la llegada de los europeos. Un hallazgo importante en cuanto que pone en tela de juicio la línea temporal aceptada hasta el momento, que aseguraba que eran los visitantes continentales los que habían arrasado con los recursos naturales de la isla antes del siglo XVII.

¿Quiénes fueron los culpables, por lo tanto? La nueva línea de investigación señala claramente a los colonos que llegaron a la pequeña isla desde Europa. Lo hicieron primera vez en 1722, cuando el holandés Jacob Roggeween pisó su suelo por primera vez, y por segunda en 1770, con la expedición española de Felipe González de Ahedo. Durante mucho tiempo, la isla de Pascua se convirtió en un puerto de parada para los marinos que partían hacia Oceanía. Pero fue en el siglo XIX cuando los esclavistas peruanos se cebaron con los rapanui, y en en un plazo muy pequeño de tiempo se llevaron a más de 1.500 isleños. La explotación europea y peruana terminaría a finales de siglo, cuando Chile se hizo con la soberanía del territorio.

“A lo largo del siglo XIX, los saqueos de esclavos se llevaron a casi la mitad de la población nativa”, recuerda Jarman. “En 1877, tan solo quedaban 111”. La investigadora revela que el diezmo de la población no se debe a su propia autodestrucción, sino a “las enfermedades introducidas, la destrucción de su propiedad y la migración forzada a la que fueron sometidos por los comerciantes europeos que los mermaron y llevaron a los que quedaban a un conflicto cada vez mayor. La supuesta guerra civil, de haberse producido, sería más bien una lucha por la supervivencia de los rapanui restantes.

 

¿De dónde vinieron?

Uno de los grandes misterios que rodeaban a los habitantes de la isla, que apenas tiene una superficie de 163,6 kilómetros cuadrados (y actualmentecuenta con 5.025 vecinos) es su verdadero origen. La teoría de que se tratase de algún pueblo precolombino explicaría, en teoría, cómo habían sido capaces de poseer tanto la tecnología como la fuerza de trabajo capaz de movilizar a los 'moai'. Las recientes investigaciones de Jarman o Lipo señalan en otra dirección, y recuerdan que el declive demográfico del pueblo no comenzó antes de 1722.

Como recuerda la autora, no hay ningún dato que defienda la hipótesis de que los rapanui comenzaron a desaparecer antes del siglo XVIII lo que, por lo tanto, niega la posibilidad de que se autodestruyeran.

Los informes etnográficos de principios del siglo XX aportan testimonios orales de una guerra entre grupos competidores de la isla”, recuerda Jarman. “El antropólogo Thor Heyerdahl, conocido por atravesar el Pacífico en un bote tradicional inca, tomó esos informes como pruebas de que hubo una gran guerra civil que culminó en la batalla de 1680, cuando la mayor parte de una de las tribus fue eliminada”. Pero incluso eso está siendo puesto en duda por las últimas investigaciones.

Sorprendentemente, pocos de los restos humanos de la isla muestran evidencias de heridas, tan solo un 2,5%, y la mayoría de ellos estaban curados, lo que significa que los ataques no fueron letales”, recuerda la autora. Todos los testimonios sobre canibalismo, violencia y destrucción son relatos orales que se transmitieron durante generaciones y, como explica Jarman, es muy discutible que “historias del siglo XX puedan ser consideradas una fuente fidedigna para conflictos del siglo XVII”. Hay que olvidarse de los misterios y recordar “las atrocidades históricas” que explican “cómo una sociedad sostenible y sorprendentemente bien adaptada puede ser culpada por su propia desaparición”.

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