Requisitos para ser Senador o Diputado en Chile

Columna
El Líbero, 28.08.2019
Andrés Montero, ingeniero comercial (U.Ch.) y master en RRII (Fletcher School of Law and Diplomacy)
  • Parece prudente que quienes aspiran a altos cargos de elección popular se les exija niveles mínimos de conocimiento que impidan que la mediocridad intelectual empiece a dominar el espectro político y el Poder Legislativo.

Para ser senador se requiere ser ciudadano con derecho a sufragio, tener 35 años cumplidos y haber cursado la enseñanza media. Por su parte, para ser diputado se requiere tener cumplidos los 21 años de edad, ser ciudadano con derecho a voto, haber cursado la enseñanza media y tener residencia en la región a que pertenece el distrito electoral correspondiente. A la luz del desempeño de nuestros parlamentarios y considerando los diversos estudios de opinión que indican que una gran mayoría de los chilenos no están conformes con la efectividad y acuciosidad del trabajo legislativo, parece oportuno analizar los requisitos que exige la ley chilena para ser elegido senador o diputado de la República de Chile.

La reciente presentación de un proyecto de ley, tendiente a reducir la jornada laboral de 45 horas a 40 -en rigor podrían ser 35 horas- presentado por una joven diputada comunista y el apoyo otorgado por un senador y 4 diputados del oficialista RN a dicha propuesta, dejaron al descubierto la precariedad argumentativa de los proponentes y su lejanía abismante del mundo real. Las alabanzas públicas al régimen del dictador Maduro en Venezuela, por parte de un senador que dirige la comisión de relaciones exteriores del Senado y el apoyo otorgado por varios parlamentarios a la tenebrosa dupla argentina que pretende gobernar ese país, nos lleva a reflexionar seriamente acerca de las capacidades y experiencia que deberían tener quienes tienen la misión constitucional de legislar. Aunque no es bueno generalizar, tenemos casos como los de un parlamentario que va al Congreso a cantar, otros van a provocar, no pocos a figurar, otros a cobrar y muchos a pasar desapercibidos.

Los parlamentarios forman parte de comisiones en materias que muchos de ellos no tienen ninguna experiencia específica. Hay otros que salieron elegidos con porcentajes ínfimos de votos y después dirigen comisiones importantes en el parlamento. Materias complejas como salud, educación, finanzas públicas, relaciones exteriores, defensa y otras son integradas por personas a veces ignorantes en la materia. La mayoría de ellos tienen asesores, los cuales son también igual o más ignorantes que ellos mismos. En el Congreso se hacen “amigos”, evitan ir de frente y poco a poco se van acomodando. Las órdenes de partido impiden que las personas den su opinión y la defiendan.

Hasta la fecha, la reelección ha sido una constante en senadores y diputados. Así como en las empresas del Estado se utiliza el sistema de selección vía ADP, también para quienes son directores en representación de las AFP se exigen requisitos, así como a los médicos se les toma un examen y a los jueces se les exige ser abogados, parece prudente que quienes aspiran a altos cargos de elección popular se les exija niveles mínimos de conocimiento que impidan que la mediocridad intelectual empiece a dominar el espectro político y el Poder Legislativo. La normativa actual fue generada en épocas en que la educación era un privilegio de pocos y se pretendía no dejar fuera a quienes quisieran ser “servidores públicos”, a pesar de su poca preparación. Hoy en día las cosas han cambiado y se debería subir el estándar.

También es lógico que ninguna persona debería tener un cargo de senador o diputado si no obtiene un porcentaje de votos mínimo, tal como sucede para ser Presidente de la República. Por ejemplo, para senadores y diputados un 10% de los votos (tema discutible). Aunque en cargos de votación directa, los requisitos de cada país son distintos, en lo referente a empleados del Estado sí existen requisitos importantes, los cuales podrían perfectamente hacerse extensivos a cargos de elección popular. En España, por ejemplo, para optar a cargos públicos se debe participar en proceso de oposiciones o concurso, en el cual, dependiendo del nivel del cargo, el grado de complejidad del examen varía. Las Administraciones están obligadas a elegir a su personal según los principios de igualdad, méritos y capacidad. En el Reino Unido, la selección de empleados públicos debe realizarse sobre la base del principio de mérito en competición abierta. En Francia, los servidores públicos deben superar exigentes pruebas de admisión.

No es aceptable que quienes legislen tengan menos preparación académica o laboral que aquellos que son afectados por esa legislación. No es entendible que un parlamentario “payaso” ocupe tiempo valioso para darse “gustitos” y reírse de un país entero, y de los contribuyentes que le pagan su salario. En Suecia los parlamentarios son ciudadanos comunes, no tienen fuero y no tienen asesores ni beneficios adicionales. Debemos caminar hacia un sistema más exigente, en que ser parlamentario sea un logro difícil de alcanzar, y en el que los ciudadanos se sientan orgullosos de quienes legislan por el bien de su país y en el que se eviten papelones grotescos más propios de países bananeros. Senadores y diputados deben ser personas de alta capacidad, de intachable historial y preocupados de Chile, más que de seguir órdenes de partido o actuar como retroexcavadoras o diques de las propuestas de sus pares o del gobierno de turno. Debemos aspirar a un diálogo de alto nivel, entre personas preparadas y con razones más que con pasiones. La tarea urgente está en generar los cambios que conduzcan a elevar el nivel de requisitos para ser senador o diputado en Chile. No basta con los votos.

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