Tres características de la inseguridad ciudadana en América latina

Columna
Infolatam, 06.10.2016
Rogelio Núñez Castellano, cientista político y periodista español

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La inseguridad ciudadana sigue siendo el gran dolor de cabeza de los países latinoamericanos al margen de que la situación económica sea de bonanza (como entre 2003 y 2013) o de ralentización/crisis como en la actualidad. Se trata de un problema que arrastra la región desde los años 90 y que no han logrado solucionar ni los gobiernos de centroizquierda, ni los de centroderecha ni los del socialismo del siglo XXI.

Varios temas y retos son, en la actual coyuntura, transversales a toda la región. El déficit educativo, en calidad más que en cantidad, es uno de ellos. También la debilidad institucional que provoca que existan Estados ineficaces e ineficientes.

La pobreza y sobre todo la desigualdad es el gran problema social de la región así como la necesidad de que las economías latinoamericanas sean más competitivas y productivas (invirtiendo en capital humano y físico), más innovadoras y más diversificadas.

Otro tema que recorre la región, de Norte a Sur, es el de la inseguridad ciudadana. Se han alternado políticas de mano dura, de mano blanda; se han reformado los cuerpos policiales y se ha echado mano de las FFAA, pero los resultados no han variado significativamente. La inseguridad, y la sensación de inseguridad, sigue siendo muy alta en la región.

Esta inseguridad en América latina posee tres características:

 

1-. La situación es muy heterogénea

Un informe del PNUD señala que si bien en la mayoría de los países de América Latina la pobreza y la desigualdad disminuyeron en 2004-2010, en más de la mitad de los países analizados la tasa de homicidio aumentó. Además, uno de cada tres latinoamericanos señaló que había sido víctima de un delito con violencia en el año 2012.

Latinoamérica está en una media de 23 homicidios cada 100.00 habitantes, lo cual es el doble de África y cinco veces más que en Asia. De todas formas hay países donde la inseguridad, robos y asesinatos es una plaga: en Honduras hay 84 asesinatos cada 100 mil habitantes, en Venezuela 53, en Colombia 31, en Brasil 28 y en México 19. Sin embargo otros países presentan tasas casi europeas, por ejemplo, Chile con 3 cada 100 mil.

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En Centroamérica hay países con altos niveles de seguridad (Panamá o Nicaragua) con otros, los del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) azotados por la violencia.

Y lo mismo ocurre en Sudamérica: la situación en Brasil y Colombia, ahora amenazada por las bandas criminales emergentes (bacrim), contrasta no ya solo con la de Chile sino con la de Ecuador, el segundo país más seguro de la región.

El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la violencia global sitúa en 165.617 los asesinatos en América Latina y el Caribe.

Un 75% de esos homicidios fueron cometidos con armas de fuego, una cifra que alcanza el 90% en Venezuela y el 77% en El Salvador. El 30% de ellos estuvo relacionado con bandas.

La lista de los países más violentos la encabeza Honduras, con una tasa de 103,9, seguido por Venezuela (57,6), Jamaica (45,1), Belice (44,7) y El Salvador (43,9). Entre los más seguros están Chile (4,6), Cuba (5,1), Argentina (6,0) y Costa Rica (8,5).

Como recuerda Luis Esteban Manrique “ello significa que con el 9% de la población mundial, la región registra más del 30% de los homicidios, con 28,5 homicidios por cada 100.000 habitantes, una cifra que cuadruplica la del resto del mundo y duplica la de África (11,2), la segunda región más violenta. La tasa centroamericana es de 34 mientras que la suramericana es de 17.El 17% de los encuestados dice haber sido víctima de un crimen, una cifra constante desde 2004. El 40% confiesa tener miedo de transitar por ciertas zonas de sus ciudades”.

 

2-. Se trata de un problema que atraviesa a la región entera

La inseguridad ciudadana es el principal problema de la región desde que desaparecieron las guerrillas en los años 90. Y en este año 2016 se está manifestando como el dolor de cabeza número uno de diferentes gobiernos.

La prensa mundial quedó conmocionada por el violento asesinato de la ejecutiva española María Villar en México tras un secuestro express. Esto provocó que todos los ojos se posaran en este país como quintaesencia de la inseguridad en Latinoamérica.

Sin embargo, en la mayoría de los países en este mismo mes el tema de la inseguridad está ocupando portadas de periódicos y es la gran preocupación de muchos ciudadanos desde Tijuana a Usuhaia.

De hecho, en Argentina, el gobierno de Mauricio Macri una vez que parece que ha empezado a derrotar a la inflación se ha encontrado con el tema de la inseguridad como principal reclamo ciudadano sobre todo por la violenta ola de crímenes en la provincia de Buenos Aires. El presidente ha enviado a unos 6.200 efectivos de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura.

El analista Carlos Pagni explica en la La Nación que “a comienzos de abril, una encuesta de Poliarquía señalaba la inflación como el problema que más mortificaba a los argentinos. Había desplazado a la inseguridad. Según la misma consultora, en septiembre Mauricio Macri pudo festejar que la inflación comenzó a ser derrotada también en la cabeza de la gente. La menciona como su drama principal el 19% de los consultados. Pero aumentó la percepción de inseguridad, primer inconveniente en el 27% de los casos. En julio estaba en 18%. Y la inflación, en 20 por ciento. Estas mutaciones obligan al Gobierno a cambiar de agenda…La crisis de seguridad del conurbano se agravó porque a la ola del crimen se le sumó en las últimas semanas otra de corrupción policial”.

Perú, un país en el que tradicionalmente la inseguridad no era un tema central, se ha convertido en el principal reclamo de la población.

Mientras que en 2006 la preocupación del electorado estaba vinculada con la economía y el desempleo (61%), en 2016 un 70% de los peruanos considera que es la delincuencia lo que más les afecta, según un sondeo de Ipsos.

El gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski prepara ya las primeras medidas para combatir la inseguridad después de que el Congreso aprobara la petición de facultades legislativas del Ejecutivo.

Las facultades solicitadas por el Ejecutivo tienen como objetivo tomar medidas en seguridad ciudadana, además de para reactivar la economía, agua potable, lucha contra la corrupción y reforma de la estatal Petróleos del Perú (Petroperú).

La inseguridad es mucho más moderada en otros países como Uruguay o Bolivia, pero allí también está siendo en estos momentos un serio problema social y político.

En Uruguay vecinos de varios barrios de Montevideo se movilizaron esta semana en reclamo de mayor seguridad tras el asesinato de un hombre en Carrasco Norte, quien intentó evitar un robo a una amiga. Esto ha provocado que la oposición pase a la ofensiva.

El senador colorado Pedro Bordaberry va a interpelar al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, por los recientes hechos de inseguridad en el país. La propuesta del legislador de la oposición cuenta con el apoyo de los partidos Blanco e Independiente.

El gobierno de Tavaré Vázquez por boca del subsecretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez, ha pedido diferenciar la “percepción de la inseguridad” de “la objetividad de la seguridad”, y pidió no confundir la inseguridad con miedo.

Por su parte, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, ha admitido que Bolivia redujo su índice de criminalidad, aunque no necesariamente la sensación que existe sobre este asunto, y que su Policía es considerada como una de las más rebeldes: “Estadísticamente, Bolivia ha reducido su índice de criminalidad, así lo destaca el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) aunque no la sensación de criminalidad, al extremo que en este momento Bolivia estaría por debajo de Chile en estadística sobre la criminalidad”.

 

3-. La región aún no ha dado con la solución

Los países latinoamericanos han ensayado muchas políticas contra la inseguridad pero más allá de éxitos parciales no se ha encontrado una solución integral. Ejemplo de ello es Guatemala que pasó de la “mano blanda” de Álvaro Colom (2007-2011) a la “mano dura” de Otto Pérez Molina (2011-15) y el problema, aunque más moderado, aún subsiste.

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En realidad, como en otros muchos temas en la región la solución requiere de medidas integrales y dar continuidad en el tiempo a las reformas que se emprendas.

Nathalie Alvarado, Jefa del área de seguridad ciudadana del BID, señala en un artículo en el diario El Comercio de Perú que “durante los últimos 20 años, se han invertido cantidades importantes de recursos financieros, políticos y humanos en reformar a la policía en la región. Sin embargo, muchas de estas reformas han fracasado por falta de apoyo político, de recursos o por resistencias internas al cambio”.

Además, la autora propone en ese mismo artículo cuatro grandes reformas policiales:

a-. Un primer elemento es un apoyo político constante al más alto nivel que pueda construir un consenso ciudadano sobre qué tipo de policía quiere una sociedad.

b-. Un segundo elemento es la mejora del capital humano. Una sociedad tiene que invertir en sus policías para demostrar que son valorados, que nos importa su propia seguridad, sus condiciones laborales y sus carreras.

c-. En tercer lugar, se debe contar con información estadística y análisis criminal de calidad. Estudios rigurosos en Estados Unidos, Reino Unido y nuestros revelan que estrategias de patrullaje enfocado en áreas de alta criminalidad o estrategias basadas en solucionar problemas han logrado reducir determinados delitos.

d-. Es necesario tener efectivos mecanismos de rendición de cuentas sobre el uso de recursos, procedimientos y resultados. Como sabemos, la policía tiene como misión no solo prevenir y controlar la delincuencia. Debe proteger a las personas. Su objetivo central es estar al servicio de la comunidad y, por lo tanto, su labor debería estar sujeta a supervisión.

1 Respuesta

  1. La inseguridad emocional es una sensación de malestar, nerviosismo o temeridad asociado a multitud de contextos, que puede ser desencadenada por la percepción de que uno mismo es vulnerable, o una sensación de vulnerabilidad e inestabilidad que amenaza la propia autoimagen o el yo.[1]​ Esto no debe confundirse con la humildad, que implica reconocer los propios defectos, manteniendo una buena dosis de confianza en sí mismo. La inseguridad conlleva una autodevaluación subjetiva y arbitraria de la propia capacidad de la persona.

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