Venezuela S.O.S.

Columna
El Líbero, 15.07.2017
Víctor Espinosa Loyola, asistente de investigación (FPP)

¿Qué pasaría si grupos extremistas irrumpieran en el Congreso Nacional de Chile para agredir inescrupulosamente a los parlamentarios y trabajadores con petardos, cuchillos, pistolas, piedras, palos y tubos? ¿Se consideraría una práctica democrática o dictatorial?

Precisamente esto fue lo que ocurrió la semana pasada en Venezuela, donde el vicepresidente de la República Bolivariana, Tareck El Aissami, hizo un llamado público “¡A los excluidos por el modelo capitalista y por esta clase política apátrida (oposición) a acudir al Parlamento para refrendar su compromiso con la revolución!” Horas más tarde, un tumulto chavista ingresó a la Asamblea Nacional para agredir con armas a los opositores del régimen de Nicolás Maduro. Todo bajo el credo marxista “¡El pueblo unido jamás será vencido!

Tras 18 años de chavismo, sus dirigentes y partidarios continúan culpando al capitalismo de la emergencia económica en Venezuela, aunque organizaciones internacionales como el Banco Mundial plantean claramente que se debe a las “políticas distorsionadoras” en la economía y a la acción irresponsable del gobierno.

En el Primer y Segundo Plan de Desarrollo Económico —impulsados por Hugo Chávez y, luego, por Nicolás Maduro— se muestra que las políticas del chavismo proponen una refundación de la Nación Venezolana mediante “La Revolución Socialista”. Veamos los datos. La Superintendencia de Precios Justos de Venezuela dice que, en 2003, el Gobierno de Chávez controló el precio para 169 bienes y servicios declarados de primera necesidad, mientras que a 2017 esta cifra se ha elevado a más de mil. Del mismo modo, entre 1999 y 2017 se han expropiado más de 1.500 empresas, de las cuales 500 hoy no producen nada.

El FMI estima que la inflación venezolana será de 1.660% en 2017, llegando a 2.068% para 2018, la más alta del planeta. Sumado a esto, la amalgama de regulaciones para toda iniciativa individual ha contribuido al colapso del sector privado en la oferta de productos básicos, con la consiguiente escasez generalizada que vive actualmente Venezuela. La encuestadora Datanálisis cifra en 80% la escasez de alimentos y en 85% para los medicamentos, mientras que el 80% de los hogares compra alimentos en el mercado negro, pagando hasta 10 veces más que el precio establecido por el Gobierno.

Como podemos apreciar, la profunda crisis que viven los venezolanos es producto de la coacción del Estado en la economía hecha en nombre del socialismo, entendido éste como un sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial y la acción humana en general, tal como afirman Jesús Huerta de Soto y otros economistas. Bajo el socialismo, dice Huerta de Soto, “se pretende FORZAR a que las personas cumplan o persigan, no sus fines particulares, sino que los fines de aquel que le violentan o amenazan con hacerlo”. En consecuencia, el economista plantea que el socialismo es la actividad antihumana y antisocial por excelencia, ya que restringe la libertad de las personas mediante un Estado todopoderoso que nos impone arbitrariedades y prohibiciones que atentan contra la esencia más íntima del individuo: su facultad de pensar y decidir sobre su vida.

¿Podríamos deducir que la pobreza es resultado del socialismo? ¿Qué nos dicen los datos? Proyecciones del Banco Mundial indican que, a raíz de las políticas distorsionadoras implementadas en Venezuela, el desempleo será de 21,4% este 2017 y alcanzará 28% en 2018. Datos del Instituto de Finanzas de Venezuela advierten un aumento del precio de la canasta básica de 424% entre marzo 2016 y marzo 2017, lo que implica que se requieren 21,4 salarios mínimos para adquirirla. No conforme con eso, la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) de este año reveló que “82% de los hogares venezolanos vive en pobreza”.

Si bien el Presidente Hugo Chávez solía decir que la revolución socialista y bolivariana lograría “el mayor bienestar y la suprema felicidad para los venezolanos”, la evidencia teórica, empírica e histórica del socialismo, una vez más, demuestra que su promesa se basaba en mentiras e ignorancia.

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