Chile a la deriva

Columna
La Tercera, 04.11.2020
Cristián Valenzuela

Estamos golpeados, pero el barco sigue navegando y tiene puerto de destino”, afirmó el Presidente Piñera en un entrevista el domingo. Apenas dos días después, un nuevo torpedo golpeó el barco de Piñera bajo la línea de flotación, al concretarse la acusación constitucional y posterior renuncia de Víctor Pérez. A diferencia de lo que cree el Presidente, Chile pareciera seguir a la deriva y no se ve una salida clara a la crisis existente.

Hay que ser justos: a Sebastián Piñera no le ha tocado fácil. Comenzó con las velas desplegadas y un muy buen clima para navegar: las cifras económicas lo acompañaban y la ilusión de los grandes acuerdos se hacía espacio de manera transversal. Pero luego, a partir del estallido de violencia y la enorme tormenta que ha significado el coronavirus, el Presidente debió modificar su planificación inicial y ha tenido que navegar en aguas complejas e inciertas.

Si bien algunas nubes se han disipado -al mejorar el control de la pandemia - y la violencia ha cedido -gracias a la canalización institucional que significó el plebiscito- el agua sigue entrando al bote: los adversarios del Presidente no dejan de atacar al gobierno e, incluso, algunos de sus adherentes buscan arrancar del barco o congelar su compromiso con el gobierno.

En este contexto, las preguntas son evidentes: ¿A qué puerto quiere llegar el Presidente Piñera? ¿Podrá sortear los obstáculos políticos insuperables que le plantean sus adversarios o la quinta columna dentro de su propio gobierno?

En 2017, Sebastián Piñera ganó en forma categórica con un programa que no contemplaba un cambio constitucional, reformas impositivas o varias de las propuestas en que ha terminado cediendo. Hoy, con un 15% de apoyo, la propuesta política ni siquiera concita el apoyo de sus partidarios, menos el de aquellos que busca complacer.

De igual forma, la “colaboración” prometida por sus adversarios tampoco se ha hecho efectiva. Salvo la participación inicial en los acuerdos transversales, la oposición se ha perfilado como una máquina de obstruccionismo a nivel legislativo, comunicacional y político. No solo rechaza todos los proyectos de ley y critica todas las iniciativas de manera mezquina, sino que ha transformado la acusación constitucional y las peticiones de renuncia en un deporte. La última víctima fue el ministro Pérez que, con menos de 100 días en el cargo, fue acusado sin fundamento y sentenciado solo por el hecho de pertenecer al gobierno.

Por todo ello, el otrora acorazado Piñera se ha ido convirtiendo en una canoa que, sin rumbo ni potencia, se aproxima a un inminente naufragio. Sin embargo, aún es tiempo de recuperar el plan de navegación inicial y de lanzar por la borda a todos aquellos que obstruyen o se amotinan. Primero, debe volver a fijar la mirada en los “tiempos mejores” que se prometieron y no seguir la narrativa de los vientos de cambio que se ha impuesto. Segundo, el Presidente debe volver a reunir a la mayoría sólida que lo llevó a La Moneda, prescindiendo de los polizontes que han hecho daño a su propuesta de gobierno.

Parafraseando a Einstein: si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Luego de tres años de gobierno, ¿no será mejor volver a aquello que te permitió ganar, en vez de seguir insistiendo en una estrategia que sólo ha traído problemas?

No hay comentarios

Agregar comentario