El discurso de Biden: De EE.UU. esperen diplomacia y disuasión severa

Columna
AnthenaLab, 30.04.2021
Juan Pablo Toro, director ejecutivo de AthenaLab

Nunca ha sido una buena apuesta apostar contra Estados Unidos”, fue la advertencia que lanzó el presidente Joe Biden en su discurso del miércoles en la noche en el Capitolio, al cumplir 100 días en el poder.

Aunque el centro del mensaje estuvo orientado a promocionar un inmenso plan económico y social para levantar a su país en medio de la pandemia del coronavirus y tras años de una dañina polarización política, también Biden se encargó de delinear cuál será la actitud de su gobierno hacia rivales geopolíticos y países que causan inestabilidad en distintas regiones.

Respecto a China, el presidente de Estados Unidos validó un enfoque competitivo en áreas donde las diferencias sean irreconciliables y cooperativo cuando se presenten coincidencias. “En mi conversación con el presidente Xi (Jinping), le dije que damos la bienvenida a la competencia y que no buscamos conflictos. Pero dejé absolutamente claro que defenderé los intereses estadounidenses en todos los ámbitos”, dijo. Haciendo eco del amplio consenso bipartidista que existe al respecto, el mandatario criticó las “prácticas comerciales injustas” de China, porque afectan la competitividad de las industrias de su país, lo que a la vez se traduce en menos puestos de trabajo. Subsidios a empresas estatales y el robo de tecnologías y propiedad intelectual estadounidenses, fueron los ejemplos de esas prácticas.

También Biden ratificó que Estados Unidos mantendrá una “una fuerte presencia militar en el Indo-Pacífico tal como lo hacemos con la OTAN en Europa, no para iniciar un conflicto, sino para prevenirlo”. En el primer caso, es necesario recordar que la administración de Barack Obama, de la cual Biden fue vicepresidente, inició el pivot al Pacífico, que entre otras cosas incluía instalar el 60% de la flota en la región y firmar acuerdos comerciales.

En los primeros 100 días de este gobierno demócrata, los ejercicios navales combinados y las misiones de defensa de la libertad de navegación prosiguen con fuerza en el Indo-Pacífico. Además, el mandatario se ha reunido en persona con el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, y próximamente lo hará con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, dos grandes socios en la región y que cuentan con bases estadounidenses en sus territorios.

Biden también aclaró que Estados Unidos seguirá llamando la atención sobre las violaciones a los derechos humanos, lo que sin duda continuará creando roces con China por la situación de Hong Kong y Xinjiang o por las amenazas a la democracia taiwanesa.

Donde marcó más diferencias con su antecesor Donald Trump fue cuando se refirió a Rusia, país al cual las agencias de inteligencia estadounidense sindican como responsable de toda clase de ciberataques y campañas de desinformación, incluidas las maniobras de interferencia en las elecciones de 2016 y 2020. “Con respecto a Rusia, le dejé muy claro al presidente (Vladimir) Putin que, si bien no buscamos una escalada, sus acciones tienen consecuencias”. Es un mensaje particularmente relevante, luego de que Moscú acumulara tropas y blindados en la frontera con Ucrania.

Pero, una vez más, Biden mostró la carta de la cooperación en asuntos como el combate al clima o la limitación de armas estratégicas. Al mencionar los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, que a su juicio representan una amenaza para su país y el mundo, prometió que trabajará con país aliados “a través de la diplomacia y la disuasión severa”. Quizás en este punto entregó lo que puede ser una de las mejores definiciones del enfoque de su administración en asuntos mundiales. A la vez, marcó una diferencia respecto a Obama, que no fue partidario de una disuasión severa, como se pudo ver especialmente en las crisis de Siria o Ucrania.

Por supuesto, Biden aprovechó la ocasión para defender su decisión de retirar tropas de Afganistán, un conflicto en el cual Estados Unidos se involucró tras los atentados terroristas de Al Qaeda en Nueva York y Washington el 11 de septiembre en 2001. “La guerra en Afganistán nunca tuvo la intención de ser una empresa multigeneracional de construcción de una nación”, explicó. Sin embargo, advirtió que su país se mantendrá vigilante ante el terrorismo yihadista y también el terrorismo doméstico de corte supremacista.

En materia diplomática, el regreso de Estados Unidos a los organismos internacionales y las renovadas garantías de compromiso a los aliados militares han marcado la agenda de la administración Biden en los primeros 100 días. Todo esto mientras se repuebla el Departamento de Estado y se renuevan los altos mandos militares. Pero todavía no surge una crisis de dimensiones que ponga a prueba la prometida “disuasión severa”, aunque puede haber algunos indicios en la actual situación de Ucrania. Solo sabremos lo que eso significa, y si realmente funciona, cuando se produzca.

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