El efecto AUKUS para Chile: una invitación a pensar estratégicamente

Columna
AthenaLab, 24.09.2021
Juan Pablo Toro V., director ejecutivo de AthenaLab

Como el Indo-Pacífico extendido es la región que escogió Chile para vincularse al mundo, superando distancias y escalas geográficas, todo lo que ahí sucede le afectará directamente, inclusive a veces más de lo que ocurre en la propia Latinoamérica. Eso, mientras el destino mayoritario de nuestras exportaciones sea China y nuestro mayor socio en materia de seguridad sea Estados Unidos, es decir, las dos grandes potencias de la zona que están cada vez más enfrentadas.

Estamos hablando de un sistema marítimo interconectado (comercio, diplomacia, seguridad e infraestructura), donde lo que pasa en una parte afecta a otra. Su tamaño es variable, depende de quién dibuje el mapa, por eso puede llegar hasta las costas americanas. Por su peso económico y demográfico, su estabilidad es clave, puesto que cualquier crisis o conflicto crearía disrupciones a nivel global.

Como sostiene Rory Medcalf, esta megarregión se encuentra hoy en las primeras etapas iniciales de su configuración, en las que habrá muchas combinaciones posibles de naciones, como la del nuevo grupo de Australia, Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS, por su acrónimo en inglés). Debido a que no es apto para la hegemonía de un solo actor, por su extensión, sino para la multipolaridad, de ahí que las alianzas que surjan irán creando el equilibrio de poder que definirá su futuro.

En este sentido, el nacimiento del AUKUS ha sido presentado como un acuerdo tripartito para garantizar un Indo-Pacífico libre y abierto entre países afines que tenían ya un largo historial de cooperación y orígenes culturales comunes. Y aunque este pacto tiene alcances diplomáticos y tecnológicos muy importantes (desde inteligencia artificial hasta desarrollo de drones), lo más importante es que facilita a Australia la adquisición de submarinos de propulsión nuclear, gracias a que Estados Unidos accede a compartirle la tecnología necesaria; tal como hizo ya con el Reino Unido, que a su vez planea emplazar sumergibles en el país oceánico.

¿Por qué importa esto? Sin entrar en tecnicismos, los submarinos de propulsión nuclear tienen un mayor rango de alcance que los convencionales, dado que sus fuentes de energía tienen una perdurabilidad superior; pueden llevar más armas y más potentes, ya que suelen ser más grandes, y pueden operar de forma sigilosa más cerca de las costas de China y sus líneas de suministro. Es decir, Beijing tiene toda la razón para pensar que la jugada la volverá más vulnerable.

Así lo hizo saber un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, quien advirtió que el AUKUS iba a dañar la “paz y la estabilidad regional” e intensificar una “carrera armamentística”, la que —para ser justos— hoy es liderada por los chinos, con la formidable expansión de su marina en un par de décadas.

En el fondo, lo que demuestra esta cadena de hechos desatada por el nacimiento del AUKUS, es que la competencia sistémica solo se va a intensificar en el Indo-Pacífico, reduciendo el margen de maniobra para los países que intenten navegar de forma independiente. Y si bien no estamos ante una nueva Guerra Fría, la situación tiende a parecerse cada vez más a ese período. Donde, por un lado, están las democracias que defienden la libertad de navegación y comparten tecnología, y por el otro, están las potencias autoritarias que tienen enfoques territoriales más cerrados.

Hasta ahora, Chile ha intentado jugar la carta independiente de forma un tanto espontánea; esto es lo único que puede explicar que haya adherido al proyecto chino de infraestructura de la Franja y la Ruta al mismo tiempo que adopta el concepto de “Indo-Pacífico” en un documento oficial (nada menos que la Política de Defensa 2020). Cuando es necesario, pareciera que las autoridades prefieren mirar hacia el lado, con tal de evitar cualquier foco de tensión, o sencillamente no adoptar acciones decididas que irriten a uno u otro.

Así, Chile no bloquea inversiones de empresas públicas chinas en sectores estratégicos de la economía; no se refiere a la situación de los derechos humanos en Hong Kong o Xinjiang, y trabaja de forma permanente con Estados Unidos en ejercicios militares como Rimpac, DESI, Southern Vanguard o Team Work South.

Pero en el nuevo contexto creado por el AUKUS y otros clubes, como el QUAD (Australia, Estados Unidos, India y Japón), es ingenuo pensar que Washington y Beijing no vayan a empezar a exigir más definiciones políticas claras y gestos concretos para que sus esferas de influencia comercial, diplomática y militar empiecen a confluir de una vez por todas, lo que es todo un problema. Cuando países como la misma Australia o Canadá tomaron medidas para frenar proyectos de empresas tecnológicas chinas por razones de seguridad, empezaron a ver casi de inmediato cómo se levantaban barreras a sus exportaciones.

En un antiguo y trascendente libro sobre la interdependencia, Robert Keohane y Joseph Nye desarrollaron los conceptos de sensibilidad y vulnerabilidad. Mientras el primero se refiere al grado que un país puede ser afectado por un acontecimiento externo, el segundo se relaciona con la capacidad de respuesta de un actor para enfrentar y adaptarse al impacto de un acontecimiento externo.

La sensibilidad de Chile es altísima ante lo que ocurra en el Indo-Pacífico, como una eventual crisis o conflicto entre China y Estados Unidos o sus aliados, principalmente por nuestra vinculación comercial con muchos países de la zona. Cualquier confrontación pondría en riesgo las líneas marítimas por donde navegan las materias primas que colocamos en los mercados asiáticos y los productos tecnológicos e industriales que vienen hacia nuestras costas. Recordemos que en un reciente webinar de AthenaLab, el almirante (r) James Stavridis advirtió que Washington y Beijing ya “navegan sobre una piscina de bencina” y cualquier chispa puede desatar una explosión.

Por lo tanto, dada su sensibilidad, Chile tiene que trabajar en identificar y reducir, en la medida de lo posible, las vulnerabilidades de sus intereses nacionales. Dependencias económicas, búsqueda de nuevos socios, aceptación consciente de alianzas, redes tecnológicas, valoración de recursos naturales claves, frentes de acción diplomática. Todo debe entrar.

El AUKUS es, ante todo, una invitación a pensar sobre cómo mejorar nuestra capacidad de respuesta ante las nuevas configuraciones de poder que empiezan a darle forma al Indo-Pacífico. Ideal sería establecer escenarios, donde en un extremo esté la guerra y en otro, la creación de un nuevo statu quo con reglas. Y entremedio, los escenarios más probables, con dinámicas de competencia y cooperación incluidas. Es claro que una estrategia integral de posicionamiento internacional se hace cada día más urgente.

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