El quilombo chileno

Columna
La Tercera, 13.06.2015
Andrés Benitez, economista y rector de la U. Adolfo Ibañez

Llego a Buenos Aires y lo que primero me llama la atención es su impresionante aeropuerto. Claro, viniendo de Chile, cualquier cosa es mejor. Pero la ampliación de Ezeiza es de primer nivel. A la altura de los mejores del mundo. Uno escucha tantas historias de lo mal que está Argentina, pero hay que reconocer que cuando hacen las cosas, las hacen bien.

Me subo al auto que me lleva a la ciudad y bueno, los taxistas argentinos siempre sorprenden. Saben de todo. Son conversadores, locuaces. “¿Cómo anda Chile?”, me pregunta. Le respondo en monosílabos, con un simple “bien”; uno que sólo intenta esquivar el tema. Gran error. “¿Cómo bien?”, me dice sorprendido. “Y la corrupción, el hijo de la Presidenta, los ministros que renuncian, los empresarios presos, la economía se desploma, los estudiantes en las calles. Por favor, ustedes están peor que nosotros. Están para salir de gira”.

Balbuceo algunas respuestas, pero muy pronto me resigno. Tiene razón. Esto es un quilombo por donde se lo mire. La imagen del Chile serio, el mateo del barrio, ya no se la compra nadie. Y fuera de las fronteras esto provoca un cierto placer culpable. Todos estaban un poco chatos de este país que se ponía como ejemplo. Hoy ya no somos el “modelo”; somos uno más entre los escándalos que recorren la región. Imaginen la impresión de los mandatarios extranjeros cuando este semana, en plena gira por Europa, la Presidenta tiene que aceptar la renuncia de uno de sus nuevos ministros por otro affaire de boletas. Esa es la única imagen que queda fuera de las fronteras, por más que Bachelet se cansó de repetir que Chile no es un país corrupto.

Y si los políticos, de todos los colores, no se salvan de ésta, los empresarios tampoco. Ellos tuvieron cierto prestigio fuera de las fronteras. Incluso se dieron el lujo de dar cátedra, diciendo que en otros países, como el mismo Argentina, las cosas eran poco serias, que todo se arreglaba pagando a la mala. Bueno, ahora nos enteramos que en Chile la cosa es igual. Nuestros grandes hombres de negocios no dudaban en comprar políticos para recibir favores a cambio. La mayor fortuna de Chile, los Luksic, aparece como el primero en la lista de los escándalos. Nuestra empresa ícono, Codelco, también reconoce ser una suerte de pagadora de favores políticos, al mejor estilo de Petrobras en Brasil.

Y las señales que damos son malas. Tanto, que en medio de esta crisis de confianza y probidad, este gobierno se da el lujo de tener vacantes dos cargos claves para el control de las malas prácticas: el Contralor y el director de Impuestos Internos. Ningún país serio hace algo así. Es sospechoso por donde se lo mire.

Por fin, me bajo del taxi, pero sin antes recibir la última lección del conductor. “Chileno, decíle a tus compatriotas que si van a dejar embarradas, al menos no sean tan boludos de entregar boletas truchas. Eso es no entender nada de nada. Jugar sucio también tiene sus reglas”. En suma, no sólo quedamos como corruptos; también como boludos. Esto es un quilombo y, es cierto, estamos como para salir de gira.

1 Respuesta

  1. CONDENAR LA VIOLENCIA SIN PEROS

    El estallido social en Chile, superó los límites de la razón. Un estallido social supone una detonación de energías superiores a su capacidad de contención. De ser considerados “los jaguares” y “un oasis” en América Latina, Chile ha terminado en el quilombo aludido en el artículo.

    Se desatan las protestas sociales en Chile, se quema estaciones del metro, buses, universidades, farmacias, supermercados ¿Qué grado de razonabilidad tiene esto? – El pueblo protesta, pero se hace daño a sí mismo.

    Se está convocando a un plebiscito para cambiar la Constitución, donde obviamente la opción “SI” (apruebo) está terminando asociada y estigmatizada por el caos y destrucción provocado por violentistas y azuzada por la ambigüedad de los que debieran rechazarla sin ambages.

    Que duda cabe que, con las marchas pacíficas mal planificadas y la inoperancia de las autoridades llamadas a poner orden, se les está “prestando ropa” a una minoría que saquea, incendia y destruye bienes públicos y privados.

    El análisis (si es que se puede llamar análisis al cálculo político) de los líderes de la opción “SI”, que condenan la violencia, pero siempre con un “pero”, solo transforma en ganadores del quilombo a los extremos ideológicos, cuya percepción de la historia es siempre en blanco y negro.

    Como no traer a colación llamados del fallecido Cardenal Silva Henríquez:
    “La violencia no genera sino violencia”.
    “En una hora dramática para Chile… hemos hablado temerosos de que el rencor y el odio envenenen el alma nacional y hagan muy difícil la reconstrucción por todos anhelada” [Homilía del Señor Cardenal en la Noche de la Resurrección 13 de abril de 1974].

    Porque puede ser tan difícil para muchos líderes “moderados”, entender que la violencia solo puede dar lugar a otros episodios de odios y venganzas.

    Es urgente CONDENAR LA VIOLENCIA SIN PEROS.

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