Francia vista desde el mundo

Columna
Revista Conflits, 04.11.2021
Juan Pablo Toro, director ejecutivo de AthenaLab

Hemos preguntado a los socios internacionales de Conflits cómo ven el lugar de Francia en el mundo y la cooperación con su país.

Chile y Francia, afiliación y múltiples oportunidades

Vista desde Chile, Francia aparece como una gran potencia militar y económica, miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del G7, así como piedra angular del edificio llamado Occidente. Sin embargo, se considera una nación esencialmente europea, lo cual no es erróneo, aunque sí inexacto. A menudo se olvida que también es un país latinoamericano, un país polinésico y, por supuesto, un país antártico. Y creo que en París hay una visión algo similar, en sentido contrario. El carácter tricontinental de Chile no está muy interiorizado y se tiende a considerarnos sólo como sudamericanos. Sobre la base de estas afiliaciones múltiples y comunes, los dos países, que ya comparten una larga historia de cooperación basada en intereses (comercio) y valores (democracia), pueden iniciar una nueva etapa de acercamiento que les lleve a posicionarse mejor en un mundo más competitivo en el que las alianzas son imprescindibles para afrontar los retos globales.

La decisión de Francia de situar el Indo-Pacífico como prioridad estratégica en sus recientes documentos oficiales es muy interesante e importante para Chile, porque ambos países tienen una presencia específica en la Polinesia, con Tahití y Rapa Nui (Isla de Pascua), por ejemplo. Pero, sobre todo, porque una serie de territorios insulares, aparentemente desconectados de las metrópolis, se están convirtiendo en valiosos activos. Ante la escalada de tensiones entre China y Estados Unidos, varios países europeos han decidido reforzar su presencia enviando barcos y reforzando sus relaciones diplomáticas. Sin embargo, en la práctica, sólo Francia tiene una presencia efectiva y permanente en la zona que se ha convertido en el centro de la geopolítica mundial. Esto debería permitir a París recuperar su estatura estratégica con una agenda positiva e independiente.

Tras el fin de las pruebas nucleares en el Pacífico Sur, ahora es mucho más fácil trabajar con los franceses en temas como el control de la pesca, la interdicción de drogas, la mitigación del cambio climático y la respuesta a las catástrofes.

Con capacidades más cercanas que las de algunos estados insulares, Santiago y París ya han puesto en marcha mecanismos para estructurar su cooperación en materia de seguridad a través de un "diálogo estratégico" a nivel de ministerios de defensa y cuarteles generales de las fuerzas armadas.

En el plano operativo, ambos países disponen de los instrumentos de poder nacional necesarios en sus armadas para actuar de forma combinada y superar así la mentalidad continental que tiende a limitar los escenarios de trabajo elegidos por los responsables de París y Santiago. Hoy en día, no sólo navegamos en buques de combate de características similares, sino que la forma de comportarnos y planificar sigue los protocolos de la OTAN. La fragata Prairal es una vieja conocida del puerto de Valparaíso, mientras que varios de nuestros buques han hecho escala en Papeete al ir y venir de sus despliegues en el Indo-Pacífico. Hace diez años, los marineros chilenos participaron con sus homólogos franceses en el ejercicio Marara.

A esto se suma el hecho de que nos acercamos a los mismos socios de la región. Casi simultáneamente y sin coordinación, nuestros países han reforzado sus relaciones con Australia y, en menor medida, con Nueva Zelanda. Esta realidad abre nuevas posibilidades de acción a tres o cuatro bandas.

La proyección de Francia en el Indo-Pacífico, a diferencia de otras, es también notable por su proyección en el Antártico, donde ambos tenemos reivindicaciones territoriales, que afortunadamente no se solapan. Esto refuerza nuestras perspectivas de cooperación en aras del mantenimiento del sistema de tratados antárticos y ante el embate de las potencias que aumentan su presencia en el continente a un ritmo acelerado.

Francia también está presente en América Latina, a través de la Guayana y las islas del Caribe, y por ello está preocupada por la pandemia, que ha sido muy violenta en ese continente. Si bien es cierto que a algunos países les ha ido mejor que a otros, la conmoción económica y la inestabilidad sociopolítica sólo auguran tiempos turbulentos. Todos estos factores pueden agravar el deterioro de la seguridad pública en manos de grupos de narcotraficantes con capacidad transnacional. En este sentido, París tiene una gran experiencia que compartir en materia de policía e inteligencia que podría contribuir a la modernización de las fuerzas del orden locales.

Los retos parecen numerosos, pero en un mundo de recursos limitados, las posibilidades de superarlos con éxito aumentan si Chile y Francia trabajan en áreas donde siempre han estado presentes, sin ser siempre conscientes de ello.

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