Inserción de Chile en la economía mundial

Columna
El Mercurio, 12.11.2021
Rodrigo Yáñez (Subsecretario de REI) y Andrés Rodríguez (Director de InvestChile)

La red de 30 Tratados de Libre Comercio (TLC) de Chile es la más amplia del mundo y es base importante de nuestra competitividad. Nos permite un acceso a 65 economías que representan 88% de la riqueza global (PIB). Esta inserción de Chile en la economía mundial ha sido piedra angular de nuestro crecimiento y estrategia de desarrollo.

Es así como en las últimas tres décadas el intercambio comercial de Chile ha crecido a una tasa promedio anual del 7,3%, pasando de operaciones por US$ 16.115 millones en el año 1990 a los US$ 132.711 millones en el año 2020. Es decir, nuestro intercambio con el mundo se ha multiplicado por ocho en los últimos 30 años. De esta forma, el comercio exterior de Chile en el año 2020 fue equivalente al 60% del PIB del país.

Al ser una economía pequeña, Chile necesita diversificar su oferta exportable de bienes y servicios, así como sus mercados de destino. En este sentido, los tratados nos entregan este acceso preferencial. Por supuesto, estos siempre se pueden mejorar de común acuerdo entre las partes, pero actualizar y profundizar nuestros tratados internacionales no es lo mismo que ponerlos en revisión, lo que generaría incertidumbre respecto de Chile como socio comercial.

A lo largo de estos años la política comercial de Chile ha estado en constante actualización y ha permitido abordar temas nuevos en el comercio global como servicios, pymes, género, medio ambiente, economía digital, entre otros.

A la fecha se han modernizado los Tratados de Libre Comercio entre Chile y Canadá; y entre Chile y China. En proceso de modernización —en negociación— están los TLC con Corea del Sur, con la Unión Europea, con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), así como el Acuerdo de Alcance Parcial con India. A ellos se suma la modernización de los tratados con Uruguay, Brasil, Argentina.

Si bien uno de los componentes fundamentales en los acuerdos comerciales suscritos por nuestro país es la negociación de la reducción de los aranceles aduaneros, las externalidades positivas que se desprenden de los Tratados de Libre Comercio no solo se limitan al exportador directo. Al alero de estas industrias se han desarrollado redes de proveedores de alto nivel y especialización, que han sustentado el éxito de rubros como la minería, la acuicultura, la fruticultura, la banca y la industria farmacológica, por nombrar algunas. Adicionalmente, las redes de proveedores han facilitado la transición de nuestra canasta exportadora hacia una fase intensiva en valor agregado y servicios generadores de innovación.

Pero no solo eso: nuestra red de acuerdos comerciales nos ha convertido en un hub de inversiones en América Latina, al transformar a Chile en una plataforma inmejorable para la instalación de compañías que buscan llegar desde nuestro país al resto de la región y el mundo.

Prueba de ello es que, según cifras de InvestChile, un 65% de las empresas que exportan bienes y un 85% de aquellas que exportan servicios desde el país tienen capitales extranjeros. El impacto de nuestra apertura hacia el mundo, y de la inversión extranjera, es crucial para entender el desarrollo de Chile en las últimas décadas. Hoy, el 40% de la inversión realizada anualmente en el país con fines productivos corresponde a compañías extranjeras. El aporte fiscal de las empresas extranjeras es clave: el 51,4% de la recaudación total de impuestos en Chile corresponde a compañías extranjeras, a pesar de representar solo al 10% de las entidades contribuyentes en el país. También favorecen la generación de puestos de trabajo, ya que generan cerca del 25% de empleos formales de nuestra economía.

Sin duda, nuestra apertura hacia el mundo y el respeto por nuestros acuerdos ha impactado decisivamente en el bienestar de los chilenos y chilenas, al contribuir a que nuestro espíritu emprendedor, nuestro talento y el trabajo de nuestra gente tenga nuevas y mejores oportunidades de negocio en prácticamente todos los continentes, creando empleos y construyendo la imagen de país innovador, moderno y eficiente que hoy tenemos. Cuidar el camino que hemos construido, y mejorarlo para las nuevas generaciones, es fundamental para alcanzar nuestra meta de vivir en un país en el que el desarrollo sustentable, inclusivo y abierto al mundo, beneficie a todos y todas.

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