Intromisión peruana en la política boliviana

Columna
Los Tiempos, 07.07.2017
Julio Carrasco Galván, arquitecto boliviano

En el principio fue la secreta puja, de Argentina por un lado y Perú por el otro, para ganarle a Bolivia la carrera por la conquista del mercado brasileño del gas natural (GN). Argentina contaba en la Patagonia con yacimientos de GN cuya explotación, hasta el día de hoy, es poco factible. Perú ofrecía el campo gasífero de Camisea, en la selva amazónica, que a la postre no resultó ser muy grande y todavía tiene problemas ambientales irresueltos.

Finalmente Bolivia ganó la competencia continental y se comenzó el tendido del gigantesco gasoducto Tarija-Santa Cruz-Sao Paulo, el mayor proyecto binacional en la historia de Sudamérica. Fue una larga pero firme Política de Estado de sucesivos Gobiernos, donde no faltó la contra interna de escribidores neófitos que acuñaron el eslogan de “no a la venta de gas al Brasil”.

Los opositores decían que las reservas bolivianas eran insuficientes para justificar semejante gasoducto y que el imperialismo brasileño terminaría privando a Bolivia del GN indispensable para su propia industrialización. Felizmente las leyes de Privatización y Capitalización captaron grandes inversiones y descubrieron que los campos tarijeños de GN eran tan fabulosos que alcanzaban no sólo para surtir al Brasil, a la Argentina y al consumo nacional, sino que hasta sobraban para exportar LNG (siglas inglesas de Gas Natural Licuado) a ultramar.

Cuando el consorcio Repsol-YPF-BG-PAE descubrió el megacampo gasífero/petrolero de Margarita, en la Provincia O’Connor del Departamento de Tarija, el presidente Banzer dio luz verde para que se busque nuevos mercados y se desarrolle el proyecto Pacific LNG, que consistía en un gasoducto de Tarija hacia Chile, una planta licuefactora y un puerto de aguas profundas para barcos metaneros en caleta Patillos, al sur del aeropuerto de Iquique (territorio que antes era boliviano).

El presidente de Chile, Ricardo Lagos, llegó a ofrecer a Bolivia un enclave con soberanía limitada en Patillos y dice mucho el hecho de que haya sido el único dignatario extranjero que asistió al entierro del General Banzer. Pero el proyecto chileno-boliviano Pacific LNG era mucha dosis y por tanto resucitó anacrónicos rencores del Perú, que desató una sórdida campaña para sabotearlo. Diplomáticos y parlamentarios peruanos se pasearon por varios departamentos de Bolivia, como Pedro por su casa, repartiendo coloridos dibujos que promocionaban las ventajas comparativas de un gasoducto de Tarija hacia el puerto peruano de Ilo (pasando por Potosí, Oruro y La Paz).

Y colorín colorado, en la gestión de “Tuto” Quiroga el proyecto Pacific LNG fue desahuciado. Cuando el presidente Sánchez de Lozada intentó revivirlo, una quinta columna peruanófila le salió al paso con una guerra mediática y la feroz guerra del gas, librada en la ciudad de El Alto, que terminó derrocando a su Gobierno. En las elecciones del año 2005, el candidato cocalero Evo Morales triunfó con el apoyo solapado de infiltrados de nacionalidad peruana, financiados por el Gobierno venezolano, y grupos corporativos non sanctos.

Si hasta la democracia estadounidense fue objeto de un humillante jaqueo por parte del Gobierno ruso, no es de extrañar que Bolivia haya sido vapuleada por los planes geopolíticos del Perú. Lo raro es que ningún dirigente nacional haya notado o denunciado esa flagrante intromisión que logró, entre otros objetivos mezquinos, frustrar un proyecto gasífero continental (de Tarija hacia ultramar) que hubiera consolidado a Bolivia como un hub energético de importancia global.

No hay comentarios

Agregar comentario