José Sorzano: de exiliado a protagonista de la Guerra Fría

Obituario
Diario de Cuba, 16.01.2021
Daniel I. Pedreira, candidato a doctor en Ciencias Políticas (U. Internacional de la Florida)
El cubano José Sorzano, exrepresentante de EEUU ante la ONU, falleció a fines de diciembre. Dedicó su vida a la causa de la libertad y los derechos humanos

Con el reciente deceso del exembajador José S. Sorzano (9 de noviembre de 1940- 29 de diciembre de 2020) se fue uno de los protagonistas más influyentes y a la vez más subestimados de la Guerra Fría. Nacido en La Habana, Sorzano fue testigo de la llegada al poder del comunismo, lo que lo forzó a él y a su familia a exiliarse. Indudablemente, esta experiencia influyó en su carrera y en sus posiciones filosóficas y políticas.

Estudiando su vida, es evidente que Sorzano vivió el sueño americano plenamente. Tras llegar a EEUU en 1961 con cinco dólares en los bolsillos, comenzó a trabajar en una cafetería de Washington, D.C. Fiel a su vocación por la diplomacia, se matriculó en la prestigiosa Escuela de Servicio Extranjero de la Universidad de Georgetown, y pronto encontró empleo como intérprete escolta en el Departamento de Estado. Sus estudios académicos continuaron tras titularse de pregrado en el Servicio Extranjero en 1965. Más tarde, en 1972 y en el mismo campo, obtendría un doctorado.

En 1969 Sorzano se convirtió en profesor asociado de Gobierno en Georgetown, puesto que ocupó hasta 1983. De 1976 a 1979 fungió como director de los Cuerpos de Paz en Colombia, durante una época marcada por la inestabilidad política y la violencia guerrillera.

La elección del presidente Ronald Reagan en 1980 marcó un cambio en el papel de los Estados Unidos en la Guerra Fría, y oficiales públicos como Sorzano jugaron un papel importante en la nueva Administración. En 1981 fue nombrado representante de EEUU ante el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas, ocupando ese puesto hasta 1983.

En aquel entonces, la embajadora Jeane J. Kirkpatrick encabezaba la lucha anticomunista en la ONU. Habiendo sido profesora de Gobierno en Georgetown, Kirkpatrick seleccionó a Sorzano para integrar su equipo. El 20 de mayo de 1983, el presidente Reagan viajó a Miami para reunirse con exiliados cubanos y celebrar el 81 aniversario de la independencia de la Isla. Durante su viaje, considerado de histórico por la comunidad del exilio, el presidente Reagan anunció la nominación de Sorzano como embajador y representante de EEUU ante la ONU, donde sirvió hasta 1985. Y así, el joven exiliado que se ganara el sustento preparando papas fritas, acabó ocupándose de temas de la política exterior de EEUU con diplomáticos extranjeros.

Tras un breve receso, Sorzano volvió a servir hasta el final del gobierno de Reagan como asistente especial del presidente para Asuntos de Seguridad Nacional y director para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional de 1987 a 1988.

Las posiciones y preferencias políticas de Sorzano fueron moldeadas por sus experiencias y su época. Frecuentemente tildado de "doctrinario" y de "línea dura", abogaba por el incremento de la presión a los regímenes comunistas y el fortalecimiento del apoyo a luchadores anticomunistas como los contras en Nicaragua. Mientras que estas posturas representan la visión realista y predominante en la política exterior de EEUU en la época, llegaron a causar enfrentamientos con oficiales más "moderados" dentro de la Administración.

A lo largo de la década de 1980, y gracias a sus diferentes posiciones gubernamentales, Sorzano fue testigo presencial de la caída de la Unión Soviética y del final de la Guerra Fría. Parecía natural que le dedicara el resto de su vida a luchar por el fin de la última reliquia de dicha contienda en el hemisferio occidental: el régimen de los Castro.

Aunque Sorzano estaba orgulloso de ser americano y sirvió a su país con distinción, nunca olvidó sus raíces. Continuó su férrea oposición a la dictadura de La Habana y su apoyo incansable al pueblo cubano en la lucha por los derechos humanos, la democracia y el estado de derecho. De 1985 a 1987, Sorzano presidió la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA). Durante varios años, fue también miembro de la directiva del Comité Cuba Libre, de Of Human Rights y del Centro para Cuba Libre.

Desafortunadamente, no conocí al embajador Sorzano en persona, pero en nuestras comunicaciones electrónicas siempre me guio y ayudó con la gentileza y caballerosidad que lo caracterizaban. El fallecimiento de Sorzano en Arlington, Virginia, al final de un año tan difícil como fue el 2020, pasa otra página en la historia de la política exterior de EEUU durante la Guerra Fría. También ilustra la promesa de América como la tierra de la oportunidad, y la dedicación de toda una vida a los valores fundamentales de la libertad.

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