La alianza estratégica del pacífico sur

Columna
Australian Naval Institute
Richard Kouyoumdjian Inglis, vicepresidente de AthenaLab

Recientemente, la Armada chilena adquirió las fragatas “HMAS Melbourne” y “HMAS “Newcastle”, que fueron rebautizadas como “Capitán Prat” y “Almirante Latorre” y vinieron a reemplazar dos buques clase adquiridos a la Marina Real de los Países Bajos en 2005 y que fueron decomisionados el año pasado en Talcahuano.

Chile adquirió así dos fragatas en muy buen estado y bien equipadas. Esto permitió que la Armada de Chile reemplazará las capacidades antiaéreas proporcionadas por los sistemas de armas basados en el misil SM-1 por el más moderno SM-2. Pero el mayor valor no está necesariamente en los aspectos materiales de la transacción, sino en el hecho de que este es el primer evento de esta naturaleza entre las armadas de Chile y Australia, lo que es un alegre desenlace de años de relación entre la Marina Real Australiana y su contraparte chilena, y que hasta el año pasado estuvo principalmente marcada por las 13 visitas del buque escuela “Esmeralda” a Sydney, la última de ellas en agosto de 2019.

¿Por qué esto es importante? Porque Chile y Australia son dos países del Pacífico Sur con ideas afines que no solo comparten el hecho de que están ubicados en el Hemisferio Sur, sino más importante aún, comparten diversos intereses comunes como su deseo de gozar de un océano Pacífico libre y estable que les permita seguir comerciando con las economías asiáticas. Se trata de un anhelo que es aún más importante en un contexto donde la gran competencia entre potencias pone en duda la estabilidad del Pacífico y por el hecho de que el peso de esto podría estar recayendo sobre los países que necesitan y dependen del comercio con las naciones del Pacífico Occidental.

Dicho esto, nuestros países no solo comparten ideas similares e intereses comunes, sino que también tienen enormes oportunidades frente a ellos que, al mirar el mapa mundial desde otra perspectiva, se vuelven evidentes. Tenemos un tremendo espacio oceánico que va desde Australia en un extremo hasta Chile en el otro. Un espacio oceánico que también compartimos con Nueva Zelanda, las Islas del Pacífico Sur y la polinesia francesa, que limita con la Antártica en el extremo sur. Necesitamos estar organizados antes de que otros decidan que tienen intereses, y que esos intereses también incluyan el continente antártico, uno donde Australia, Nueva Zelanda y Chile tienen reclamaciones legítimas que no se superponen entre sí, como es el caso con otros países.

La relación entre Australia y Chile, que también debería incluir a Nueva Zelanda, se ha ido desarrollando hasta ahora por las armadas, pero necesita ir más allá de lo marítimo y naval. Estos aspectos, que consideran la responsabilidad de búsqueda y rescate en el Pacífico Sur, son en su mayoría compartidos entre Chile y Nueva Zelanda. Hay que seguir avanzando e incluir otros servicios que vayan más allá de los intereses mineros de Australia sobre el cobre chileno. No significa que la relación naval y marítima termine con la transferencia de las fragatas. Esperaría que este hecho sea el comienzo de una relación más profunda, una que sea más que las visitas y la amistad de los almirantes que comandan las instituciones, y que incluya oficiales y rating exchanges, programas de capacitación, operaciones conjuntas en el Pacífico Occidental, donde ambos tengamos intereses comunes y, más importante aún, programas conjuntos de construcción naval. Australia ha tomado la decision de desarrollar la construcción naval, cosa que Chile también debería hacer. Si queremos convertirnos en potencia marítima, la construcción naval es imprescindible y deberíamos considerar seriamente acciones que sean valiosas para ambas marinas.

Mi sueño es una alianza estratégica con dos potencias marítimas regionales, Australia por un lado y Chile por el otro, apoyadas por Nueva Zelanda y las Islas del Pacífico Sur. Es tiempo de empezar a mirar el mapa desde el sur y entender que cuando Chile mira al Pacífico, ve a Nueva Zelanda y Australia como sus socios naturales, países que tienen mentalidades similares, con valores democráticos liberales y que comparten intereses comunes que van más allá del hecho de estar ubicados en el hemisferio sur.

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