Nicaragua: Las alertas sobre el vaciamiento de una democracia

Columna
El Líbero, 18.09.2021
Iván Witker, PhD (U. Carlos IV), investigador (ANEPE), y académico Escuela de Gobierno (U. Central)

La satrapía nicaragüense demuestra cómo es posible generar un verdadero modelo de socavamiento lento, utilizando los mecanismos legales junto a otros de tipo persuasivo.

El colapso y debilitamiento de las democracias es motivo de continuo estudio, especialmente en las últimas décadas. La literatura comparada se ha ido engrosando con el surgimiento de nuevos tipos de populismos y tendencias iliberales en Europa y Estados Unidos. En esta línea, especial atención debería merecer -especialmente desde Chile- el desmontaje de los últimos signos democráticos que lleva a cabo la satrapía nicaragüense dominada por el matrimonio de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Este proceso inició de manera poco perceptible en 2007, cuando Ortega alcanzó la victoria electoral e instauró un tipo de gobierno con deslindes constitucionales que paulatinamente fue difuminando. En pocos años, logró minar casi todos los aspectos formales de la democracia mediante decisiones violatorias de los criterios más básicos de un régimen pluralista y usando una fértil imaginación para aplicar arbitrariedades. El extravío de mayor calibre fue probablemente aquel ocurrido en 2016, cuando mantuvo como presidente del Congreso a su amigo René Nuñez, pese a haber fallecido. No se conoce en las últimas décadas una decisión tan extravagante. Tampoco se sabe de alguna otra otra que penalice el aplauso a ideas opositoras. Ortega/Murillo también han horadado el espíritu de la democracia, atentando sistemáticamente contra la libertad de expresión y corrompiendo opositores.

Los largos años de la satrapía nicaragüense parecieron estar a un costado del escrutinio hemisférico y mundial. A nadie le interesaba. De hecho, Levitsky y Ziblatt en su ya clásico Cómo mueren las democracias no citan ni una sola vez a Nicaragua. Tampoco lo hizo previamente J. F. Revel en un libro del mismo nombre (publicado en castellano por Planeta allá por 1983). Sólo se registran aproximaciones aisladas, haciendo descripciones generales de lo que era calificado -muy candorosamente- como un régimen no democrático.

Sin embargo, los sucesos más recientes constituyen una invitación a poner un ojo en las consecuencias de la candidez en política. ¿De qué nos alerta Nicaragua?

Primero, del carácter gradual de algunos procesos de desmantelamiento de una democracia. Por lo general, este rasgo va aparejado de una cierta despreocupación ante conductas y discursos desestabilizadores. Nicaragua advierte que no es necesario un golpe de estado, ni un foco de guerrillas, ni la presencia activa de terroristas o la imposición jacobina de una revolución. La satrapía nicaragüense demuestra cómo es posible generar un verdadero modelo de socavamiento lento, utilizando los mecanismos legales junto a otros de tipo persuasivo. En esa línea, marido y esposa se distribuyeron ingeniosamente el poder en una especie de división matrimonial del trabajo.

Ortega se dedicó a controlar las FFAA y policías, y muy especialmente a cooptar a sectores empresariales y eclesiales proclives a disfrutar granjerías y llanos a renunciar a la disputa del poder. Y Murillo desplegó una faceta muy inédita de prácticas populistas, basada en el esoterismo y la brujería, logrando captar la atención de vastos sectores de la población con su curiosa mescolanza de primitivismo cristiano, ídolatría de deidades indígenas y creencias totémicas, con lo cual consiguió una novedosa narrativa post-sandinista. Además, instalaron su experimento en ese caleidoscopio de la izquierda latinoamericana llamado Foro de Sao Paulo para articularse con otros proyectos populistas e ir generando complicidades mutuas, alejando así el peligro de aislamiento.

Sin embargo, hace unos meses, tomaron una decisión osada, preliminarente extraña, y que pilló desprevenidos a los sectores democráticos del país. Ortega/Murillo dieron un giro al totalitarismo, secuestrando de manera brutal los restantes márgenes de formalidad democrática.

El giro significó una sorpresa para muchos críticos del modelo, dada su aparente extemporaneidad. Todos (partiendo por los Ortega/Murillo) saben que el comunismo feneció en 1989. Otros pensaban que su modelo, por muy peculiar que fuera, había conseguido superar todas crisis y desarticular a tiempo cualquier fuerza de contrapeso. Una estabilidad envidiable en el contexto centroamericano acreditaba su éxitoso modelo.

Lo ocurrido no es más que una fría reacción al hosco ambiente político-electoral que enfrentó su enésimo intento de reelección. Los pequeños duendes de la democracia habían empezado a rondar con demasiado entusiasmo por el país. Ya no eran sólo manifestaciones estudiantiles aisladas. También el diario La Prensa, propiedad de la poderosa familia Chamorro, incómoda con los cada vez más estrechos márgenes de tolerancia. Los antiguos guerrilleros de la gesta anti-Somoza que volvieron al escenario de manera muy crítica. La influyente iglesia católica nicaragüense ya distanciada del matrimonio. Los Ortega/Murillo descubrieron que muy pocos estaban dispuestos a seguir aceptando sus arbitrariedades y excentricidades.

Puestos ante esa coyuntura, procedieron a aplicar guillotina y encarcelaron a todos los candidatos presidenciales y dirigentes sociales potencialmente peligrosos. De paso, cortaron el suministro de papel a La Prensa y metieron presos a antiguos guerrilleros.

Sin embargo, como suele ocurrir en casi todos los procesos políticos -especialmente los latinoamericanos- siempre hay motivaciones prosaicas que ayudan a explicar las cosas. Ahora fue la publicación de la novela Tongolele no sabía bailar de Sergio Ramírez, un gran conocedor de las triquiñuelas sandinistas y de los extravíos existenciales de la Primera Dama. Su gran revelación fue que las reuniones de gabinete se efectúan con todos sentados en círculos alrededor de una estrella de cinco puntas en llamas. Esto, y muchos otros datos sabrosos invitan a discutir, casi ad infinitum, si marido y esposa son versiones tropicales de Los Endemoniados de Dostoyevski o de Macbeth.

Como sea, el ataque a Sergio Ramírez simboliza el giro totalitario. Los regímenes comunistas se caracterizaron (Cuba y Corea del Norte lo siguen siendo) no sólo por el carácter policíaco de su ejercicio del poder, sino por su virulencia en contra de la intelectualidad, especialmente los novelistas. Dr. Zhivago de Boris Pasternak, Tres Tigres Tigres de G. Cabrera Infante, La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera y En Tierras Bajas de Hertha Müller son sólo algunos ejemplos de las malditas manchas que menciona Shakespeare en su Macbeth. Todo régimen totalitario que se precie de tal está salpicado de ellas.

La alerta no admite dobles lecturas. Muchas veces, las fuerzas democráticas se dan cuenta demasiado tarde que no sólo han renunciado a disputar el poder, sino que dan por perdida la guerra cultural y se asimilan, por comodidad o lenidad, a las narrativas del adversario.

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