No arruinemos nuestro futuro

Columna
El Montonero, 03.06.2021
J. Eduardo Ponce Vivanco

Debemos elegir con sensatez y responsabilidad

Si nuestras exportaciones mineras, pesqueras y agroindustriales del primer trimestre del año han registrado alzas del 29.4%, 42.7% y 21%, precisamente cuando la ferocidad de la pandemia ha cobrado 180,000 muertes en el Perú, no sería ilusorio esperar que el crecimiento económico anual alivie la pobreza de buena parte de las víctimas del Covid-19 y mejore el nivel de vida de quienes han padecido los peores efectos de una epidemia que continuará azotando a Sudamérica. El incremento de la inversión privada (3.8%) y de las importaciones (100.4%) en ese mismo lapso confirman la saludable tendencia.

Esta resiliencia económica evidencia la competitividad del modelo consagrado en la Constitución de 1993, que tantos políticos irresponsables proponen cambiar para reincidir en recetas fracasadas o probar experimentos peligrosos. Es el mismo modelo económico que pese a la violenta agitación política que sacude a Chile hace varios meses le ha permitido anotar un sorprendente crecimiento de más del 14% en abril pasado, no obstante que su recién estrenada Asamblea Constituyente –dominada por la izquierda– ensaya cambios que seguramente liquidarán el largo período de desarrollo que convirtió a nuestro vecino en un envidiable punto de referencia para los países de la región.

En este panorama se jugará la suerte del Perú en una elección presidencial que nos coloca frente a dos opciones radicalmente contrapuestas.

La más preocupante es la que promete un futuro de igualdad en el empobrecimiento de todos los peruanos, si la mayoría vota a favor de la ignorancia y la improvisación encarnadas por el maestro de primaria Pedro Castillo, candidato del partido Perú Libre, que lidera Vladimir Cerrón. Ambos personajes apuestan por destruir las libertades en el Perú. El primero, desde un comunismo primitivo; y el otro, desde la siniestra ortodoxia del comunismo que aprendió en la Cuba castrista y aplicó en Junín como Gobernador Regional, antes de ser sentenciado por corrupción.

La otra alternativa es Keiko Fujimori, quien sería la primera mujer elegida para presidir el Perú, con el amplio concurso de profesionales prestigiosos y un apoyo multipartidario que se reflejaría en un equipo ministerial que inspire confianza y seguridad. Ella encarnaría el cambio y la continuidad de una Constitución cuyo régimen económico ha significado progreso, estabilidad y beneficios reales para los peruanos a lo largo de casi tres décadas.

Después de los sobresaltos políticos del quinquenio que felizmente termina, el Perú podría aprovechar el venturoso ciclo económico que se vive en las naciones desarrolladas, y situarse en una posición de ventaja respecto al escenario regional.

Con excepción de Ecuador y Uruguay, las perspectivas políticas que observamos en la mayoría de países del vecindario sudamericano son poco auspiciosas. Al peronismo argentino le queda la mitad del mandato; con una decaída popularidad, Bolsonaro competirá con un Lula favorecido por la libertad y el olvido que lo colocan en la punta de las encuestas. Los que lideran los sondeos de opinión en Chile son el comunista Daniel Jadue y Pamela Giles, una progre-humanista que nació en la TV. Y el favorito para suceder al Presidente Duque, en Colombia, es el izquierdista Gustavo Petro. Es una configuración sudamericana que aplaudirían el chavismo, el castrismo y la Bolivia de Evo Morales.

En un entorno como este, el Perú brillaría en caso de ser gobernado por un liberalismo democrático sano y renovado como el que podemos elegir el próximo domingo. No perdamos la oportunidad.

No hay comentarios

Agregar comentario