Rusia y Ucrania provocan ahora el cisma de la fe

Reportaje
La Vanguardia, 16.09.2018
Gonzalo Aragonés, corresponsal en Moscú
  • Kíev maniobra para lograr la independencia de su Iglesia ortodoxa y alejarse de la poderosa órbita de influencia religiosa de Moscú

Reivindicación. Popes de la Iglesia ortodoxa del patriarcado de Kíev celebran el 1030 aniversario de la cristianización de Ucrania en la capital del país, en una imagen del pasado 28 de julio (Valentyn Ogirenko / Reuters)

No podemos decir que haya que temer un cisma en sentido estricto, porque las principales iglesias ortodoxas son independientes (autocéfalas) y no deben obediencia, como en el caso de la católica, a un solo líder. Pero el enfrentamiento entre la Iglesia ortodoxa rusa, de lejos la que cuenta con más fieles, y la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, que mantiene la autoridad moral, augura ruptura. El origen de la disputa no es religioso, sino político, y comenzó a gestarse cuando el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, inició su campaña para independizar a la Iglesia ortodoxa ucraniana, que sí depende del Patriarcado de Moscú.

Tras el sínodo del pasado viernes en Moscú, la Iglesia ortodoxa rusa decidió cortar de forma efectiva sus relaciones con sus hermanos de Estambul (antigua Constantinopla). La decisión se produce después de que el patriarca constantinopolitano, Bartolomé I, haya dado en los últimos meses signos claros de que va a reconocer a la Iglesia de Ucrania como independiente del patriarca de Moscú, Kirill I.

Desde que Rusia se quedó con la península de Crimea en marzo de 2014 y la insurgencia prorrusa se levantó en el este de Ucrania, las autoridades prooccidentales de Kíev intentan paso a paso salirse de la órbita de influencia de Moscú. Según el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, una de las formas que el Kremlin tiene para influir en su país es a través de la fe. Por eso impulsa un nuevo intento para cortar los lazos religiosos con Moscú.

Además de su mensaje político, en abril Poroshenko pidió a Bartolomé I que conceda a la Iglesia ucraniana estatus de “autocéfala”.

Este asunto se observa con preocupación en Moscú, donde el presidente ruso Vladímir Putin ha cultivado en los últimos años una fuerte relación con la Iglesia ortodoxa rusa, que cree ser la única Iglesia ortodoxa legítima en Ucrania.

En Rusia la iniciativa de Poroshenko se recibió con preocupación, y en un primer momento se creyó que no iba a prosperar. Tras los últimos acontecimientos y con el enfrentamiento religioso encima de la mesa, el Kremlin afirma que no quiere intervenir. “Por supuesto, para Moscú y para todo el mundo ortodoxo el único escenario preferible es la preservación de la unidad”, ha dicho Dimitri Peskov, portavoz de Putin.

El portavoz del Patriarcado de Moscú, Vladímir Legoida, anunció que el sínodo decidió suspender la participación en todas las estructuras presididas o copresididas por el Patriarcado de Constantinopla. Eso significa que no habrá más ceremonias religiosas conjuntas y que Kirill I dejará de mencionar a Bartolomé I en sus plegarias, según la decisión del sínodo, porque “en una situación crítica, la parte constantinopolitana prácticamente se ha negado a resolver esta cuestión por el camino del diálogo”.

Se puede decir que es una luz amarilla, de advertencia, la última medida preventiva. No cerramos las puertas y dejamos la posibilidad a una reapertura del diálogo”, ha dicho, por su parte, a la agencia Tass, Alexánder Vólkov, secretario de prensa del patriarca Kirill.

Para tomar un ejemplo de la vida secular, la decisión es más o menos equivalente a cortar relaciones diplomáticas”, aseguró, citado por Ría Nóvosti, el metropolita de Volokolamsk Hilarión, que dirige el departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú. La propuesta rusa, añadió, es reunir a todo el mundo ortodoxo y tratar esta cuestión.

El pasado 31 de agosto Kirill I visitó a Bartolomé I en Estambul, y este le informó de los avances en las aspiraciones ucranianas. El 2 de septiembre el patriarca de Moscú recordó que en el siglo XV la Iglesia ucraniana intentó vincularse a Roma.

No es nuevo que hablen ahora de desgajar a la Ucrania ortodoxa de la Iglesia rusa. ¡Pero entonces no sucedió! Y no es que las fuerzas políticas no se lo propusieran: no sucedió porque la unidad espiritual de la Santa Rusia no se puede romper”.

En Kíev se da por hecho que Poroshenko logrará su propósito, e incluso se cree que la proclamación (Tomos de autocefalia) ya está redactada y que sólo falta la firma del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.

El metropolita de Francia, Emmanuel, que estuvo presente en la reunión entre los dos patriarcas, dijo tras el encuentro que Bertolomé I informó a Kirill I de que ya se decidió “explorar las formas para conceder la autocefalia a la Iglesia ortodoxa de Ucrania” en abril. Lo que se está haciendo ahora es “implementar esta decisión”. Según dijo Emmanuel a la agencia AP, el último paso para la independencia eclesiástica total aún no se ha alcanzado, pero “ya no hay marcha atrás”. El 6 de septiembre, Estambul envió una delegación a Ucrania, lo que no dejaba lugar a dudas.

En la fe ortodoxa ucraniana tampoco hay una unidad clara. Hoy existen tres iglesias ortodoxas en esta ex república soviética. La Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú, que obedece a la Iglesia ortodoxa rusa, es hasta el momento la única reconocida por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Las otras dos, la Iglesia Ortodoxa autocéfala ucraniana y la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Kíev, son fruto de cismas en el interior de la primera.

Para dar más fuerza a su idea, el presidente Poroshenko la convirtió en iniciativa legislativa en abril, y la Rada Suprema (Parlamento) aprobó un decreto apoyándola, algo que ya hizo en el 2016, pero sin resultados prácticos. “La unidad es la principal arma en la lucha contra el agresor ruso”, aseveró en la Cámara Poroshenko, quien suele comparar tener una iglesia autocéfala nacional con las aspiraciones de unirse a la UE y a la OTAN.

El Bloque de Oposición, la fracción heredera del partido que antes del 2014 dirigía el presidente prorruso Víktor Yanukóvich, votó en contra de la resolución de la Rada Suprema. Según este grupo, la iniciativa de Poroshenko sólo responde a una estrategia electoral. Su líder, Yuri Boiko, acusó al gobierno de comenzar así la campaña para las presidenciales, previstas para marzo del año que viene. “El Estado no tiene derecho a interferir en asuntos religiosos”, aseguró.

La independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana fue tema también del discurso del presidente el 24 de agosto, día de la Independencia de Ucrania. Según Poroshenko, la Iglesia ortodoxa rusa “bendice la guerra híbrida” del Kremlin contra Ucrania. “Estamos rompiendo todos los lazos que nos unen con el imperio ruso y con la Unión Soviética”, aseveró en presencia de los líderes religiosos de todas las iglesias ucranianas.

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