TPP-11 y posverdad

Carta
El Mercurio, 19.02.2021
Claudio Hohmann, ex ministro

Durante años, la falacia del “robo legalizado de las AFP” ocupó un lugar preponderante en el orden de las ideas de la izquierda chilena. Lienzos con esa consigna casi nunca faltaron en las innumerables movilizaciones sociales que tuvieron lugar en la década pasada. Para millones de chilenos, las malas pensiones —de eso no cabía duda— se debían a unas administradoras que se quedaban con una parte sustancial de sus cotizaciones. Algunos llegaron a hablar de una estafa Ponzi, un engaño descomunal en el que la mayor parte de los participantes termina perdiendo la totalidad del dinero que aportan.

Pues bien, el retiro de fondos de las cuentas individuales, aprobado por el Parlamento durante 2020, dejó al desnudo la falacia en la que tantos creyeron: los depósitos de los cotizantes estaban intactos y de hecho ganaban cuantiosos intereses mientras no pocos de sus dueños se convencían de que las administradoras los expoliaban. No se conoce un caso de una persona que haya solicitado el retiro de fondos, que la ley franquea excepcionalmente, y se haya encontrado con su cuenta vacía o sus depósitos menguados.

Toda una generación de políticos progresistas hizo de esa increíble falacia una cuestión de fe —bastaba revisar los estados mensuales de las cuentas para comprobar que no había estafa alguna—, paralizando las reformas de una de las políticas sociales más importantes (y complejas) que un país puede desplegar para beneficio de sus habitantes.

Esta experiencia, como pocas, ha permitido develar más allá de toda duda una falacia que era posible pasar por verdadera hasta hace apenas unos meses y que ha tenido un impacto relevante para el país. Harían bien los parlamentarios que deberán votar próximamente la aprobación o rechazo del TPP-11 en preguntarse siquiera por un momento si acaso no estaremos en presencia de falacias parecidas, consignas sin fundamento, en las que se sostendría la oposición a ese trascendental acuerdo económico del cual Chile ha sido uno de sus promotores.

No sea cosa que así como la posverdad del “robo legalizado de las AFP” contribuyó a paralizar la urgente reforma de pensiones, otras por el estilo pudieran estar obstruyendo la aprobación de un acuerdo de primera importancia para el país, como lo indicaba una columna recientemente publicada en el diario de su dirección.

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