Aliados del Pacífico Sur: Avizorando renovados horizontes

Columna
Realidad & Perspectivas, N*142 (diciembre 2025)
Oscar Maurtua de Romaña, embajador ® y exministro de RREE del Perú

Tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el 2014 –que resolvió las cuestiones en torno al diferendo marítimo entre el Perú y Chile–, ambos países se han caracterizado por prevalecer en vinculaciones positivas, estables y de buena vecindad. El hecho más reciente aconteció en el año 2023, cuando Chile actuó como mediador para que el Perú asumiera la Presidencia Pro Tempore de la Alianza del Pacífico (AP), de gran trascendencia, que, si bien le correspondía, se había estancado por ciertas desinteligencias de corte político.

Ello demostró el apego de ambas naciones al derecho internacional y una clara intención de preservar el multilateralismo integracionista.

Además de la AP, ambos países forman parte de importantes entidades y organismos, tales como el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC); la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS); la Comunidad Andina (CAN), donde Chile participa activamente a pesar de no ser miembro pleno (aunque sí lo es del Parlamento Andino), por ejemplo, en proyectos de interconexión eléctrica subregional, entre otros. A nivel comercial, las relaciones son sólidas y estratégicas. Entre el 2024 y 2025, las exportaciones peruanas a Chile se incrementaron en un 15.3% pasando de USD 29,7 millones a USD 34,2 millones.

Si bien la balanza comercial aún es pequeña ante sus potencialidades, las inversiones chilenas han aumentado significativamente en el Perú. En los últimos años, estas han alcanzado los USD 6,500 millones, mientras que las peruanas totalizan los USD 253 millones, lo cual convierte a Chile en el sexto inversionista en Perú y el segundo en Latinoamérica. A su vez, cerca de 260,000 peruanos residen en Chile, mientras que no existe una cifra exacta de los chilenos afincados en Perú, dado el constante trasiego turístico de chilenos al sur peruano.

Asimismo, tanto el Perú como Chile son los principales exportadores de cobre a nivel mundial, representando cerca del 40% de la oferta global de este mineral, y se proyecta que superen el 51% en los próximos 15 años. La coordinación en políticas de producción, comercialización y valor agregado agrupable bajo la idea de un “Proyecto 51” como eje integrador– que no solo estabilizaría los precios internacionales, sino también promovería una agenda común de desarrollo tecnológico, sostenibilidad ambiental y fortalecimiento en las cadenas de valor regionales. El litio, además, podría ser incluido en este espíritu de concertación y colaboración.

El reciente triunfo de José Antonio Kast como próximo presidente de Chile, permite resaltar sus declaraciones recientes, en las que expresó su intención de mantener relaciones constructivas con el Perú. Si bien hace poco se vivió un episodio de tensión en la frontera sur, a razón del creciente flujo migratorio irregular que se dirigía hacia el Perú, ambas naciones coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una migración regular, ordenada y segura, producto de su apego al derecho internacional humanitario, y que se concordó en la comisión ad hoc que ambas cancillerías crearon con prontitud.

Este escenario refleja que nuestras relaciones se construyen y amplían armoniosamente. Tal es el caso que el Perú se ha convertido en un nodo estratégico para el continente asiático, a partir de la construcción del puerto hub de Chancay. No obstante, los gravitantes beneficios deben apreciarse tanto a nivel local como regional. Es decir, su rol como eje de conexión para los países sudamericanos puede brindar un enorme impulso a sus transacciones comerciales –a partir de importantes y razonables facilidades– con el propósito de fortalecer nuestra política marítima regional, visionando al Asia-Pacífico.

En conclusión, a inicios de las primeras décadas del siglo XXI, las relaciones peruano- chilenas atraviesan uno de sus momentos más prometedores. Somos dos naciones hermanadas por la geografía y entrelazadas por la historia, con desafíos comunes; por lo cual, es trascendental que profundicemos esta asociación estratégica, transformando nuestra vecindad en un destino común de democracia, progreso, estabilidad, desarrollo bilateral y convivencia pacífica que beneficie a Sudamérica. Así lo reclaman y exigen nuestros pueblos.

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