Editorial OG Review, 15.01.2026
Poco a poco se va delineando la nueva política exterior de la Administración Trump. En la soterrada lucha entre democracias y autocracias, EEUU ya no pretende ser líder de Occidente, ni adalid de las democracias liberales representativas en el mundo. Es más, en el discurso estadounidense ya no aparecen referencias contra los CRINK (sigla inglesa para: China, Russia, Iran and North Korea).
El presidente norteamericano pareciera preferir a los dictadores y hombres fuertes que a los débiles dirigentes europeos. Trump no toma en cuenta a las “burócratas” Ursula von der Layen y Kaja Kallas; admira al zar Putin y desprecia al demócrata Zelenskii; parece entenderse con la poco confiable madurista Delcy Rodríguez, pero no con la corajuda María Corina Machado o con el presidente electo venezolano Edmundo González; ataca a los ayatolás iraníes, pero ignora al príncipe heredero Reza Pahlavi; y es amigo incondicional tanto de “Bibi” Netanyahu como del príncipe saudí Mohamed bin Salman. Aparentemente, entonces, la esencia de su presidencia consiste en cerrar negocios (deals) más con autócratas que con demócratas.
Por otro lado, el retiro de EEUU de 66 organismos internacionales constituye un golpe casi terminal para la arquitectura multilateral actual, ya que debilita las normas universales en favor del interés nacional puro y simple. De la misma manera, una organización como la OTAN no puede sobrevivir en un sistema internacional dividido en zonas de influencia y, de hecho, si EEUU llegase invadir a Groenlandia, ello sería la muerte inmediata de la OTAN.
Superpotencias y zonas de influencia
Al no perseguir los valores tradicionales (bipartidistas) de la democracia estadounidense, en el fondo Donald Trump está reconociendo que la Pax americana ha llegado a su fin y que, en su reemplazo, se reconocen tres grandes zonas de influencia en el mundo. A saber:
- En el hemisferio oriental, EEUU ya no valida el rol de la OTAN, porque acepta el interés de Moscú por una zona de influencia natural en Europa. Será responsabilidad de Ucrania y de los miembros de la Unión Europea (“Grupo de Voluntarios”) constituirse en un dique de contención de la expansión de Moscú. No así del hasta ahora “paraguas” protector de Washington;
- Para el hemisferio occidental, la administración Trump ha planteado el “Corolario Donroe”, derivado de la aplicación de la “Doctrina Monroe” por parte de Donald Trump en las Américas. Nuestra región queda entonces sometida directamente al interés y seguridad nacionales de EEUU; y
- En Asia, China desarrolla una zona de influencia basada en su hegemonía económica, aunque contenida geopolíticamente en el Indo Pacífico por EEUU y sus principales aliados (Australia, Corea del Sur, ¿Francia?, ¿Gran Bretaña?, India y Japón).
Intervención extranjera en Venezuela
De acuerdo con la conceptualización anterior, la Administración Trump ha considerado que la intervención previa de diversas potencias extrarregionalas en Venezuela estaba afectando seriamente la seguridad norteamericana, particularmente en Sudamérica y el Caribe. Se trata, por cierto, de la inteligencia y el control de militares cubanos, de la compra de armamento ruso, del financiamiento chino, y de la acción diplomática y operaciones encubiertas tanto de Irán (pasaportes venezolanos) como de Hizbulá (narcoterrorismo).
El régimen chavista, por su parte, a través del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, expandió su influencia sobre América del Sur, Centroamérica y Caribe en áreas claves como software para robar elecciones, infiltraciones en las FFAA, corrupción de partidos políticos y de periodistas, y creación de empresas para operaciones encubiertas. No menor fueron al respecto las acciones del Tren de Aragua, responsable entre otras cosas del secuestro y asesinato del teniente Ojeda en Chile.
La ulterior intervención norteamericana en Venezuela (captura de Nicolás Maduro y presiones sobre Delcy Rodríguez) no apuntan tanto a un cambio de régimen político como a la eliminación de las tóxicas influencias foráneas antes mencionadas en Venezuela. A ellos, se agregan varios conflictos vigentes que no han sido solucionados ni detenidos y que confirman la vigencia creciente de las zonas de influencia: La agresión rusa a Ucrania y los ciberataques contra países europeos; la amenaza china a Taiwán; la proliferación nuclear (Corea del Norte, Irán y otros); los desafíos planteados por movimientos islamistas radicales (apoyados por Irán) y los diversos conflictos del Medio Oriente (Israel-palestinos; Israel-Irán, Arabia Saudita-Irán, Arabia Saudita-EAU).
¿Transición ‘intrachavista’?
Desde Washington, se especula con un plan de tres etapas para encarrilar la situación venezolana: estabilización, recuperación y transición. El retorno a la democracia no figura en las primeras dos y, de hecho, a la ambiciosa presidenta en ejercicio Delcy Rodríguez la acompaña todavía la cúpula chavista: su hermano Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional), el ministro de Defensa Vladimiro Padrino López (hombre de Moscú) y el ministro del interior y justicia Diosdado Cabello (a cargo de los colectivos armados). Podrían caer los dos últimos, pero igual Delcy es mucho más inteligente y poderosa que Maduro y, por ende, más peligrosa. Es hija de un guerrillero marxista asesinado y novia de un dirigente de Hizbulá con amplios vínculos con la Guardia Republicana Islámica de Irán.
La estrategia de Trump consistiría en que los chavistas sigan por el momento en el poder, aunque neutralizados desde Washington, a fin de completar el proceso de investigación y desarme del Cartel de los Soles y del Tren de Aragua (“sacar la basura de Venezuela”). Y, por otra parte, no cometer el error norteamericano en Irak, donde se cortaron todas las cabezas oficialistas, provocando múltiples luchas intestinas e inestabilidad en dicho país. El gran objetivo ahora es controlar (invertir y producir) el petróleo venezolano. Sin embargo, la democratización del país se ve lejana. Y, sin democracia, es muy difícil que haya una recuperación económica venezolana que solucione la crisis migratoria regional.
Próximos pasos de Trump: ¿Cuba, Groenlandia, Canadá y México?
La captura de Maduro y el supuesto control del nuevo gobierno chavista por parte de Washington podría ser el preámbulo de futuras proyecciones norteamericanas sobre otros países y territorios, que son claves para su seguridad nacional en el hemisferio occidental. El desafío regional inmediato post Maduro es la viabilidad del régimen castrista, ya que Cuba si bien ejercía el control sobre Venezuela también era altamente dependiente de sus envíos de petróleo. Trump ha lanzado un ultimátum a La Habana y, al parecer, pretende asfixiar a Cuba (estrangular su alicaída economía) para precipitar cambios políticos en la Isla. Con apagones prolongados, escasez de combustibles, medicinas y alimentos, la isla está por colapsar a causa del largo trayecto marxista.
Los objetivos estratégicos de Trump incluyen también a Groenlandia, porque el gran archipiélago domina la entrada a nuestro hemisferio desde el Pasaje Noroccidental Ártico, siendo objeto de un eventual uso por parte de navegaciones chinas y rusas. Ahora bien, la amenaza de guerra sobre Groenlandia es algo mucho más lejano y algo surrealista, aunque no extrañaría que Trump obtenga algún acuerdo que privilegie la defensa norteamericana (Corolario “Donroe” nuevamente). Lo paradójico es que EEUU tuvo múltiples bases allí y Dinamarca lo ha invitado a reabrirlas, pero sin cuestionar la soberanía local.
Una error incluso más aberrante sería la anexión de Canadá como el 51 Estado de la Unión (planteado en algún momento histórico incluso por los propios canadienses). Ello, porque Canadá ha sido siempre el mayor aliado de los EEUU, apoyándolo en todos sus conflictos bélicos, y por cuanto es responsable de la primera línea de defensa de radares en el hemisferio norte (sistema Norad).
Y, por último, está el incómodo posicionamiento geopolítico en que se encuentra México: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de EEUU” (frase icónica del dictador mexicano Porfirio Díaz). Los dos graves problemas que plantea el vecino sureño a la Administración Trump son: (a) La narcopolítica mexicana y la proyección externa de los Carteles; y (b) El apoyo de México a la Cuba castrista. La presidenta populista de izquierda Claudia Sheinbaum deberá lidiar con medidas internas efectivas para detener el tráfico ilegal transfronterizo y sumar -de una vez por todas- a su país a las presiones internacionales contra las dictaduras en Cuba, Nicaragua y Venezuela, si no quiere sufrir fuertes represalias por parte de Trump.
¿Y el juego de las potencias regionales?
Una pregunta final para dilucidar es saber cómo jugarán diversas potencias regionales en el mundo trilateral de Trump. Una de las más afectada en estos momentos es la grave crisis en Irán, que sufre tanto de inestabilidad interna (protestas populares contra la teocracia de los ayatolás) como desafíos externos por parte de Arabia Saudita (conflicto sunita-chií), Israel (conflicto palestino-israelí) y EEUU (proliferación nuclear). A pesar de las violentas protestas, la oposición no está unida y es muy difícil que la sociedad civil iraní pueda poner término por ahora a una autocracia clerical bien organizada y al fanatismo de los islamistas. El apoyo de Trump no basta. De producirse un eventual cambio de régimen en Teherán, éste podría llegar a mejorar sus lazos con los EEUU, pero también puede ver disminuida su influencia general respecto de Arabia Saudita, Israel y Turquía en el Medio Oriente.
Otra importante pugna entre potencias en la región es la que se plantea entre Israel y Turquía, el primero aliado directo de EEUU y, el otro, con el segundo mayor ejército de la OTAN (después de Polonia). El actual gobierno de Erdogan se encuentra muy influenciado por la militancia suní de los Hermanos Musulmanes (al igual que Catar, Egipto y otros) y, como contrapeso, sus tradicionales enemigos kurdos tienen como mejores aliados a los israelíes.
Seúl y Tokio, enfrentados largamente por disputas históricas y comerciales, atraviesan hoy una suerte de luna de miel tras la reciente visita del presidente coreano Lee Jae Myung a Japón. Su encuentro con la primer ministro Takaichi Sanae en su ciudad natal y base política de Nara parece coreografiar la química personal entre dos líderes políticos asiáticos unidos ante las amenazas hegemónicas de China (apoyan a Taiwán) y la proliferación nuclear de Corea del Norte. No hay que olvidar al respecto que los mejores ejércitos del mundo actual (no los más grandes) son los de Corea del Sur, Japón y Taiwán, además del de Israel.
Finalmente, el largo conflicto entre India y Pakistán, en parte religioso y en parte político, tiene un fuerte impacto en la geopolítica del Asia Central, puesto que las tres superpotencias actuales (China, EEUU y Rusia) tienen intereses involucrados. Tradicionalmente, la India se ha apoyado en Rusia y Pakistán en China, en tanto que Washington buscó antes la amistad con Islamabad para luchar contra el terrorismo islámico y, ahora, con Nueva Delhi para contener a China en el Indo Pacífico. Y, en este último ámbito, se suman a EEUU otros buenos aliados como Australia, India y Japón en el llamado Quad.

