Columna El Periódico – Castellano, 12.01.2026 Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España
- La pretensión de Trump daña la relación trasatlántica para regocijo de los chinos y de los rusos, que ven a los americanos alejarse de sus tradicionales aliados europeos y hundir a la OTAN
Donald Trump está exultante y rodeado de gentes que le ríen las gracias, como Vance, Miller, Hegseth, o el mismo Rubio, artífice de la línea de dureza que se ha impuesto con Venezuela y al que también le gustaría liberar a Cuba del castrismo y sus miserias.
La operación Absolute Resolve ha sido un éxito militar al alcance de muy pocos países. El ejército venezolano ha hecho el ridículo y la guardia pretoriana cubana de Nicolás Maduro ha dejado 40 muertos al intentar impedir su secuestro. Si añadimos los bombardeos sobre Irán y los hutíes y el apresamiento de algunos petroleros en alta mar, corremos el riesgo de que Trump piense que todo el monte es orégano y que puede hacer lo que se le antoje.
Y no le falta algo de razón, al ver que las protestas que suscita son perfectamente susceptibles de ser ignoradas: en el caso de Venezuela, rusos y chinos han protestado con la boca chica, porque lo ocurrido tampoco les viene del todo mal; en Europa, las declaraciones de Costa, Von der Leyen y Kallas fueron muy descafeinadas para no molestar a Trump, no sea que nos abandone ante los rusos; y la protesta más firme de España, Colombia, Brasil, México, Chile y Uruguay no le habrá quitado el sueño a Donald... si es que las conoce.
Por eso hay que tomar muy en serio sus amenazas de apoderarse ahora de Groenlandia, porque es perfectamente capaz de cumplirlas –sea por las buenas o por las malas alegando razones de seguridad nacional, las mismas que Putin invoca para invadir Ucrania y Xi en el Mar del Sur de China y, eventualmente, Taiwán. En descargo de Trump hay que reconocer que no oculta sus intenciones y no pretende engañar a nadie. Y quedarse con Groenlandia es más fácil que secuestrar a Maduro. Lo que ocurre es que el precio es mucho más alto porque dejaría muy tocada a la OTAN, que no podría sobrevivir a un conflicto entre sus miembros. ¿Qué tipo de alianza defensiva es una en la que un socio ataca a otro? Preguntado si tuviera que elegir entre la OTAN y Groenlandia, Trump respondió que habría que verlo («It may be a choice»).
Si se quiere apropiar de Groenlandia, donde ya tiene una base militar, le bastaría con enviar un helicóptero y una docena de soldados a Nuuk, tomar las sedes de la televisión y del gobierno autonómico y colocar una bandera con las barras y estrellas en la plaza del pueblo.
España, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Polonia y Dinamarca han dicho que eso no estaría bien, pero no podrían hacer absolutamente nada en el plano militar para evitarlo. Una fórmula más lenta sería convencer a los groenlandeses para pedir la independencia a Dinamarca y luego animarlos para unirse a los EEUU –incluso ofreciéndoles unos billetes por cabeza–, pero eso llevaría demasiado tiempo para el carácter impaciente del americano.
Quizás lo más inteligente sería tratar de acordar con Dinamarca una ampliación de la cooperación militar que acabara dando a Washington de hecho, pero no de derecho, el control de la isla. Más inteligente y menos dañino, pero me temo que insuficiente para Donald, que dice que quiere «la propiedad» de un territorio con importantes riquezas minerales en su subsuelo y en el océano Ártico adyacente. La esperanza, como decía Churchill, es que Washington acabe haciendo lo correcto tras haber probado todas las demás opciones. Pero no me fiaría demasiado.
Al margen de que mañana se le pueden antojar las Canarias, frente a la costa africana, o las Azores, donde está la base militar de Lajes, ¿quién lo impediría? Su pretensión daña la relación transatlántica para regocijo de los chinos y de los rusos, que ven a los americanos alejarse de sus tradicionales aliados europeos y hundir a la OTAN, facilitando sus propias apetencias de expansión territorial. En estos momentos la crisis parece inevitable, aunque hay alguna esperanza de la oposición del Senado al uso de la fuerza sin permiso del Congreso. Y aunque queramos esperar lo mejor, lo inteligente es prepararse para lo peor. Porque puede llegar. Mientras los daneses hacen desesperadamente lobby en Washington, esta semana se reunirán los ministros de Exteriores Rubio y Rasmussen para hablar del asunto. Enajenar a los aliados europeos es mal negocio, porque debilita a EEUU frente a Rusia y China, aunque quizás Donald nos desprecia tanto que no le importa.
Posdata: Ojo con Irán, donde el ambiente se está calentando mucho.

