¿Qué hacer con Irán?

Columna
El Periódico-Castellano, 09.02.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

La actualidad cambia de forma vertiginosa y si anteayer la atención se centraba en Ucrania, ayer lo hacía en Groenlandia y mañana quizás lo haga en Cuba, hoy la reclama la República Islámica de Irán, un país con un régimen teocrático fuera de la baraja que masacra a sus ciudadanos y que ha logrado concitar animadversión internacional hacia sus políticas.

La UE acaba de declarar a los poderosos Guardianes de la Revolución Islámica como una organización terrorista, sin que por cierto se hayan convocado en nuestras calles muestras de solidaridad con el sufrido pueblo iraní. Su política nuclear, sus asesinatos, han atraído también la mirada de EEUU que duda sobre la línea a seguir, cuando conviene recordar que la tarea de lidiar con el régimen iraní corresponde a las Naciones Unidas, que detentan el monopolio del uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Al menos en teoría, porque el mundo es como es y no como nos gustaría que fuera.

Hay cuatro cuestiones que molestan a la comunidad internacional: la política nuclear de Irán, la de misiles, el apoyo a grupos desestabilizadores en la región y el maltrato de su propia población. Y ninguna tiene fácil arreglo.

Tras la denuncia por Trump del acuerdo nuclear suscrito en época de Obama, los bombardeos de americanos e israelíes el pasado junio lo han dejado todo más confuso que antes. Aunque Trump afirmó haber «obliterado» el arsenal nuclear iraní, hoy desconocemos lo que en realidad Irán perdió, lo que logró salvar y esconder, y lo que permanece aún bajo los escombros, con el agravante de que la expulsión de la Agencia de Energía Atómica impide saber lo que ocurre en el país. Yo tengo muy claro que, si Israel llega a la conclusión de que Teherán ha reanudado su política de enriquecimiento de uranio, Irán volverá a ser bombardeado, porque Tel Aviv considera este asunto como una cuestión existencial. Y EEUU le apoya.

Irán tiene una industria de misiles pujante y fabrica proyectiles con tecnología punta que pueden alcanzar Italia. Es un sec­tor que sufrió duros bombardeos el pasado año, pero que parece recuperarse. Una de las razones por la que las petro monarquías del Golfo piden ahora contención a Washington es precisamente por miedo a ser alcanzados por esos misiles en caso de conflicto, debido a que albergan bases norteamericanas.

La desestabilización regional sigue preocupando, aunque menos, porque los aliados de Teherán están últimamente de capa caída: los Assad han sido derrocados en Siria, y Hamas y Hizbulá continúan siendo bombardeados casi a dia­rio por Israel. Pero siguen ahí los hutíes de Yemen y las milicias chiítas de Irak, que actúan como defensa avanzada de Teherán ante la tibieza mostrada por Rusia y China, cuando la Guerra de Doce Días del año pasado.

Y llegamos a las masacres: Trump dijo a los manifestantes que estos días son asesinados: «seguid protestando», «tomad el poder», y aña­dió que «la ayuda está en camino» porque ha enviado a la zona a un grupo aeronaval con el portaaviones Abraham Lincoln... que por ahora no ha entrado en acción. Podemos estar ante otra línea roja incumplida, como cuando Obama amenazó a Bashar al Asad si utilizaba armas químicas. Las utilizó y no pasó nada. Animar a la gente a enfrentarse a una represión brutal y luego dejarlos solos ante el peligro no es algo que inspire confianza en el voluble presidente norteamericano. Pero es que Irán, con 90 millones de habitantes, no es Venezuela y no está claro lo que otro bombardeo sin poner botas sobre el terreno (algo excluido) fuera a conseguir: ¿la caída del régimen?, ¿sustituido por qué?, ¿su reforzamiento?, o la desestabilización del entorno, con represalias iraníes sobre campos petroleros en la península arábiga y sobre los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, por donde circula el gas y el petróleo que todos utilizamos.

Hace años, había un anuncio que afirmaba que no hay soluciones fáciles sino decisiones inteligentes, y por eso lo mejor sería que dieran buen resultado las conversaciones entre americanos e iraníes que auspicia el sultanato de Omán, aunque mucho me temo que algunas exigencias de Washington, como prohibir a Teherán todo enriquecimiento de uranio, las dificulten todavía más, porque no hay que olvidar que Irán es un viejo y orgulloso Imperio hoy encharcado en una dura crisis económica y con un régimen que buena parte de sus ciudadanos repudian. Y el mundo también.

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