La mirada idealista y la pragmática

Columna
El Líbero, 28.03.2026
Fernando Schmidt Ariztía, embajador ® y exsubsecretario de RREE

Después de adoptada la decisión del Gobierno sobre la candidatura de la expresidenta Bachelet a la Secretaría General de la ONU, es poco lo que se puede agregar sobre el tema. La determinación coincide con lo que desde esta columna venimos planteando y ya no es el caso añadir más argumentos a un debate que más temprano que tarde irá languideciendo.

Sus repercusiones, ciertamente, no han sido gratas para dos socios importantes de Chile: Brasil y México. Ambos han quedado con las manos atadas por su propia voluntad, al preferir dar un apoyo de última hora a una candidatura que sabían de antemano no era producto de un consenso interno, que fue presentada a poco más de un mes del traspaso del mando presidencial en Chile y con un presidente electo visiblemente incómodo ante ella. Me consta que en Brasilia el Palacio de Planalto (Presidencia) no hizo caso a las voces cautelosas de Itamaraty (Cancillería), que advertían sobre la inconveniencia de atar una importante decisión de política exterior a un determinismo ideológico y a una persona en particular.

Es difícil que Brasil, en los meses que quedan de mandato del presidente Lula, vaya a revertir la decisión de apoyo a Bachelet por sus propias convicciones, pero resulta evidente que, aunque logre apoyos de otros Estados afines, se encuentra en una situación complicada ya que tiene temas más urgentes que atender. Entre estos, ni más ni menos que la debilidad de su candidatura a la reelección en octubre, porque el senador Flavio Bolsonaro, su competidor más potente, se encuentra hoy técnicamente empatado con el presidente.

A este desafío político se suma la actual falta de cohesión del gabinete; el asunto del Instituto Nacional del Seguro Social, uno de los mayores fraudes al sistema de pensiones brasileño, consistente en créditos a jubilados sin su conocimiento, coimas para agilizar los trámites de jubilación (un año de demora), cobro de pensiones de personas fallecidas, fuga masiva de datos personales, entre otros. A ese escándalo se agrega el del Banco Master, que amenaza con convertirse, al término del mandato de Lula, en otro Lava Jato o, como decía un comentarista, en el House of Cards de Brasilia.

Como si estos asuntos no bastasen, la vergonzosa evolución del caso de las “Enmiendas de Comisión” es otro frente que involucra al gobierno y al mundo político, incluido el partido Liberal de Flavio Bolsonaro y ha derivado en un enfrentamiento entre los poderes Judicial y Legislativo. Las “enmiendas” son un nuevo nombre para el antiguo sistema del “presupuesto secreto”, por el que diputados y senadores desviaban sin control millones de dólares para su beneficio político y personal. Simples negociaciones para la compra de votos.

En este difícil marco interno, ¿hay espacio para una actividad diplomática intensa de Brasil a favor de la expresidenta chilena? Creo que no.

Lo que no languidece es la posibilidad de establecer mejores vínculos con Bolivia. Del discurso del presidente Rodrigo Paz el lunes pasado, “Día del Mar” para ellos, no cabía esperar milagros, es decir, que dejara a un lado la llamada aspiración marítima y no se refiriera a la conmemoración como un acto de “memoria colectiva”, reafirmación de identidad o que recordara el territorio perdido. Era poco probable que el presidente de Bolivia ignorara un concepto que está en el centro de su sicología nacional y reiterara aquello de la “guerra injusta”, o que “Chile nos hizo daño”. Era difícil pensar que modificaría eso de la “herida histórica profunda en la identidad nacional”, que el mar “no es olvido ni renuncia”, o que desistiera de mencionar el dolor por haber perdido una cualidad marítima. Con ello, le daba el gusto a la audiencia nacionalista que pervive. Además, soportamos una pesadez innecesaria, convertida en titular, cuando señaló que ellos no construyen “zanjas sino puentes”, aunque se refería a puentes de integración con todos sus vecinos.

Sin embargo, el costo fue bajo. No podemos quedarnos en esas frases. Hubo un cambio importante de escenario y de tono en esta conmemoración, epicentro del espíritu nacionalista de nuestros vecinos. En lugar del tradicional acto celebrado en La Paz, multitudinario, bullanguero, publicitado, profusamente adornado de discursos anti chilenos, recuerdos patrióticos, y con la asistencia en masa del Gabinete y del Cuerpo Diplomático, esta vez el presidente Paz decidió conmemorarlo en Puerto Quijarro, en un extremo del Departamento de Santa Cruz, a orillas del canal Tamengo, afluente del Río Paraguay. Puerto Quijarro se encuentra a 11 kilómetros de Corumbá, ciudad brasileña de 100.000 habitantes e importante nodo de comunicaciones y de energía de Mato Grosso do Sul, estado donde se concentran importantes inversiones chilenas. Estuvo acompañado únicamente por los ministros de Economía y Defensa.

Desde ese escenario, Paz expresó que quiere consolidar una nueva etapa con Chile caracterizada por la integración física y económica, y la búsqueda de vías hacia el Pacífico que superen las reivindicaciones territoriales. Hizo ver que Bolivia, a su juicio, debe ser un centro de comunicaciones hacia el norte y el sur a través de las hidro vías (trabajan con Brasil, Paraguay y Argentina al respecto) y del este al oeste a través de rutas bioceánicas que conecten el Atlántico con el Pacífico. Paz elaboró un concepto de integración, con Bolivia al centro, que define como “fluvio-marítimo” para “transformar la memoria en acción”.

Convertir el pasado en futuro, según sus palabras, significaría consolidar otras vías alternativas de integración. Varias de ellas nos involucran. La primera, con una inversión de 7 mil millones de dólares permitiría unir las distantes ciudades de Guayaramerin, fronteriza con Brasil en el río Mamoré, a Oruro e Iquique en el Pacífico; la segunda, consistiría en un eje que cruzaría Santa Cruz hacia Cochabamba, Oruro y el mar; la tercera atravesaría desde Paraguay a Potosí y Antofagasta. Se trata de ideas ambiciosas que se han formulado muchas veces antes, pero que conllevan un espíritu distinto para tratar la relación con Chile. Quiere trabajar desde la ambición y no desde la negación.

Para remarcar este enfoque distinto, el presidente boliviano criticó fuertemente el uso político del tema marítimo ocurrido en el pasado y calificó los dos juicios en la Corte Internacional de Justicia en La Haya como derrotas diplomáticas humillantes, sobre las cuales los gobiernos anteriores de Evo Morales y Luis Arce le deben una explicación al país.

Las miradas de Lula y de Rodrigo Paz para abordar temas sensibles para Chile no pueden haber sido más diferentes. En el primer caso, el voluntarismo ideológico y la confianza ciega en la capacidad e influencia de Brasil en la región llevaron al presidente Lula a cometer una imprudencia y, en este minuto, seguir atrapado en ella. En el segundo, a pesar del dolor que pervive en Bolivia por la pérdida de una cualidad marítima, existe una mirada de futuro que, confío, conducirá en un plazo no demasiado largo a fortalecer varios lazos de integración y, de esta manera, pavimentar el camino para la reapertura de relaciones diplomáticas que nunca debieron haberse roto.

Ojalá no seamos víctimas de miradas ideológicas obstinadas, incluso de aquellas que favorecen causas en las que creo. Tenemos que asumir nuestras relaciones con el mundo y con nuestra región con un sentido realista y pragmático, lejos de verdades de texto.

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