Dilemas para la diplomacia chilena

Editorial
OpinonGlobal Review, 17.03.2026

Después de las fuertes críticas hechas a la política exterior de la Administración Boric y de algunas propuestas planteadas en torno a la que podría seguir la Administración Kast, es bueno revisar algunos de los dilemas internacionales que enfrenta actualmente Chile.

Tradicionalmente, la diplomacia chilena se había caracterizado por su apego al derecho internacional y a la defensa del multilateralismo, objetivos que de alguna manera se habían logrado tanto en un mundo bipolar (norteamericano-soviético) como en uno unipolar (EEUU). Ahora, las reglas del orden internacional están siendo cuestionadas y la arquitectura multilateral imperante resulta incapaz de sostenerlas.

Resulta pertinente consignar, por otra parte, que el sistema político chileno ha presentado en los últimos años un alto grado de polarización, lo que redunda en dificultades para hacer oportunas redefiniciones en política exterior, o bien, se ha traducido directamente en políticas y acciones desacertadas. Veamos, a continuación, algunos de los dilemas existentes.

Pragmatismo versus ideologismo
Esta dicotomía tiene que ver con la disyuntiva de cualquier gobierno entre idealismo y realismo en la formulación de su política exterior. El sesgo ideológico imperó en el gobierno Boric, fuertemente influenciado por el PC y el FA, o bien, por los arrestos personales del presidente, que se tradujeron, por ejemplo, en posturas antinorteamericanas y antiisraelíes, así como en mayores afinidades con China, la causa palestina o una vaga política exterior feminista (turquesa).

Si se reconoce que Chile es un país pequeño-mediano, con muy poca o relativa influencia global, asumir causas esencialmente idealistas resultan riesgosas o, a lo menos, improductivas para el interés nacional. Lo que corresponde, más bien, es reconocer su posicionamiento geopolítico tricontinental; es decir, explotar sus condiciones especiales sudamericanas, oceánicas y antárticas. De esa manera, se podrían revertir las características de tamaño menor y de situación periférica con una condición geopolítica más aventajada. Agréguese, además, el potencial tanto de nuestros minerales estratégicos como de ciertos desarrollos especiales en el país (astronomía, hidrógeno verde, IA, nuevas fuentes de energía, startups, etc.).

Democracias versus autocracias
Chile se ha identificado históricamente con la civilización occidental y con un perfil hispano-latinoamericano. Por ello, creemos en la democracia representativa liberal y en valores universales, tales como la libertad y los derechos humanos. Los sistemas totalitarios no solo reprimen a sus pueblos, sino que constituyen un peligro para la paz y seguridad internacionales. La Rusia de Putin quiere reconstruir el imperio zarista-soviético; el liderazgo absoluto de Xi Jinping pretende la invasión de Taiwán y el dominio económico mundial chino; la dinastía comunista de Corea del Norte está por la proliferación nuclear y el chantaje atómico para la unificación de Corea; Irán no sólo persigue igual proliferación nuclear, sino que es el estado terrorista (islamista) por excelencia en el mundo; y la Cuba revolucionaria de los Castros llegó a ser muy perniciosa para la estabilidad de América Latina y todavía mantiene a su población en la pobreza más abyecta.

El orden internacional liberal está siendo cuestionado precisamente por los actores antes descritos, los que procuran imponer el multipolarismo (zonas de influencia), el ultranacionalismo y el abrogar los valores liberales y las reglas universales.

Ahora bien, si la política es en buena medida el arte de manejar las contradicciones propias de toda sociedad, no cabe duda de que la diplomacia chilena tendrá que lidiar pragmáticamente con dictaduras de distinto signo y con amenazas crecientes al interior de las mismas democracias (Trump-MAGA; Orban y Fico en la UE; organizaciones criminales en América Latina). La estrategia chilena tendrá que ser bien pragmática a la hora de tratar el comercio con China, así como con el activismo de Trump tanto frente a la influencia negativa del islamismo iraní en América Latina como ante las futuras democratizaciones de Venezuela y Cuba.

Multilateralismo versus multipolarismo
Un tercer dilema internacional para Chile se relaciona con lo dicho respecto al cuestionado orden internacional. La tácita concertación entre los EEUU de Trump, la Rusia de Putin y la China de Xi para imponer un sistema multipolar con tres grandes zonas de influencia en el mundo, es abiertamente negativo para los intereses de países menores.

Ahora bien, la idea de un foro mundial alternativo como los BRICS, o bien, la de un supuesto “Sur Global”, tampoco es conveniente, desde el momento en que el primero está dominado en el fondo por las autocracias (China, Rusia y eventualmente Irán) y el segundo es algo simplemente conceptual e hipotético.

El multilateralismo es, entonces, la herramienta que mejor acomoda a los intereses de países como Chile. El problema es que el sistema de Naciones Unidas está prácticamente quebrado económicamente y paralizado políticamente. De allí que, la diplomacia chilena deberá trabajar para crear la masa crítica suficiente para llevar a cabo las reformas estructurales necesarias. Ese esfuerzo deberá encausarse principalmente a nuestra región y a países afines (Australia, Canadá, Nórdicos) o bloques (UE), a fin de construir una nueva arquitectura multilateral.

EEUU versus China
El dilema más crítico e inmediato que afecta a nuestro país es la creciente pugna mundial entre Washington y Beijing. Ambas superpotencias son a la vez beneficiosas y negativas para Chile, porque por un lado son destinos preferentes de nuestras exportaciones y, por el otro, compiten
por la hegemonía económica mundial. Los intereses chilenos son diversos, ya que el lobby del PC local (visitas, negocios y malogrado proyecto de cable submarino) y la influencia de ciertos exportadores nacionales son ampliamente favorables a China o su mercado. Sin embargo, destaca también el alto nivel de las inversiones norteamericanas históricas en Chile y la influencia que representa la educación superior norteamericana para la clase profesional chilena. En última instancia, resulta decisivo el factor geopolítico de que Chile pertenece a la zona de influencia que se atribuye EEUU (doctrina Donroe).

Sin embargo, la respuesta final a este dilema no está en elegir una determinada opción, ni tampoco en pretender un supuesto equilibrio entre las dos superpotencias. Nuevamente, hay que identificar con precisión el interés nacional en juego para determinar la postura a asumir. A saber: China es nuestro principal socio comercial y los EEUU nuestro gran aliado estratégico. En otras palabras, Washington debe reconocer nuestra libertad para comerciar con el mundo y Beijing debe respetar nuestra especial condición geopolítica.

Profesionalización vs. politización
Un dilema final y no menor dice relación con el hecho de que la diplomacia chilena no es hoy lo suficientemente profesional y, por lo tanto, no es del todo eficiente ante el mundo convulsionado que se está desarrollando. Ello, es el resultado de dos fenómenos comunes en el caso particular chileno: el primero, la influencia de partidos y actores políticos en los nombramientos de embajadores y de directores en nuestra Cancillería; y el segundo, como consecuencia de lo anterior, es que los funcionarios del Servicio Exterior crecientemente militan en partidos políticos y hacen política para beneficiarse en sus respectivas carreras funcionarias.

En países de la región, como Brasil y Perú, con menores grados de institucionalización que en Chile, o bien, en la gran mayoría de los países más avanzados del mundo, sus diplomáticos de carrera ocupan las misiones en el exterior y las direcciones de sus cancillerías. Incluso, muchos de los ministros de RREE en Itamaraty y Torre Tagle, por ejemplo, no han sido políticos, sino que embajadores. En fin, el profesional diplomático no solo cuenta generalmente con más conocimientos y experiencia que el nombramiento político, sino que está especialmente interiorizado del interés nacional y de las políticas que convienen a largo plazo.

En Chile, existe una práctica bastante arraigada de que los presidentes nombren a sus amistades en la Cancillería o estén sujetos a pagar “favores” nombrando en ella a políticos o a exparlamentarios. Con ello, los profesionales de la diplomacia en nuestro país no están debidamente empoderados.

CONCLUSIONES
En suma, las soluciones a los dilemas planteados más arriba requieren de una política exterior chilena realista y pragmática, sin sesgos ideológicos, pero que sea funcional a los valores democráticos, al interés nacional y a la búsqueda de un sistema multilateral moderno, basado en el derecho internacional para asegurar la paz y seguridad a los actores menores de la comunidad internacional.

Chile deberá propender a una relación estable con sus vecinos y a la integración y seguridad de la región. Si la economía chilena está abierta al mundo y persigue la liberalización del comercio y las inversiones, en términos políticos deberá evitar el multipolarismo y buscar con países afines un sistema multilateral de naciones libres y democráticas.

Y, finalmente, los grandes retos de la diplomacia chilena podrán ser mejor alcanzados a través de profesionales de carrera que de figuras públicas destacadas o de políticos en retiro.

No hay comentarios

Agregar comentario