La caída del muro bolivariano

Columna
El Mercurio, 09.01.2026
Juan Pablo Toro, analista geopolítico y director ejecutivo (AthenaLab)

Para un régimen que se mantuvo en el poder por un cuarto de siglo y jamás mostró la mínima intención de abandonarlo, el único lenguaje que podía hacerlo entender que sus días estaban contados era el de la fuerza.

Es lo que asumió el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al lanzar la operación "Resolución absoluta" que acabó con la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro y la destrucción de instalaciones militares.

Negociaciones diplomáticas, sanciones económicas y parodias de elecciones no impidieron alargar la vida útil de la revolución bolivariana, junto con el apoyo de Rusia, China, Irán y Cuba. Un esquema donde las organizaciones criminales que crecieron en connivencia con el gobierno socialista también jugaron su rol. Fue justo esto último lo que terminó sentenciando al proyecto socialista que inauguró Hugo Chávez.

Para Trump el narcotráfico es una amenaza a la seguridad nacional, cuya peligrosidad se homologa a la del terrorismo yihadista. No existen términos medios en su corolario de la Doctrina Monroe, que vuelve a hacer del hemisferio occidental la esfera de influencia directa de EE.UU. sin oposición posible.

Quienes hemos sido testigos en terreno de la destrucción institucional, económica y social de Venezuela en múltiples visitas desde 1998, no podemos sino sentir cierto alivio por lo que esperamos sea el principio del fin de la pesadilla para ese país y la región. Porque Maduro y sus secuaces se encargaron, además, de exportar inseguridad a todo el continente.

En un escenario ideal, se inicia una transición a la democracia liderada por figuras valientes como María Corina Machado y riquezas petroleras para el beneficio de muchos y no unos pocos. Trump dio algunos indicios al respecto, pero solo cuando baje la euforia sabremos qué significa "conducir" Venezuela por un tiempo.

La reconstrucción será compleja. Uno de los países con las mayores reservas petroleras del mundo ha sufrido una de las peores destrucciones de riqueza sin una guerra de por medio. Los cuadros bolivarianos remanentes tienen mucho que perder. Se necesitará, por tanto, mucho apoyo de los gobiernos latinoamericanos que están más preocupados por la libertad del pueblo venezolano (como el de Chile a partir del 11 de marzo) que por la pertinencia de la operación militar.

Aún así, sectores de izquierda o del mundo que se fue van a preferir criticar a Trump, obviar la naturaleza criminal del régimen bolivariano e ignorar la historia de siete millones de venezolanos que salieron de su país.

Una historia que se empezó a escribir hace 26 años y que ayer tuvo uno de sus esperados capítulos finales. Pero aún no el definitivo.

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