Pesadilla impensada

Columna
El Mercurio de Valparaíso, 23.12.2025
Demetrio Infante Figueroa, abogado y embajador ®

El título de estas líneas quizás habría sido más adecuado para una serie de TV o para una película de cine. Pero no. Ellas tienen un objetivo muy diferente a lo que podía ser una de esas obras, aunque en realidad lo acaecido con la candidatura de la Sra. Jeannette Jara podría dar para una serie dramática. En lo personal, como creyente, doy gracias a la Virgen del Carmen y al padre Hurtado porque las cosas hayan acaecido como sucedieron.

La postulante comunista y la totalidad de los partidos que apoyaron su candidatura -ni en la peor de sus pesadillas- imaginaron la suerte que correría esa aventura electoral. Fue la más contundente derrota de los partidos de izquierda y de otros que originalmente tenían una posición política no marxista, como la DC y el PPD. Desde el lunes antepasado se ha iniciado una verdadera carrera de interpretaciones entre quienes estuvieron apoyando esa postulación y muy luego han aparecido importantes personajes desmarcándose del papel que jugaron en la campaña, aunque como diría un argentino “tienen cola de paja”. Hay otros que han llamado a que los conglomerados políticos “jaristas” deben entrar en un proceso de reflexión para estructurar un nuevo proyecto que “satisfaga las necesidades urgencias del pueblo”, ello cuando han tenido cuatro años para hacer algo al respecto. De acuerdo con lo que han indicado algunos líderes de esos partidos, habría que profundizar la postura de izquierda y “volver a las raíces del proyecto original”. En otras palabras, olvidarse de la urgencia de tener un equilibrio fiscal para crecer a un nivel perfectamente alcanzable, volver al “octubrismo”, renovarlos planteamientos revolucionarios originales y combatir los partidos de derecha y a los ricos que supuestamente la apoyan. Es decir, no han aprendido ni entendido nada.

Hoy el país desea tener seguridad para andar por las calles y para eso hay que olvidarse de la idea de elucubrar que los “malandrines” actúan por una urgencia social, que ellos no han sido considerados por la sociedad y que tienen una especie de derecho para “portarse mal”. Ah, y no hay que olvidar que tienen, al igual que el resto de los chilenos, la facultad de demandar el respeto a todos sus derechos humanos y “tratarlos con amor” como indicó doña Jeannette.

Me van a perdonar los personeros de izquierda, algunos son amigos míos, pero quienes atacan a personas indefensas para matarlas o robarles y, sobre todo, aquellos que están metidos en el negocio de las drogas, no tienen los mismos derechos humanos que yo y que usted, señor(a) lector(a). Esto lo he sostenido antes. Es tal el daño que hacen, que la sociedad debe reaccionar con una dureza antes no conocida. Así como se nos conculcó el derecho constitucional de desplazamiento o de reunión durante la pandemia, y nadie reclamó por ello, hoy los que pretendemos vivir en un Chile pacífico y que progrese -que somos la inmensa mayoría- debemos negarles a los narcos y a todos los que directa o indirectamente viven de ese negocio, el respeto a sus supuestos derechos. Al igual que sin chistar obedecimos los sabios mandatos que todos los días nos daba la doctora Daza sin que nadie protestara por ello, hoy los partidos de izquierda deben renunciar a la monserga de que todos los habitantes de este país tenemos los mismos derechos humanos. Me niego a ello. Los narcos y los suyos no tienen los mismos derechos que yo o que usted.

Claro que hay que reconocer que la candidata de izquierda tuvo que hacerse cargo de varios “lastres” difíciles de arrastrar. En primer lugar, tuvo que echarse al hombro, de una manera u otra, las múltiples brutalidades de la actual administración. Ese grupo de iniciados que llegó a cambiar todo y que se juntaron en un partido donde sobresalían tres jóvenes diputados -Boric, Jackson y Vallejos- no dejó cosa negativa por hacer. Ellos y los suyos fueron durante cuatro años un fracaso total. El más ideológico de ellos Jackson, después de haber pasado por varios ministerios y dejar una estela de escándalos y desaciertos, prefirió como diría un lolo de hoy “echarse el pollo” y volar al exterior. Curiosamente, hoy renace como el ave fénix y da pautas de cómo deben recuperar “el terreno perdido”. Qué decir de los originales ministros que eran parte de ese grupo “renovador”.

Para hablar de lo que conozco, desde un comienzo sostuvieron que, en política exterior, los acuerdos de libre comercio debían ser aprobados por una especie de consulta popular, lo que es una estupidez del porte de un templo. A lo anterior hay que recordar que la canciller original sostenía que la política exterior de Chile “debía ser esencialmente feminista”, sin que nadie haya podido explicar qué se pretendía con ello. Hasta el día de hoy los diplomáticos extranjeros se preguntan de qué se trataba. Cuando la catástrofe era ya generalizada, hubo que hacer cambios y convocar a esos “viejos políticos” que habían sido tan vilipendiados. En Cancillería hubo el intervalo lúcido de llamar a un hombre realmente capacitado, Alberto Van Klaveren, brillante conocedor del tema y muy preparado. Desde un comienzo dejó de lado las pautas prioritarias de su antecesora y trató de orientar la política internacional de Chile por canales adecuados. Claro que no estaba en sus manos corregir las barbaridades que su jefe hacía en el campo internacional. La última, de mantenerse sentado cuando el presidente de Argentina lo saludó.

Pero, más allá de esta excepción de convocar a algunos personeros que fueran un aporte, los representantes de este nuevo movimiento renovador, casi en su totalidad, pensaron que el bolsillo propio era el mismo que el del Estado y metieron “la mano en la lata” hasta donde pudieron. Adicionalmente, pensaron que los cargos de la administración pública eran una verdadera piscina a la cual había que saltar sin miramiento. Es así como llenaron el Estado de miles de “compañeros”, a los cuales, en un acto supremo final de barbarie, se pretende atornillar en sus cargos por medio de una ley antes no conocida en Chile. A esos ejemplos habría que añadir un sinnúmero de otros que conmovieron negativamente al país. Basta recordar al subsecretario Monsalve para obtener una muestra de los desvaríos de la actual administración. O la indescriptible estupidez que significa la declaración reciente de la ministra de la Mujer en orden a que la pretensión de la señora Kast de ejercer la posición que han ocupado ilustres mujeres como las cónyuges de los presidentes González Videla, Frei Montalva, Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos y Piñera no debiera ser. Esta declaración es posterior a la elección, pero constituye una buena muestra de la mentalidad de quienes han do gobierno en estos últimos cuatro años. Pues bien, la señora Jara tuvo que cargar con esos lastres. Lo que es peor, durante la campaña el actual gobierno no perdió oportunidad de darle “patadas en las canillas”, a la cuales ella se vio obligada a responder, lo que hizo aún más dramático el cuadro. Por último, en este brevísimo recuento, no hay que dejar en el tintero el Partido Comunista, en el cual la señora Jara orgullosamente sostiene que milita desde los 14 años. El senador Núñez, destacado miembro de la directiva de aquél y quien conoce bien de cerca -entre otras cosas- los dólares que el PC le debe al venezolano Maduro, sostuvo que no había que olvidar que el gobierno jarista sería eminentemente marxista, o el señor Carmona, jefe de la colectividad, vociferaba sobre el papel fundamental que su partido tendría en el nuevo gobierno. Estos y otros hechos produjeron que por primera vez apareciera ante la ciudadanía una clara división entre quienes dirigen a la colectividad de la hoz y el martillo. Al final, poco a poco, aquellos fueron cediendo en su postura, pues se recordaron del dicho popular “no me ayude tanto compadre”. Llegó a tanto esto que, si usted se fija en las últimas concentraciones organizadas por la candidata, las banderas del PC eran sólo rojas, sin otro signo. En definitiva, la señora Jara debió ponerle casi sola el pecho a las balas provenientes del fuego amigo.

Habría mucho más que escribir sobre este asunto, pero no tengo espacio. Sólo sueño que las ideas respaldadas por la inmensa mayoría que concurrió a las urnas para rechazar la actual senda se traduzcan en una nueva realidad que nos otorgue tranquilidad en el presente y esperanza para el futuro. Es efectivo que como nación estamos mal y que existe entre nosotros una especie de entrega en orden a que “esto no tiene arreglo”. No, si lo tiene, pero ello dependerá más de lo que aportemos cada uno de nosotros que de las habilidades de J.A. Kast y su gente, que dicho sea de paso son muchas. Todos pongámosle el hombro a las tareas que cada uno debe cumplir y pensemos en un Chile más próspero, que tenga un mejor presente y un futuro más halagüeño para nuestros hijos y nietos.

No hay comentarios

Agregar comentario