Entrevista (Pablo Cabrera Gaete, exembajador) ExAnte, 11.01.2026 Manuel Izquierdo
En diciembre, el exembajador en China, Rusia y el Vaticano lanzó su libro “La diplomacia tiene la palabra. Ayer, hoy y siempre”, donde aborda los principales desafíos de esa disciplina. A su juicio, el presidente Boric “se ha aventurado” en algunas declaraciones en materia internacional y, durante este gobierno, “algunos gestores de la política exterior no han dado el ancho”.
-¿Por qué la diplomacia tiene la palabra?
-La diplomacia es un arte, un oficio que está encaminado a construir puentes, solucionar problemas, neutralizar el conflicto. Es buenista porque busca los acuerdos más que las controversias. Y, por ser así, en Chile, por lo menos, ha estado muy subvalorada. Mucha gente cree que los diplomáticos viven en salones saludando gente y no hace nada. Hacía falta, en este libro, entregar una visión actualizada de la diplomacia de cara a los cambios que han sucedido.
La diplomacia tiene la palabra cuando tiene algo que decir. En un contexto de cambios, la diplomacia se tiene que ajustar a lo nuevo para buscar soluciones. El valor intrínseco que tiene no es por el gestor, sino por la contribución a la paz y a la seguridad, que son el bien más anhelado y menos alcanzado.
-En el libro das cuenta de un cambio de paradigma en el siglo XX desde una diplomacia centrada en la soberanía a una enfocada en la persona. ¿Por qué ocurre eso?
-Las políticas públicas se centraron mucho más en la persona que en la soberanía de los Estados, en enfatizar el valor de los derechos humanos como fenómeno. La tecnología y la digitalización cambiaron la intermediación natural de las instituciones. La diplomacia pasó a ser más ciudadana, porque hay temas que antes no estaban en su radar y entraron en la agenda de los Estados, pero también se encogió el globo terráqueo.
Eso ocurrió porque después de la Segunda Guerra Mundial había que resaltar la dignidad humana y se encontró el camino de los derechos políticos, económicos y sociales.
-¿Ese enfoque se mantiene hasta hoy?
-No en su totalidad. Se ha vuelto un poco a Westfalia, a la soberanía de los Estados. Y eso está hoy con un signo de interrogación enorme en cuanto a la inviolabilidad de las fronteras y la integridad territorial.
La geopolítica ha cambiado de fisonomía en lo que se refiere al ejercicio del poder. Cuando hay mayores actores en la toma de decisiones, cambia radicalmente la fisonomía del sistema. Pero con la digitalización y la inmediatez, el cambio ha sido más rápido que el sistema mismo, lo que ha provocado que el sistema sea insuficiente para responder a las necesidades actuales.
Así, la diplomacia muestra la necesidad de reflexionar sobre los temas para avanzar con mayor profundidad, porque análisis superficiales llevan a conclusiones erradas. Y, en el caso de los países, cuando las conclusiones son erradas, involucran a toda la comunidad.
-Es muy común por estos días ver a los jefes de Estado hacer política exterior por redes sociales. ¿Cuál es tu mirada de eso?
-Antes se elevaban a los presidentes recomendaciones para la toma de decisiones, y los presidentes la tomaban. Hoy, con la inmediatez y la geopolítica de los recursos, los presidentes toman decisiones y bajan la información a los ministerios para que la implementen. El problema es que un presidente nunca puede estar en conocimiento de todos los acuerdos que hay.
La diplomacia es representación, comunicación y negociación. En el caso de la comunicación, hay tanta información, que puede sobrepasar a la diplomacia. Ahí es donde está el valor quirúrgico de la diplomacia, su arte.
-Y una conversación o una negociación no tiene la misma profundidad que un tuit…
-El rigor en la diplomacia es muy importante, porque la palabra es la que vale. La palabra y el diálogo son centrales en la diplomacia. En todo caso, si fuera por declaraciones, estaríamos en guerra mundial hace tiempo.
-¿Pero ¿cuáles son los riesgos?
-Hoy, todos los riesgos son estratégicos, se unificaron, y comprometen a la sociedad entera. Los presidentes y los parlamentarios tienen que ser más cuidadosos y, sobre todo, los diplomáticos.
-Esta semana, tras la captura de Maduro, el presidente Boric hizo algunas declaraciones contra Trump en su cuenta de X. ¿Qué te parecieron? ¿Crees que fueron prudentes?
-Aquí hay una hay una decisión personal de acentuar ciertas diferencias, que tienen que ver quizás con su agenda futura. Como jefe de Estado, debe tener algunos resguardos por el posicionamiento estratégico del país. Él se ha aventurado, ha sido osado en algunas declaraciones en cuanto a la referencia a personas. No es lógico que se hagan declaraciones que después se tengan que explicar.
Los presidentes conducen la política exterior del país, de acuerdo con nuestra Constitución. Pero esta no es una situación exclusiva de Chile, sino que es habitual en muchos países: tener protagonismo cuando hay tanta información, cuesta.
-¿A qué atribuyes ese fenómeno?
-En Chile, al igual que en otros países, están como anclados en la política internacional del siglo XX y poco sintonizados con las demandas del siglo XXI. Las prioridades han cambiado, hay que resetear el software cívico, con el objeto de saber verdaderamente cuáles son las prioridades del país y ver dónde está ubicado en las zonas de influencia del nuevo orden internacional.
La pregunta que hay que hacerse es si todavía estamos en un momento de transición o estamos en un nuevo orden internacional. Los acontecimientos de estos días algo nos dicen al respecto.
-¿Cómo has visto el manejo de la política exterior de este gobierno que termina?
-Por ejemplo, ha habido hechos que han puesto en tela de juicio el normal desarrollo de la relación de socios estratégicos como Chile y Estados Unidos. Con los aranceles no se respetó el tratado de libre comercio. Pero en esto hay que ser pragmáticos, eso es fundamental para un país de porte medio como el nuestro.
También ha faltado conocimiento de la diplomacia y más rigor en su ejercicio. Algunos gestores de la política exterior no han dado el ancho y no responden a las características de un embajador. Yo distingo entre “embajadores de la política” y “embajadores de la carrera”. Los embajadores no requieren calificación, y todos cuentan con la exclusiva confianza del presidente, tengan el origen que tengan. Y deben responder a los lineamientos de la política exterior de Chile, porque son embajadores 24/7.
-¿Qué reflexión haces sobre el caso Pakarati?
-En el momento en que Pakarati hizo la primera declaración, en la entrevista de septiembre pasado, debieron traerla a Santiago. Ahí hay responsabilidad de muchos, porque si hace una entrevista hay funcionarios que tienen que advertirle de informar a sus superiores. Ella cometió una falta que no tiene cabida en la diplomacia, más allá de que lo que dijo va en contra de la característica de Chile como Estado unitario. Por eso es relevante fortalecer la Academia Diplomática, porque hay que tener diplomáticos muy capacitados.
-¿Se le debe retirar del servicio exterior?
-La atribución constitucional de pedirle la renuncia es del presidente de la República. Pero esto sienta un precedente preocupante. Los embajadores son responsables por sus actos y responden con su cargo.
-En materia de política exterior, ¿de qué cosas debiese preocuparse el presidente electo y por qué?
-Chile tiene un posicionamiento estratégico que tiene que revisar en cuanto a sus prioridades. Tiene que haber un reseteo de prioridades y, para eso, se requiere el consenso de los sectores del país. Chile tiene una ubicación privilegiada, y eso le da valor como actor en el escenario internacional, para actuar con independencia, responsabilidad y sentido de cooperación. No valen los emprendimientos de liderazgo porque no tenemos economía ni población para eso. No nos corresponde tener liderazgo, pero sí coordinar políticas en línea con los desafíos globales.

