Columna OG Review, 26.01.2026 Juan Salazar Sparks, embajador (r), cientista político y editor (OG)
La situación de virtual empate mantenida hasta ahora entre Xi Jinping y las facciones opositoras en el PC chino, después del intento de golpe palaciego del general Zhang Youxia a partir septiembre del año pasado (véanse los sucesivos editoriales de OG Reviews 135, 136 y 137 de 2025), se ha visto rota hace unos días luego de que el máximo líder chino ordenase el arresto de su enemigo militar (vicepresidente primero de la Comisión Militar Central) y de su segundo general Liu Zhenli, acusados de corrupción y deslealtad con el secretario general del PCCH.
La purga de militares
El enfrentamiento entre facciones pro y contra Xi Jinping, que diera lugar al golpe de Zhang Youxia, se produjo tanto por el poder excesivo del primero (culto de personalidad) como por una profunda y continua purga de militares, iniciada por Xi y continuada por Zhang para controlar el Ejército Popular de Liberación (EPL). El primero, para someterlo bajo el dominio del partido y, el segundo, para independizarlo del mismo (“nacionalizarlo”).
El golpe militar contra el líder chino no pudo prosperar a la larga, porque los “históricos” del partido (principalmente el prestigioso ex secretario general Hu Jintao) optaron por un reemplazo gradual de Xi Jinping, a fin de evitar que un cambio radical significara la muerte del PCCH. Zhang accedió a la petición de los políticos, en tanto que Xi bajó su perfil momentáneamente. Pero, en el interregno, el cuestionado líder reagrupó sus bases de apoyo hasta que decidió jugarse la carta del todo o nada: arrestar al general golpista.
El contragolpe de Xi Jinping
Durante la segunda semana de enero se conoció la sorpresiva noticia de que los generales Zhang Youxia y Liu Zhenli habían sido arrestados por orden de Xi Jinping y sus respectivas familias detenidas. De esa forma, parece definirse el impasse político chino con el triunfo del político sobre el militar.
Sin embargo, como dice el refrán chino: “la culebra se traga a un elefante, pero no lo puede digerir”. Y, aparentemente, los rumores del momento indicarían que Zhang y Liu habrían conseguido liberarse (“escapar del arresto”) y, seguramente, va a preparar su revancha. Ahora, la lucha será a muerte. O Xi Jinping termina por eliminar a todos sus adversarios, o bien, terminará siendo barrido política y personalmente para siempre.
¿Invasión de Taiwán o guerra civil?
En definitiva, la verdadera fortaleza y, al mismo tiempo, debilidad estructural de China, es su política. No así la inteligencia artificial, su alta tecnología o sus fuertes exportaciones. Y las proyecciones son que la situación va a empeorar: colapso económico, malestar popular, luchas geopolíticas.
El clima político chino es, por tanto, complejo, pudiendo desembocar en dos escenarios alternativos: (a) El autócrata Xi Jinping triunfa, pero para afirmar su dictadura personal luego de una desgastante lucha de poder procede a la invasión de Taiwán. Aprovecha también la coyuntura internacional planteada por las agresivas acciones de Donald Trump; o (b) El empecinamiento de un paranoico Xi lleva al país a una guerra civil que -a la postre- puede poner fin al régimen comunista.

