Columna El Líbero, 03.03.2026 José Luis Balmaceda, embajador (r) y presidente (Fundación Sinergia Humanitaria)
Chile alcanzó un hito ético y sanitario con la promulgación de la Ley 21.375, que consagra el acceso universal a los cuidados paliativos. Se trata de un avance ejemplar: reconocer que el alivio del sufrimiento es un derecho y no un privilegio.
Sin embargo, el éxito de una ley no se mide por su publicación en el Diario Oficial, sino por su capacidad de transformar la realidad clínica. Hoy enfrentamos un desafío estructural de implementación. La brecha entre el derecho consagrado y la cobertura efectiva revela limitaciones críticas en capital humano, infraestructura, coordinación territorial y financiamiento. Cerrar esa brecha exige una visión de Estado.
La magnitud del desafío: una necesidad demográfica, no una opción política
La urgencia de consolidar un modelo sólido no es una opinión; es una consecuencia de nuestra transición demográfica. En 2021 se estimaba que más de 117.000 personas en Chile requerían cuidados paliativos. Para el año 2050, esta cifra superará las 208.000 personas, lo que representa un aumento cercano al 80%.
De ese total, más de 58.000 se encuentran en su fase terminal, mientras una cifra similar vive con enfermedades crónicas avanzadas que generan sufrimiento severo y alta dependencia.
Además, el crecimiento más acelerado no provendrá exclusivamente del cáncer. Las enfermedades neurodegenerativas, cardiovasculares y las demencias —directamente vinculadas al envejecimiento poblacional— concentrarán la mayor presión futura sobre el sistema sanitario.
Chile envejece rápidamente. Y con ello, aumenta la complejidad clínica, social y ética del cuidado.
Superar la brecha estructural: el reconocimiento de la especialidad
Para escalar el sistema, el primer obstáculo es el déficit de capital humano. La medicina paliativa aún no cuenta con reconocimiento formal como especialidad médica autónoma en Chile.
Esta carencia limita:
- La creación de programas de residencia estructurados.
- El desarrollo de investigación clínica nacional.
- La planificación estratégica de recursos humanos.
- La atracción de talento joven al área.
Sin especialistas formados de manera sistemática, la ley corre el riesgo de transformarse en una estructura sin cimientos.
Reconocer la especialidad no es un gesto corporativo; es una decisión de planificación sanitaria de largo plazo.
Incorporando el know-how europeo: cooperación como acelerador estratégico
Chile no necesita recorrer este camino en solitario. Europa ha desarrollado modelos maduros que equilibran alta eficiencia técnica con profunda humanización del cuidado. Una cooperación estructurada permitiría acelerar aprendizajes críticos y evitar errores de diseño.
Reino Unido: integración temprana y modelo Hospice (Hospicio)
El modelo del Reino Unido es considerado referente global en integración temprana de cuidados paliativos.
La clave británica es conceptual: los cuidados paliativos no comienzan al final, sino desde etapas avanzadas de la enfermedad. La integración precoz mejora calidad de vida, reduce intervenciones desproporcionadas y optimiza costos al disminuir hospitalizaciones evitables.
Asimismo, el Reino Unido ha perfeccionado la infraestructura tipo hospice —centros intermedios entre hospital y domicilio— que permiten una atención especializada en entornos de escala humana. Chile necesita desarrollar este nivel intermedio para descongestionar hospitales y ofrecer alternativas dignas al final de la vida.
Bélgica: regionalización y cobertura territorial
Bélgica destaca por su planificación regional y equipos móviles especializados. Su modelo organiza la cobertura territorial mediante unidades coordinadas que integran hospitales, atención primaria y atención domiciliaria. Para Chile, donde persisten brechas significativas en zonas rurales y extremas, la regionalización planificada es una lección clave.
La cooperación podría enfocarse en transferencia metodológica para planificación territorial, diseño de redes integradas y protocolos de derivación eficiente.
Países Bajos: barrios compasivos y apoyo al cuidador
En los Países Bajos, el eje está en la atención domiciliaria comunitaria y en el fortalecimiento del cuidador informal.
El modelo de “barrios compasivos” integra voluntariado, comunidad y sistema sanitario para acompañar a pacientes y familias. En Chile, donde el cuidado recae mayoritariamente en mujeres y muchas veces sin apoyo formal, este enfoque permitiría:
- Reducir sobrecarga familiar.
- Mejorar educación sanitaria.
- Humanizar el proceso de enfermedad avanzada.
- Disminuir hospitalizaciones innecesarias.
La cooperación europea podría incluir pasantías clínicas, asesorías regulatorias y pilotos territoriales en comunas seleccionadas.
Sostenibilidad y política de Estado
Para cubrir a los aproximadamente 25.000 pacientes anuales proyectados bajo implementación plena de la ley, la planificación no puede ser reactiva ni depender de ciclos presupuestarios de corto plazo.
Se requieren tres pilares estructurales:
(1) Financiamiento permanente y trazable: garantizar fármacos esenciales, expansión de equipos domiciliarios y telemedicina especializada.
(2) Mesa Técnica de Cooperación Internacional, liderada por el Ministerio de Salud, con el apoyo de Cancillería, para canalizar transferencia de conocimientos desde Europa.
(3) Plan Nacional de Infraestructura Paliativa, que incluya hospicios y centros de cuidados intermedios de baja complejidad hospitalaria y alta calidad humana.
Sin arquitectura institucional, la ley pierde capacidad transformadora.
Liberar el hospital para el paciente agudo
La crisis de los cuidados paliativos no sólo se vive en los hogares; también tensiona silenciosamente la red hospitalaria.
Cerca de 1.000 camas del sistema público permanecen ocupadas por pacientes sociosanitarios sin red externa adecuada. Estas camas fueron diseñadas para medicina aguda y procedimientos de alta complejidad.
El costo fiscal supera los 10 millones de pesos anuales por persona, pero el impacto es más profundo: cada cama bloqueada implica cirugías postergadas, listas de espera extendidas y presión adicional sobre equipos clínicos.
Fortalecer hospicios y atención domiciliaria especializada no es sólo un acto de humanidad. Es una estrategia de eficiencia sistémica.
Cada paciente derivado oportunamente a un sistema paliativo especializado libera capacidad hospitalaria crítica, optimiza el uso de recursos de alta complejidad y mejora la experiencia clínica global. Los cuidados paliativos no compiten con la agenda hospitalaria: la ordenan.
Conclusión
La Ley 21.375 abrió una puerta histórica. Ahora corresponde construir el sistema que haga efectivo ese derecho. Chile enfrenta una transición demográfica irreversible. Si no planificamos con anticipación, la demanda superará nuestra capacidad instalada. Pero si actuamos con visión estratégica, podemos transformar este desafío en una modernización profunda del sistema sanitario.
Convertir los cuidados paliativos en una política de Estado implica:
- Reconocer formalmente la especialidad médica.
- Asegurar financiamiento estructural.
- Desarrollar infraestructura intermedia.
- Articular cooperación internacional técnica de alto nivel.
Si logramos integrar nuestra normativa con la experiencia acumulada por países líderes, Chile no sólo cerrará la brecha entre derecho y cobertura. Podrá construir un modelo moderno, financieramente racional y profundamente humano.
Porque garantizar cuidados paliativos no es únicamente una obligación sanitaria. Es una definición ética sobre el tipo de sociedad que decidimos ser frente a la vulnerabilidad, el envejecimiento y el final de la vida.

