Columna El Periódico, 03.05.2026 Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España
Richard Nixon, exasperado con la guerra de Vietnam le dijo a Kissinger que hiciera creer que estaba dispuesto a cualquier barbaridad para acabar victorioso aquella guerra. Se llamó “the madman theory”. Y ahora Donald Trump parece dispuesto a hacer lo mismo para que los iraníes crean que realmente está dispuesto a “devolverles a la Edad de Piedra” y que cedan a sus exigencias en la negociación nuclear y reabran Ormuz.
A diferencia de Nixon, lo de que Trump no está bien de la cabeza es más creíble porque lo avalan algunos psiquiatras que le detectan trastornos de personalidad, y eso nos puede afectar porque últimamente la ha tomado con nosotros después de que Pedro Sánchez la tomara con él porque ha encontrado ahí una mina muy rentable en política doméstica, tanto para acosar a una oposición desnortada como para reanimar a su tambaleante coalición de investidura que vitorea lo del “No a la guerra” como si alguien estuviera a favor.
¿Conocen ustedes a alguien, además de Rambo? No digo que Trump tenga razón porque se la doy con matices a Sánchez cuando se opuso a destinar el 5% del PIB a la OTAN (luego firmó como todos los demás) porque lo importante no es gastar más sino gastar mejor, aunque de esto discrepan nuestros socios europeos que también desearían invertir más en Educación o Sanidad. También estoy de acuerdo con Sánchez cuando criticó la desproporcionada respuesta israelí en Gaza al brutal terrorismo de Hamás, y cuando reconoció al Estado Palestino. Y lo estoy en considerar que la actual guerra de Irán viola el Derecho Internacional y es oportuno denegar del uso de nuestras bases y espacio aéreo. Pero, aunque tengamos razones y razón, Trump anda muy enfadado con España, no para de repetirlo, y como es hombre de ideas fijas e implacable con quienes considera enemigos, sean periodistas, jueces o políticos, lo inteligente sería poner nuestras barbas a remojo porque es mejor prevenir que curar.
Hace unos días se ha filtrado a la prensa un documento interno norteamericano que analiza alternativas para castigar a España y al Reino Unido, que son los países que más han irritado a Donald por considerarlos muy poco solidarios con su guerra de Irán. Lo repite machaconamente. Ese papel menciona echar a España de la OTAN y apoyar la reivindicación argentina sobre el archipiélago de las Islas Malvinas (Milei es muy amigo de Donald). Echarnos de la OTAN es imposible, aunque podría impedir que militares españoles accedan a mandos importantes en la Organización, excluirnos de la protección del artículo 5 si somos atacados, o también podría retirarse de las bases de Rota y Morón, aunque eso le saldría carísimo y llevaría varios años. Luego también amenazó con retirar tropas de Alemania e Italia.
Algunos en EEUU y Marruecos ya juegan con una idea inspirada en las Malvinas para sugerir que igual que Washington ha apoyado la soberanía marroquí sobre el Sahara también podría apoyar su reivindicación sobre Ceuta y Melilla, pasando por alto que allí no viven 3.500 británicos sino 160.000 españoles, y que no están a 13.000 kilómetros de la metrópoli sino a tan solo 14, por no extenderme en consideraciones históricas y jurídicas que aumentan las diferencias. Pero con alguien tan imprevisible e ignorante como Trump sería conveniente que el gobierno reactivara el Plan Integral sobre ambas ciudades que prometió en 2023 y que duerme el sueño de los justos, o recuerde su oferta de meterlas en el mercado interior y en el Comité de las Regiones, así como presione para abrir una aduana en Ceuta y reabrir la de Melilla, una promesa hecha cuando abandonó de repente a los Polisarios, y ahora que Rabat trata de asfixiarlas comercialmente.
Sin olvidar que no deja al rey Felipe visitar Ceuta y Melilla (!). ¿Cuándo lo hará? No entiendo tanta zalema. Un artículo reciente de semanario TelQuel, próximo a los servicios secretos de Marruecos, habla de la “fascinación” de Sánchez con el país vecino y a mí también me fascinan su historia y su cultura, pero no su política. Los militares vienen advirtiendo del acelerado rearme de Marruecos en los últimos años, y sus relaciones con EEUU se han estrechado tras reconocer diplomáticamente a Israel y depositar mil millones de dólares en esa entelequia que es el Board for Peace de Trump. Sin alarmismos y menos con el campeonato mundial de fútbol en 2030 entre España, Portugal y Marruecos, pero aprovechando el tiempo.

