Columna El Líbero, 07.01.2026 Jorge G. Guzmán, abogado, exdiplomático y profesor/académico (U. Autónoma de Chile)
La captura de Nicolas Maduro -un dictador que “pobló” de presos políticos las cárceles de su país y “exportó” al continente millones de venezolanos huidos de la corrupción y otras maravillas del chavismo- no debe impedir reconocer que la operación militar norteamericana que lo “destronó” supuso la violación de una serie de principios de Derecho Internacional.
El hecho coyunturalmente positivo no debe impedir observar que -por consistencia con nuestra tradición político-diplomática y por razones de esencial prudencia y realismo- debemos ser cautos al evaluar lo que está ocurriendo en Venezuela.
Se trata de un asunto extremadamente complejo, en el que nuestra capacidad de influencia es limitada, y en el cual aún no existen condiciones para aportar a su normalización.
La ‘cuestión de principios’
Si la remoción de Maduro tiene aspectos positivos, la forma de hacerlo es -conforme con el Derecho- ilegal. Ambas afirmaciones son correctas. El hecho de que “está era la única manera de remover al dictador” no cambia la “cuestión de principios”.
La conocida Resolución 2625 de la Asamblea General taxativamente estableció los principios básicos de Derecho que deben regular la relaciones entre los Estados. El “esencial entre los esenciales” es aquel de la obligación de “abstenerse a recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o -relevante en este caso- la independencia política de cualquier [otro] Estado”. Lo contrario constituye “un crimen contra la paz”.
Durante la crisis de 1978 con Argentina ese principio articuló la lógica esencial de nuestra tesis político-diplomática.
Tan serio como lo anterior es el hecho de que la captura Maduro y su esposa -en su domicilio en Caracas para que comparezcan ante un juez de Nueva York- implica que, para Estados Unidos, el idénticamente fundamental principio de extraterritorialidad de la ley tiene “excepciones”. In extremis, que en cualquier parte del mundo cualquiera de nosotros puede ser arrestado por agentes de Estados Unidos, si así lo solicita un tribunal norteamericano y/o lo desea su gobierno.
Si antes la jurisdicción norteamericana se extendió a los casos de capos de la droga colombianos y mexicanos, ahora se aplica -aunque nos disguste- a un Jefe de Estado reconocido por la comunidad internacional.
Muchos más que “un detalle”.
Diplomacia impulsiva
Junto con otros gobiernos “progresistas”, el chileno desperdició la oportunidad para limitarse a expresar “preocupación”, y optó por precipitarse a condenar la operación norteamericana focalizando la crítica en la violación del Derecho. Esa declaración, sin embargo, omitió mencionar el carácter ilegítimo del gobierno de Maduro.
Tal omisión puso a Chile “en la vereda del frente” respecto de Estados Unidos y, al menos hasta marzo, en el sector que, también “por omisión”, justifica la ilegitimidad del régimen chavista.
En cambio, en su declaración sobre el asunto, la Unión Europea dejó constancia de su “preocupación” por la naturaleza de la operación norteamericana, pero llamó la atención sobre “la ausencia de legitimidad internacional” del gobierno de Maduro. Esa reacción balanceada no sólo evitó un conflicto frontal con el gobierno de Trump, sino que reservó a Europa espacio político suficiente para intervenir en el proceso político que vendrá.
Ese proceso ocurrirá en un contexto regional y global esencialmente confuso, habida cuentas de -entre muchos aspectos- sus inciertas repercusiones geoeconómicas y geopolíticas globales. Hay que observar que aún no está claro el impacto del incidente sobre las relaciones con China (¿precedente para la invasión pendiente de Taiwán?) y Rusia (mediación norteamericana para la paz en Ucrania).
Está por verse si China y/o Rusia (o Irán y Corea del Norte) resistirán la tentación de reforzar su cooperación con la Venezuela de Delcy Rodríguez. Si esos países aumentaran su apoyo material al régimen chavista, en el contexto de la acepción ad hoc que el propio presidente Trump ejercita de la “Doctrina Monroe” («América para los americanos», en la práctica “para Estados Unidos”), las repercusiones a nivel hemisférico serían enormes.
La transición venezolana
Más allá del apoyo que entre la propia población venezolana tiene la operación militar norteamericana, las subsiguientes expresiones de Donald Trump respecto de que su país “se hará cargo de Venezuela” suponen otra incógnita de grandes proporciones.
El diálogo al parecer en marcha con la nueva presidenta (un personaje igualmente discutido) no han aportado, hasta aquí, clarificaciones. Se puede suponer que, unilateralmente, el gobierno norteamericano intentará imponer condiciones para una transición que se avizora compleja. Por ahora, tampoco está claro el grado de apoyo interno que tendrá Rodríguez.
También sabemos que la ecuación del gobierno norteamericano incluye un “ninguneo” a los lideres opositores Edmundo González y Corina Machado, lo cual puede leerse como que el propio gobierno norteamericano pretende representar los intereses de la oposición venezolana. Inédito.
Diplomacia y ethos republicano
En todo esto vale hacer memoria respecto de que, con posterioridad a la crisis de los misiles soviéticos en Cuba (1962), el gobierno conservador del presidente Jorge Alessandri se resistió -por razones de principios- a romper relaciones con La Habana para satisfacer la exigencia norteamericana de aislar al castrismo. La ruptura de relaciones con Cuba sólo ocurrió (en condiciones de enorme presión política) una vez asumido el gobierno social cristiano del presidente Frei Montalva (1964).
Este es un ejemplo importante para tener en cuenta para la recomposición de las capacidades de nuestra diplomacia, pues ilustra nuestro ethos republicano que, hasta hace algunos años, aseguró dignidad, peso específico y respeto internacional a nuestro sistema político y a nuestra inserción en el mundo.
Recuperar ese prestigio y esa credibilidad, sin exponernos a ser involucrados en conflictos menos importantes para el interés de Chile, es urgente y necesario.

