Columna Realidades & Perspectivas, N*143 (febrero-marzo 2026) Milos Alcalay, exviceministro de RR.EE. y encargado internacional (comando María Corina Machado)
El 3 de enero de este año se produjo en Venezuela un terremoto político de efectos inimaginables para el futuro del país. Ese día, a través de una operación militar relámpago, Estados Unidos realizó la extracción de Nicolás Maduro y de su brazo derecho, la primera combatiente y diputada Cilia Flores.
Transcurridos tres meses, los dirigentes máximos de la revolución bolivariana se encuentran sometidos a juicio en Nueva York, mientras que su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, ha asumido el interinato del país bajo el monitoreo directo del presidente Donald Trump.
La insólita acción militar ha sido caricaturizada con una jocosa comparación como si los aliados de la II Guerra Mundial entraran a Berlín y después de una epopeya militar, se contentaron con llevarse a Hitler y Eva Braun, pero dejaran a Himler o Goebbels en el interinato para acabar con el nazismo.
Es cierto que la tutela americana ha logrado frenar la dominación escandalosa de los últimos 27 años y, en cierta medida, ha asegurado la transparencia de la exportación petrolera y la colocación de oro y materiales raros gracias a las improvisadas Ley de Hidrocarburos y de la Ley de Minas, vigilada su ejecución de cerca durante las visitas de altos funcionarios gringos como el secretario de Energía Chris Wright o el secretario del Interior Dog Burgum.
Esa nueva relación ha llevado a que se sustituyeran los beneficiados anteriores Cuba, China, Irán, o Rusia. También se iniciaron algunas excarcelaciones de presos políticos, basados en una incompleta Ley de Amnistía, mientras las cárceles se abren de manera selectiva.
Para Washington, la nueva relación le permite sentirse más segura al alcanzar un mayor control sobre el narcotráfico, reducción de la inmigración ilegal y mayor control sobre las actuaciones de grupos extremistas como Hamas o el Hezbolá en territorio venezolano.
Este hecho lo han podido verificar en sus visitas el director de la CIA John Ratcliffe, el jefe del Comando Sur Francis Donovan, o el subsecretario de Guerra Joseph Humire por no mencionar sino algunos de los visitantes frecuentes de Miraflores, quienes son recibidos al más alto nivel en el Palacio de Gobierno, siempre con banderas de los dos países en su nueva relación privilegiada. Todo ello, coronado con el pleno reconocimiento de relaciones diplomáticas con la embajadora Laura Dogu y su equipo, quienes tienen como misión principal verificar que se cumplan las tres etapas definidas por el secretario Marco Rubio, (estabilización, recuperación, transición). A su vez, reciben la designación como embajador de Venezuela Washington DC al excanciller Felix Plasencia.
Lo esencial para la inmensa mayoría de venezolanos es sustituir a los responsables de la catástrofe del país, convocando unas elecciones libres. Pero lo esencial para la inmensa mayoría de venezolanos es sustituir a los responsables de la catástrofe del país convocando unas elecciones libres. Esta aspiración parece aún muy lejana, porque en la agenda bilateral no se definen las bases del nuevo status juris, ni los pasos para restablecer el Estado de Derecho, ni las garantías para alcanzar la Libertad y la Democracia, ni permitir el regreso de la líder incontestable de la inmensa mayoría, la Premio Nobel de la Paz 2025 María Corina Machado, ni de centenares de exiliados venezolanos que se encuentran en el exterior.
A Trump hay que reconocerle que con su intervención dio un paso más allá de resoluciones internacionales sin mucho efecto, a tutelar el interinato. Pero tanto para él como para Delcy, el paso a la transición marcha a ritmo lento, mientras que para María Corina y sus seguidores, el cambio es urgente.

