Tierras Raras

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El internacionalista del fin del mundo, 08.03.2026
Juan Pablo Glasinovic Vernon, abogado (PUC), exdiplomático y columnista

En esta columna nos vamos a enfocar en las materias primas que sustentan el poder tecnológico de las potencias y que, por tanto, se han convertido en un factor determinante en la competencia hegemónica global.

Las tierras raras son minerales críticos para aplicaciones como motores de aviones de combate, sistemas de guía de misiles, radares de alta precisión, tecnologías de visión nocturna, vehículos eléctricos, aleaciones avanzadas, láseres y electrónica de consumo.

Las tierras raras se dividen en ligeras y pesadas y están compuestas por 17 minerales los cuales, para quienes vimos la tabla periódica de los elementos en el colegio, nunca fueron abordados más allá quizá de alguna mención. Pero considerando que son insumos críticos en los tiempos que corren, no está de más mencionarlos y generar cierta memoria: Lantano, Cerio, Praseodimio, Neodimio, Prometio, Samario, Europio, Gadolinio, Terbio, Disprosio, Holmio, Erbio, Tulio, Iterbio, Lutecio, Escandio, Itrio.

Desde los años 90 del siglo pasado, China desarrolló una estrategia nacional para hacerse del control de la producción, procesamiento y comercialización de estos minerales, entendiendo su rol crítico en la carrera tecnológica. Esto se hizo con ingentes subsidios estatales en todos los eslabones de la cadena y a un alto costo ambiental, pero consolidó a este país como el líder indiscutido en la materia, con el 70% de la producción mundial (con yacimientos muy significativos en su propio territorio) y el 90% de la capacidad de refinación y procesamiento.

Como corolario de ese control y en el contexto de la competencia y guerra comercial con Estados Unidos, China impuso en octubre del 2025 controles estrictos a la exportación de tierras raras y tecnologías asociadas, apuntando especialmente al país norteamericano y a Japón.

Las medidas incluyen licencias obligatorias, inclusión de empresas extranjeras en listas de entidades “no confiables” y prohibiciones directas de exportación. Esto incluye exigir permisos especiales incluso a empresas extranjeras que exporten productos fabricados fuera de China pero que contengan 0,1% de tierras raras de origen chino. 34 empresas, mayormente estadounidenses y niponas y muchas del sector defensa, quedaron excluidas del comercio e inversiones con China.

El objetivo declarado es proteger la seguridad nacional, pero en la práctica funciona como herramienta geopolítica en la disputa tecnológica global.

Tras nuevas negociaciones con Estados Unidos, se pactó una tregua comercial y el 7 de noviembre de 2025 China anunció que suspendía por un año estas restricciones.

Ante esta situación y la posibilidad de quedarse sin acceso a estos insumos estratégicos y sin alternativa de reemplazo en el corto plazo, Estados Unidos ha impulsado una estrategia prioritaria y urgente para terminar con su dependencia de China, entendiendo que su liderazgo militar depende de aquello.

El plan contempla la instalación de una coalición internacional, creando reservas estratégicas, fijando precios mínimos y aumentando la intervención estatal directa para reducir su dependencia del procesamiento chino de tierras raras.

Es así como en febrero pasado, en Estados Unidos bajo la dirección del secretario de Estado Marco Rubio y con la concurrencia del vicepresidente Vance, tuvo lugar una conferencia a la cual asistieron 55 países para coordinar estándares, subsidios y compras garantizadas.

Junto con crear una alianza internacional para disputarle a China el control de los yacimientos repartidos por el mundo y generar capacidad de refinación no china, el gobierno estadounidense ha comenzado a intervenir directamente en su sector doméstico con varias líneas de objetivos, buscando crear una cadena completamente autárquica. Entre las prioridades está la manufactura de imanes.

Además de una amplia alianza, Estados Unidos ha buscado también empujar el tema con aliados que tengan la capacidad de desarrollar más rápidamente una estructura de procesamiento y/o que tengan tierras raras. Entre el año pasado y este suscribió acuerdos en esa línea con Japón y Australia.

En un sistema internacional que se está fundando en el poder duro de los estados, la producción de estos insumos sale de la lógica meramente comercial y se ha convertido en un tema de seguridad nacional.

¿Qué significa esto para América Latina?
La región tiene grandes reservas de tierras raras y otros minerales críticos, pero produce y procesa poco. Brasil y Chile son los dos candidatos más claros para convertirse en plataformas de suministro alternativo para Estados Unidos, Europa y Japón en el corto plazo.

Brasil tendría cerca de un cuarto de las reservas mundiales de tierras raras, pero su extracción aún es limitada. Hay que destacar el desarrollo de la mina Serra Verde (Goiás), primer proyecto fuera de Asia que produce varias tierras raras para imanes de autos eléctricos y turbinas eólicas. Este proyecto ha sido apoyado con un préstamo de USD 565 millones de la U.S. International Development Finance Corporation (es decir, capital político‑estratégico de Estados Unidos).

Por sus reservas y su puesta en producción, Brasil sin duda que fortalecerá su peso internacional. Considerando su tradicional búsqueda de una autonomía estratégica que en el último tiempo ha diferido más de la política exterior y de los objetivos estadounidenses, será una mejor alternativa de aprovisionamiento para el propio Estados Unidos, si bien no incondicional.

En cuanto a Chile, su rol en esta dinámica se puede ver desde dos ángulos. Ya es una potencia en la producción de minerales críticos “clásicos” como el cobre y el litio, aunque en este último mineral hay una importante copropiedad china. En efecto, la empresa Tianqi controla el 22% de la gigante nacional SQM.

Como reflejo de la pugna entre las potencias por el control de los insumos críticos, Tianqi se opuso al reciente acuerdo Codelco–SQM para explotar el Salar de Atacama, alegando una enajenación relevante de activos y un cambio en el control operativo de SQM, cuando en el fondo eso se traduce en una menor injerencia en el control del litio en Chile de la mano de esta empresa.

En el ámbito de las tierras raras, existe un proyecto del consorcio Aclara Resources (empresa canadiense controlada por el grupo Hochschild) y CAP cerca de Penco, que ha estado trabado por una larga tramitación ambiental, pero que espera poder tener luz verde este año y, de ser así, comenzar su producción en 2028. Estas tierras raras son aptas para la producción de imanes de autos eléctricos, turbinas eólicas y para la industria de la defensa en general.

De iniciarse la producción de este yacimiento, Chile sin duda reforzaría su condición de proveedor estratégico de minerales críticos, lo que, bien manejado, también podría contribuir a apuntalar un mayor blindaje de autonomía en las pugnas entre Estados Unidos y China.

Otros países de la región también podrían escalar en esta cadena en reconfiguración, particularmente Bolivia y Perú.

Los escenarios y sus desafíos son los siguientes:

- Modelo mínimo: exportar concentrados de tierras raras y otros críticos, dejando su refinación y procesamiento en otros países.
- Plataforma de procesamiento: instalar plantas de separación y refinado (como Serra Verde en Brasil).
- Generar nodos de manufacturas a partir de las tierras raras.

En el primer caso, sin perjuicio de sumar ingresos importantes, estaríamos extendiendo el esquema preponderante de exportación de minerales, sin aprovechar estratégicamente la ventana de influencia que abre esta materia estratégica.

El segundo escenario exige capital intensivo y know‑how tecnológico que podría captarse del mismo Estados Unidos o incluso de Europa, región en mayor desventaja en esta carrera para disminuir su dependencia. En este escenario habrá costos ambientales y sociales, pero permite capturar más valor y ganar peso geopolítico.

Finalmente está la posibilidad de desarrollar un nodo industrial verde (en contraposición a la producción china), construyendo piezas y componentes. Esto podría apoyarse en las energías renovables e incluso profundizar su expansión.

La región podría aprovechar su amplia red de tratados comerciales y su cercanía geográfica con Estados Unidos para este comercio.

Sin embargo, es el escenario más ambicioso, pero también el más difícil política y tecnológicamente porque Estados Unidos y China pueden presionar para asegurar contratos, financiamiento, estándares y en ese contexto, nuestra región corre el riesgo de ser campo de disputa, no sujeto estratégico.

El contexto en configuración abre interesantes oportunidades para América Latina, pero exige una visión estratégica con un rol preponderante del Estado para asegurar ciertas condiciones y mantener el control nacional, sumando a la iniciativa privada.

En ese esquema hay que pensar en negociar alianzas tecnológicas y no quedar limitados al rol de proveedores, usando la legitimidad ambiental como activo geopolítico.

Pero no será suficiente una conducta o estrategia individual nacional. Debe haber una articulación regional en la lógica del sistema que está potenciando Estados Unidos. Si logramos constituir un bloque dentro del conjunto mayor, estaremos elevando nuestra importancia estratégica, pero también nuestra autonomía.

Ojalá los gobiernos de nuestros países incluyan explícitamente en sus diseños de política exterior a los minerales críticos.

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