Editorial OpinionGlobal, 27.10.2025
El Plenario
Y, finalmente, entre el 20 y el 23 de octubre pasado se realizó el IV Plenario del Comité Central del Partido Comunista Chino en Beijing (205 miembros titulares y 171 suplentes). Tras puertas cerradas y en total secreto, los máximos dirigentes comunistas se reunieron para debatir el XV Plan Quinquenal de Desarrollo Económico, que contempla para China en el período 2026-2030 un alto crecimiento económico; tecnología de punta; más inversión en sectores estratégicos; y energías limpias.
Antes y durante el evento, se sucedieron diversos hechos que pusieron de relieve la inestabilidad de la alta jerarquía del PC chino. Así, pocos días antes y, ante el silencio completo de los medios estatales, el ministerio de defensa anunció una purga de nueve generales (todos ascendidos por Xi), que sumados a los casos anteriores representan al 10% del generalato. Al primer día de sesiones, se constató un alto ausentismo, puesto que 61 miembros, entre delegados y suplentes, no se presentaron al plenario (aparentemente por razones políticas). A la par, se tuvo noticia de cambios de embajadores, en particular la remoción de Li Chenggang, el representante de China ante la OMC, un diplomático “guerrero” personalmente promovido por Xi Jinping en marzo de este año.
El plenario fue dirigido por el histórico Wen Jiabao, quién llamó a la unidad del partido, al abandono de su curso de extrema izquierda, y a retomar las reformas y aperturas para convertir el desarrollo en el centro de la política nacional. Luego, éste solicitó a los delegados expresar sus puntos de vistas. En su discurso, Xi si bien reconoció algunos errores no ofreció voluntariamente la renuncia a sus cargos. Sí se produjeron, en cambio, las remociones de importantes aliados suyos, como el primer ministro desde 2023 Li Qiang; Cai Qi (director de la oficina central del CC); Wang Huning (principal ideólogo del partido); y Li Xi (miembro del Politburó).
Por su parte, el general Zhang Youxia, líder de la facción “Militar”, sostuvo que su apoyo a Xi Jinping en 2023 para un tercer mandato había sido un error, dado el deterioro de la economía, el malestar popular y la represión. Por ello, propuso tanto al reformista Wang Yang (antiguo protegido de Wen Jiabao) para que asumiera como secretario general interino del PCCH, como a sus generales de confianza Li Yuan y Zhang Shengmin para la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, de la Comisión Militar Central (CMC). Este importante órgano de siete miembros quedó reducido por el momento a 4, sin Xi y todos militares.
Cada uno de estos episodios permite explicar entonces: el extraño quiebre acaecido en el aparato de propaganda del partido (por ello el silencio de los medios); el creciente rol asumido por el mando castrense; y diversas señales sobre un supuesto golpe silencioso para poner fin al liderato unipersonal de Xi Jinping y a su facción “Maoísta Roja”.
Lucha de poder
Está claro que Xi Jinping pudo sobrevivir el IV Plenario del Comité Central del partido, ya que sigue manteniendo dos de sus tres cargos actuales: presidente de China (ceremonial) y secretario general del PC (pero secundado por el reformista Wang Yang como interino). Sin embargo, sobrevivir no significa salvarse. Xi no fue derrocado, sino aparentemente inmovilizado. Mantiene dos títulos, pero ha perdido su base de poder, que son: 1) El Control militar, 2) La conducción ideológica, ahora inclinada hacia la “Vieja Guardia” y los “Reformistas” y 3) El liderazgo del gobierno, que ya no sería personal sino colectivo.
Todos se preguntan, entonces, en qué quedó el presunto golpe militar contra Xi y por qué no se produjo un cambio de mando oficial. Al parecer, las propias facciones anti-Xi “se echaron para atrás”, a fin de que Xi "salvara cara" con una salida más elegante (gradual y pacífica).
¿Cuál habría sido la negociación?
No habiendo un procedimiento democrático para la sucesión del liderazgo político en China (dictadura comunista), la verdad es que el juego de ajedrez planteado en el plenario parece haber terminado en “tablas”. Es una victoria “pírrica” para Xi Jinping, ya que sus empoderados opositores no fueron capaces de resolver el dilema que planteaba la remoción inmediata del líder. Salvo los militares que estaban totalmente jugados, porque las purgas afectan su institucionalidad, los opositores civiles buscaban la unidad y temían que un derrocamiento de Xi arrastrase la caída del partido y, eventualmente, un cambio de régimen.
La mayoría de históricos y reformistas quiere cambiar el rumbo, pero no el sistema. De allí que se cocinara una suerte de tregua por la que Xi mantiene su autoridad política, aunque sometido a un proceso de degradación gradual del poder unipersonal, pero ya no domina el EPL, porque se ha independizado del partido (proceso de la "nacionalización del ejército").
El "balance del terror" existente es, por decir lo menos, precario y peligroso, porque produce un vacío de poder que siempre alienta la lucha fratricida entre los actores en pugna. Según algunos analistas (Katherine Hu en FinalWar del 25.20.2025), la tregua sólo servirá para que el actual líder intente ganar tiempo para reponer sus bases de apoyo y volver a la carga. La creciente oposición (militares y políticos), en tanto, tiene el poder, pero carece de legitimidad.
Ese impasse podría ser aprovechado por Xi Jinping para aventurarse, por ejemplo, con la invasión de Taiwán, como un recurso para afirmar su control interno. Con todo, la terquedad del líder por entregar el poder podría forzar a sus opositores a que finalmente aprueben un golpe cruento en su contra.
¿Qué sigue para China, Taiwán y el mundo?
A la actual encrucijada china se le plantean tres escenarios bien claros. A saber:
a) La recuperación del poder por parte de Xi Jinping;
b) En su reemplazo, la emergencia de un liderazgo chino colectivo y reformista; y
c) La caída del régimen comunista en China.
El primer escenario implica no sólo una dura revancha contra los opositores internos sino la ratificación de una dictadura represiva (más purgas y persecuciones), con una economía socialista cerrada, y con una diplomacia asertiva y agresiva para cambiar el orden liberal imperante, a riesgo de su propio aislamiento internacional. Con ello, es seguro una invasión de China a Taiwán.
En el segundo escenario se mantiene el régimen comunista, pero con cambio de líderes y reforzando la estrategia del capitalismo de estado diseñado originalmente por Deng Xiaoping, con una reforma del PC y una mayor apertura internacional. Se evitaría una invasión de Taiwán.
En el tercer escenario se desata una pugna abierta entre “maoístas rojos” y “reformistas”, pudiendo llegar al extremo de una guerra civil. El triunfo de los primeros reforzaría el primer escenario, en tanto que el de los segundos abriría una transición política hacia la caída del régimen comunista y la futura democratización de China. Naturalmente, esto último significaría no sólo evitar una guerra por Taiwán, sino que sería decisivo para el mantenimiento del orden liberal internacional.
Los escenarios más probables son los dos primeros, pero habrá que esperar todavía para ver el desenlace de la volátil situación interna china.

