Malditos virus

Columna
El Periódico, 24.05.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España
  • Las amenazas globales requieren respuestas globales y eso exige cooperación entre países, medios económicos suficientes y una organización internacional

Era una pura cuestión de tiempo. Ni me ha extrañado la imputación de Rodríguez Zapatero, inocente hasta que el juez diga otra cosa, ni la aparición de otro brote de ébola en África, porque en nuestro mundo interdependiente e interconectado este tipo de amenazas se producirán cada vez con más frecuencia.

Hemos tenido vacas locas, ébola, sida, gripe aviar, covid... una detrás de otra y a veces al mismo tiempo, como el crucero que nos trajo el hantavirus desde la Pampa con el trágico resultado de algunos muertos a pesar de un eficaz esfuerzo internacional de contención, y el del otro crucero de Burdeos donde se detectó una epidemia de gastroenteritis, afortunadamente mucho menos grave. Nunca he ido en un crucero, pero ahora lo de estar encerrado mucho tiempo con un grupo numeroso de gente me apetece todavía menos. El problema se agrava con el crecimiento exponencial de la humanidad, que ha pasado de 2.500 millones de personas en 1945 a más de 8.000 millones hoy. No cabemos, ocupamos ecosistemas antes vírgenes, competimos por ellos con otras especies, y el calentamiento global complica aún más las cosas dando lugar a cambios que no controlamos. La avispa tigre ha llegado al valle del Guadalquivir e igual cruzarán el estrecho de Gibraltar mosquitos portadores de virus desconocidos en la Península.

Con el covid, se perdió un tiempo precioso cuando las autoridades de Wuhan no se atrevieron a anunciarlo o a tomar medidas sin permiso de los camaradas del Partido Comunista Chino. Así sucede en las dictaduras.

Y ahora, con el ébola, también se ha perdido un mes desde que se detectaron los primeros casos como consecuencia en este caso tanto de la deficiente estructura sanitaria del Congo, como de la guerra que azota a su región norteña donde intervienen tropas de la vecina Ruanda. La epidemia ya afecta al Congo, Ruanda y Uganda. Los muertos crecen a diario y el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha mostrado “muy preocupado por la escala y velocidad de la epidemia”. El problema es que no hay vacuna pues, aunque es el decimoséptimo brote reciente de ébola en el Congo, ahora ataca con la cepa Bundibugyo, diferente de la cepa Zaire que conocemos desde 2016. Su tasa de mortalidad es terrorífica y oscila entre el 25% y el 40%. Hacer una vacuna nueva lleva tiempo y dinero... que no hay en África.

Afortunadamente, el ébola no se transmite con la facilidad del covid y el director de la OMS no cree que se vaya a extender fuera de África. Y eso me hace recordar que cuando hace años me recibió en Kampala el ministro de Sanidad de Uganda, en plena epidemia del sida, su despacho oficial tenía los cristales de las ventanas rotos y cuatro libros polvorientos sobre una repisa de madera sin pintar. El pobre hombre se enfrentaba sin medios a una pandemia que hacía estragos. Es duro decirlo, pero el admirable esfuerzo colectivo que llevó a encontrar en pocos meses una vacuna contra el covid se debió a que afectaba a los países ricos, que luego se quedaron con todas las mascarillas y vacunas por el simple procedimiento de pagar más. Los españoles recibíamos la tercera dosis del covid cuando en Haití no se había puesto todavía ninguna.

Los virus y los terroristas desprecian las fronteras. Si la coordinación entre Gobierno central y gobiernos autonómicos debe ser automática y estar bien engrasada, cosa que no ha ocurrido con el atraque del Hondius en Tenerife, la cooperación internacional es clave para enfrentar una pandemia. Las amenazas globales no se pueden enfrentar nacionalmente, requieren respuestas globales y eso exige cooperación entre países, medios económicos suficientes, y una organización internacional que asegure la dirección y coordinación de los esfuerzos, y que luego garantice una equitativa distribución de las vacunas porque en esto o nos salvamos todos juntos o no se salva nadie pues el virus seguirá incubándose y mutando allí donde las vacunas no lleguen. Por eso hay que dar medios a la OMS en lugar de abandonarla como han hecho Argentina y los Estados Unidos, que también abandonó la Conferencia de París que lucha contra el calentamiento global. Y esa es otra pésima noticia porque virus y clima están íntimamente relacionados. Los humanos nos pegamos un tiro en el pie al gastar tanto dinero en misiles en Irán y en Ucrania en lugar de emplearlo en investigación y en vacunas.

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