Artículo Diario Constitucional, 17.09.2026 Samuel Fernández Illanes, abogado (PUC), embajador ® y académico (U. Central)
La persistencia de las guerras en Ucrania, Gaza y Medio Oriente, junto con las tensiones en puntos estratégicos como los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, evidencia las dificultades del sistema internacional para prevenir, contener y resolver los conflictos armados. El debilitamiento del Consejo de Seguridad, las disputas entre las grandes potencias y las demandas de nuevos actores por modificar el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial plantean interrogantes sobre la vigencia y eficacia de la arquitectura internacional de paz y seguridad.
Entre la reacción preocupada y el acostumbramiento de la comunidad internacional, los últimos años han comprobado que las guerras persisten, no obstante haberse previsto un sistema internacional para anticiparlas, contenerlas o imponer la paz, y tal vez lo más preocupante, continúan sin solución.
Sólo por mencionar las más seguidas por los medios de comunicación, tenemos: La agresión de Rusia a Ucrania que lleva cuatro años siete meses. El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, más de seis meses. En Gaza, como respuesta al ataque sorpresivo del islamismo radical de Hamás a Israel, la respuesta militar se prolonga pese al precario plan de paz, con operaciones recientes, bombardeos a campamentos palestinos y amenazas de reiniciarlos. La crisis humanitaria sigue. Y se pueden agregar los esporádicos ataques hutíes que controlan el estrecho de Bab el-Mandeb, en Yemen, al ingreso del Mar Rojo, con el auxilio de Irán.
Estos frentes bélicos, y muchos otros, lejos de calmarse y de encauzarse hacia una solución pacífica, se intensifican y prolongan con las consecuencias sobre vidas, destrozos y el consecuente desentendimiento, cada vez más profundo, entre los países involucrados. Asimismo, como estos conflictos han girado hacia controles territoriales propios de una agenda geopolítica, los efectos han sido inmediatos para incluso terceros países.
Bien conocemos cómo el sistema internacional se ha visto trastocado por la agresión rusa a Ucrania, tornando ineficaz la acción del Consejo de Seguridad según la Carta de la ONU y el derecho internacional respectivo. Más de ochenta años vigentes para impedir los peligros de una nueva conflagración mundial, mediante un sistema basado en normas y una práctica aplicada. Es la consecuencia más fundamental de lo sucedido. Al haber cambios sustantivos en las conductas, dicho ordenamiento podría devenir inservible.
Hace tiempo que el resto del mundo reaccionó condenado a Rusia, advirtiendo lo que significa. Se ha sancionado al agresor desde el comienzo, principalmente en el campo económico. Sin embargo, poco a poco todo se diluye. Rusia comienza a ser aceptada nuevamente. Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Nueva Delhi, recientemente, lo demuestran, con la participación sonriente del propio Putin. Una burla para tales sanciones y para la propia Corte Penal Internacional que lo condenó. Las posibilidades de que otros sigan su ejemplo han aumentado. De nada sirven las advertencias y todo sigue igual. Uno de los Miembros Permanentes del Consejo, corresponsable del mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, la violó trastocando el sistema. Las amenazas rusas aumentan a países limítrofes o de la Unión Europea y hasta operaciones de drones rusos, suceden frecuentemente. El temor aumenta.
El Golfo Pérsico, a su vez, ha encontrado su punto de mayor tensión, gracias al hasta hace no mucho tiempo un casi olvidado Estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, trasformado en el más neurálgico y apetecido dada su utilización insoslayable para el tránsito de los buques portadores del gas o del petróleo, proveniente de los ribereños del Golfo. Son los principales productores mundiales, sin otra vía natural de reemplazo. Sólo un canal alternativo buscado por Arabia Saudita por Omán, ahora igualmente comprometido.
En definitiva y por sobre la desatada guerra propagandística entre Estados Unidos e Irán, el Ormuz sigue reducido en su paso, con todos los riesgos para quien lo cruce. El petróleo sube a precios más altos, lo que repercute en todos los usuarios que de él dependen. Y se extiende al Mar Rojo y al Canal de Suez por los hutíes, sin control.
Acaso vivimos una era de belicismo que anticipa más graves confrontaciones. No es posible adivinarlo, pero los hechos son abrumadores. Los sistemas de salvaguardia previstos están en crisis y no aparecen otros de reemplazo. Insistir en el que existe resulta, por ahora, impracticable. Crear uno nuevo, sería reconocer que terminó, y verdaderamente ilusorio, a menos que se intente profundizar porqué el existente no funciona. Podrían ser múltiples las razones, por sobre las crisis en particular.
El gran sistema de post guerra, en definitiva, quedó confiado a los cinco permanentes del Consejo de Seguridad, y con el tiempo, sólo a los tres grandes. China y Rusia hace tiempo que buscan sus objetivos propios, resulta evidente. La coordinación con los otros empezó a limitarlos y decidieron desafiarlo. Lo grave es que han podido hacerlo, y siguieron adelante. Asimismo, muchos nuevos actores desean un cambio y ser considerados según sus nuevas capacidades. El propio sistema se lo ha impedido. Las reformas al Consejo están estancadas y no parecen viables.
Se han creado instancias paralelas buscando alternativas diferentes, que tampoco han verdaderamente prosperado. Países más nuevos y algunos muy ricos, hace tiempo que no se sienten representados convenientemente, y alegan que el sistema sólo fue impuesto a la manera occidental, y reclaman su lugar. Los desafíos chinos y rusos han encontrado seguidores pues el mundo occidental no los considera iguales. En algún momento vendría la necesidad de cambio. De ahí los desafíos fuera del esquema. Rusia lo alteró. China no lo aplica de hecho, e Irán no acepta ningún sometimiento norteamericano ni israelí. Se rigen por tiempos, normas y creencias completamente distintas, y no ceden.
Estados Unidos vive otra etapa en el ejercicio del poder. Irán está sin tiempo. Estados Unidos y el propio Trum tienen plazos. Así no hay entendimiento posible. Lo han demostrado. En consecuencia, los desencuentros y hasta las guerras, no resulta extraño que persistan.

