Comunicado Santiago, 26.03.2026 Instituto Libertad
En relación con la decisión presidencial de retirar el apoyo de Chile a la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet a la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas, la Comisión de Relaciones Internacionales del Instituto Libertad estima conveniente señalar:
1.- La Constitución, en su artículo 32 numerales 8 y 15, entrega al presidente de la República la conducción exclusiva de la política exterior del Estado de Chile. En tal calidad, respetamos la decisión adoptada por el presidente José Antonio Kast, como respetamos decisiones similares adoptadas en su momento por sus antecesores.
2.- Constatamos que la candidatura a la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas no fue presentada, desde su origen, como una cuestión de política de Estado. Por el contrario, no hubo ánimo de dialogar y convencer, sino de imponer; no hubo intención de incluir, sino de prevalecer. Parte significativa de nuestro país no estuvo involucrada, porque los principales actores políticos, académicos y profesionales no fueron efectivamente invitados a este esfuerzo.
3.- Tampoco se observó, en la génesis de dicha candidatura, una señal de respeto y deferencia hacia la persona que, en ese momento, ostentaba la calidad de presidente electo, involucrando al efecto a gobiernos de similar identidad ideológica. Así, se trata de una candidatura que nació como una iniciativa del Grupo de Puebla y no del Estado de Chile.
4.- La candidatura se propuso en un marco de inéditas dificultades financieras para la Cancillería, como consecuencia del profundo déficit fiscal heredado del gobierno anterior. Por primera vez en décadas, el Ministerio de Relaciones Exteriores enfrenta un déficit operacional de alrededor de 5.000 millones de pesos chilenos al 11 de marzo de 2026. Esta grave crisis financiera, inédita en nuestra democracia, afecta la ejecución de nuestra política exterior y obliga a un ejercicio de priorización de nuestros intereses nacionales. Nos llama la atención que, entre quienes han criticado livianamente la decisión de S.E. el Presidente de la República, se encuentren los directos responsables de esta crisis.
Se despiden atentamente los abajo firmantes:
Jorge Canelas, Raúl Sanhueza, Cristián Jara, Hernán Salinas, Karin Ebensperger, Alfonso Silva, Sergio Romero, Francisco Orrego, Pedro Suckel, Francisco Javier Devia, Juan Eduardo Burgos y Manfred Wilhelmy.


Que Bachelet quiera ser secretaria general de la ONU es una pésima noticia para todos los que conocemos de cerca su desastroso paso por la política chilena, consolidándose como un actor nefasto que dejó al país sumido en el estancamiento, la desconfianza institucional y un retroceso económico evidente que destruyó las bases del desarrollo nacional. Ahora, esta misma persona pretende liderar un organismo internacional que ya de por sí carga con las peores críticas por su absoluta inoperancia, burocracia inservible y nula capacidad de respuesta ante los verdaderos conflictos del mundo. Si hubiera llegado Bachelet a la ONU la situación actual para el organismo habría sido todavía peor de lo que ya es, profundizando una crisis de liderazgo donde queda clarísimo que este tipo de instituciones multilaterales son solo antros de intelectuales mediocres y burócratas acomodados que encuentran sus nichos perfectos para profitar como garrapatas de los impuestos de todos los ciudadanos del mundo. En cualquier corporación o empresa privada de tipo real, este tipo de demagogos e ineptos fracasaría de inmediato ante la primera evaluación de resultados, pero en estos espacios estatales e internacionales se mantienen eternamente porque forman parte de un engranaje cómplice donde saben moverse a la perfección en el tablero de la Agenda 2030, la cual maneja sus piezas según intereses ideológicos ajenos a la prosperidad de las personas. Por si fuera poco, toda esta fachada de supuesta eminencia técnica y moral se cae a pedazos al recordar que estamos frente a alguien profundamente cuestionado incluso en su propia formación, operando con la sombra constante de la inoperancia y las mentiras en torno a su historial, incluyendo las serias polémicas sobre su título de médico que nunca sacó formalmente con los requisitos transparentes que se exigen a cualquier profesional común. Esperemos de una vez por todas que los liderazgos de esta inútil ONU dejen el show mediático, dejen de sangrar los recursos de los contribuyentes y logren por fin restablecer las filosofías originales por las cuales fue creada la organización, devolviendo el foco a la verdadera cooperación y soberanía de las naciones en lugar de servir como refugio para políticos fracasados.