Ceuta

Columna
El Líbero, 08.08.2026
Fernando Schmidt Ariztía, embajador ® y exsubsecretario de RREE

Cuando Leopoldo Calvo-Sotelo fue presidente del Gobierno español (1981-1982), le propusieron el nombre del teniente coronel Emilio Alonso Manglano como director del CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), máximo órgano de inteligencia del país (hoy CNI). Según narra Luis González Seara en un artículo publicado el 2008 en Cuenta y Razón, Calvo-Sotelo habría dicho:

“Al nuevo director le pedí dos cosas: que procurase informar al Gobierno del próximo golpe militar con alguna anticipación, para que no nos sorprenda como el 23-F (el intento golpista de Tejero), y lo relacionado con Marruecos”.

Emilio Alonso Manglano (monárquico y conservador) dimitió durante el gobierno socialista de Felipe González, a quien sirvió más de 12 años. En su largo periodo al frente del CESID (mayo de 1981 a julio de 1995) pudo efectivamente abortar una conspiración golpista en octubre de 1982, en vísperas de las elecciones generales del 27 de ese mes. La conjura contemplaba neutralizar y arrestar al presidente del Gobierno y a las principales autoridades del Estado. La administración de centroderecha de Calvo-Sotelo no dudó en detener a los coroneles implicados, a los que se les incautaron mapas de objetivos e información detallada sobre el complot.

En lo que respecta a Marruecos, Alonso Manglano consideró a ese país uno de los pilares para la seguridad española. Coordinó comunicaciones confidenciales entre el monarca alauita y el rey Juan Carlos lo que amortiguó diversas situaciones que pudieron desembocar en una crisis entre ambos estados. Además, estableció contactos permanentes con los jefes de inteligencia marroquí; siguió atentamente sus movimientos migratorios y militares para atajar sus efectos, y detectó a tiempo la influencia de los servicios de inteligencia de la monarquía alauita sobre los movimientos sociales en Ceuta y Melilla. A pesar de todo se ganó la confianza del reino marroquí, que le condecoró con la Orden Wissam Al-Alaoui, equivalente a la Legión de Honor de Francia, que también obtuvo.

La imagen de 72.000 personas desbordando los servicios fronterizos de la ciudad española de Ceuta, implica evidentemente que algo falló en la relación de España con Marruecos en estos años.

Está asumido en Madrid que el reino alauita pretende la recuperación de “Sebta y Mellilia”, ciudades que son ibéricas desde 1415 (cuando Ceuta cayó a manos de Portugal) y 1497, respectivamente. Eran parte de una política de control del estrecho de Gibraltar, vigilancia de la piratería en el Mediterráneo, fomento del comercio con la dinastía benimerí de Marruecos y punto de apoyo para las exploraciones portuguesas en África.

En enero de 1975 Marruecos calificó a estas ciudades como “colonias” y “vestigios de la ocupación (española)” solicitando la apertura de un proceso de descolonización ante la ONU. En 1987 el rey Hassan II, padre del actual monarca marroquí, propuso a Madrid la creación de una Comisión Mixta de Análisis y Concertación para debatir el futuro de ambas ciudades que, de haberse aceptado, equivalía a admitir una soberanía compartida.

El rey Hassan señaló también que “el día que España recupere Gibraltar, Marruecos recuperará Ceuta y Melilla. Ninguna potencia puede controlar simultáneamente ambas orillas del Estrecho de Gibraltar”. Para Rabat, los dos temas están ligados. De ahí la importancia del encargo expreso de Calvo-Sotelo a Alonso Manglano.

Conscientes de esta sensibilidad, y teniendo en cuenta la fuerte protesta del reino alauita por la visita a Ceuta y Melilla de los reyes Juan Carlos y Sofía el 2007, los actuales monarcas españoles se han abstenido de visitar estas ciudades, los únicos territorios autónomos del reino que nunca han recibido la visita de su jefe de Estado, Felipe VI.

Asumir la aspiración marroquí como parte del paisaje político vecinal es una cosa. Otra distinta es cultivar, a pesar de todo, relaciones políticas, económicas, culturales y sociales de gran intensidad. Haciendo añicos su posición histórica sobre el Sahara Occidental, España reconoció en 2022 la soberanía marroquí sobre ese inmenso territorio que una vez fue español. ¿Por qué habría de castigar la monarquía alauita, con una invasión civil sobre Ceuta, al gobierno de Pedro Sánchez que le concedió esa tremenda victoria diplomática? ¿Por qué penalizar al país que (junto a Francia) compra la mayor parte de las exportaciones marroquíes? ¿Por qué sancionar al país que ha abogado ante la UE por el desarrollo agrícola y pesquero marroquí, compitiendo contra sus propios productores? ¿Qué sentido político tendría alentar la invasión de Ceuta ahora y arriesgar la cancelación de esa tremenda y exitosa campaña de imagen que es la organización tripartita del Mundial de Fútbol del 2030 (Marruecos, España y Portugal)?

Resulta muy difícil pensar que la avalancha humana haya sido simplemente el producto de un “efecto llamada”, de la interesada acción de los traficantes de personas, o una expresión espontánea y masiva de la esperanza de muchos jóvenes marroquíes y subsaharianos por una vida mejor en España y Europa. Este tipo de acciones generalmente es coordinado a través de las redes sociales y resulta bastante inverosímil que los servicios de inteligencia españoles, que las vigilan de cerca, no hayan detectado a tiempo movimientos sospechosos, siendo que el propio gobierno civil de Ceuta los había denunciado a Madrid días antes. Por ahora, dos ministerios del Gabinete de Pedro Sánchez se echan la culpa por lo ocurrido.

Por su parte, la inteligencia marroquí con fuertes vinculaciones con los equipos respectivos de Estados Unidos e Israel desde la década del 60 es activa y eficaz en esos y otros ámbitos. Desde el 2021, después que se establecieron relaciones diplomáticas con Israel, existe un Memorando de Entendimiento en Defensa que estableció un intercambio formal de inteligencia entre ambos países ¿Es posible que haya existido un vacío de información de su parte? Improbable ¿Puede haber sido un mensaje de terceros al actual gobierno español de Pedro Sánchez, el díscolo de Europa según muchos socios en la OTAN? Quién sabe. Recordemos que en 2021 los teléfonos del propio Sánchez y de su ministro del Interior fueron sospechosamente intervenidos con el software espía israelí Pegasus, presuntamente desde Marruecos, y de manera coincidente con la crisis migratoria sobre Ceuta de ese año y la protección española al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Son muchas las interrogantes que nos deja el episodio, pero deja al menos cuatro lecciones para España y la UE: primero, que Felipe VI debe asumir su papel como Jefe de Estado español y visitar las ciudades de Ceuta y Melilla, controlando los daños de las protestas previsibles de Marruecos; segundo, que en labores de inteligencia se nota la ausencia de un Emilio Alonso Manglano, un servidor capaz de percibir a tiempo las sutilezas de la relación bilateral y que sugería caminos alternativos que involucraban al propio rey; tercero, la necesidad de que la UE asuma con mayor decisión el control de la única frontera que Europa tiene en el continente africano, cuna de entre 100 y 140 millones de personas que desearían migrar hoy mismo a esa parte del mundo; y cuarto, que el episodio ha demostrado una vez más la obcecación de un gobierno que se resiste a dejar La Moncloa, pagando el precio que sea.

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