La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos

Columna
El Internacionalista del Fin del Mundo, 20.12.2025
Juan Pablo Glasinovic Vernon, abogado (PUC), exdiplomático y columnista

El 4 de diciembre de 2025, la administración Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS). El propósito de la NSS es establecer las prioridades estratégicas de Estados Unidos en política exterior, defensa, economía, energía y seguridad nacional. Sirve como documento matriz para orientar los planes de acción en las distintas agencias del gobierno federal.

Este documento no tiene un calendario fijo, pero suele publicarse dependiendo de la postura de la administración en turno y conforme a la evolución del contexto internacional. Las anteriores versiones habían sido en 2017, durante la primera administración Trump y luego en 2022 con Biden.

El actual documento sin duda que refleja un gran cambio de curso respecto del plan estratégico de Biden, pero también del propio Trump en su primer período, aunque en el anterior compendio varios de los temas y prioridades actuales estaban esbozados. Pero había todavía una cierta continuidad política con los gobiernos anteriores. En el actual mandato, el documento sigue la tendencia de todas las otras políticas de Trump en la línea de un sinceramiento con sus ideas, las que además se impusieron en el Partido Republicano.

En materia de seguridad nacional, que como indica el título del documento es su eje, quedan reflejadas claramente las preocupaciones y prioridades de la administración Trump. En esa línea, la amenaza principal es la “migración masiva” que deja atrás a las tradicionales como China, Rusia y el terrorismo.

la nueva Estrategia de Seguridad Nacional no hace referencia expresa a la competencia entre las grandes potencias. Además, adopta un tono notablemente más conciliador hacia los competidores, planteando el reto como trabajar para “reequilibrar la relación económica de Estados Unidos con China”.

Estados Unidos está menos interesado en la competencia estratégica y más abierto a las esferas de influencia. Por eso la nueva estrategia se centra el hemisferio occidental (que incluye a Latinoamérica), el comercio y la inmigración.

En términos más generales, los aliados y socios de Estados Unidos son considerados una carga neta y juzgados únicamente por la cantidad de dinero que gastan en defensa. Dadas estas prioridades, las fuerzas armadas estadounidenses se centrarán en el hemisferio occidental, y Estados Unidos desempeñará un papel secundario en Asia y sus relaciones en general se abordarán principalmente en términos económicos.

Es evidente que el mundo y el contexto intelectual en el que la administración Biden elaboró el anterior documento estratégico ya no existe. Hoy Estados Unidos tiene mucha menos confianza en los supuestos que sustentaron su política exterior durante décadas: los beneficios indiscutibles de las alianzas, las virtudes de la globalización y su papel como potencia rectora. Las guerras en Gaza y Ucrania se han desarrollado de una manera que ha desafiado los deseos de Estados Unidos y ha debilitado su posición. Por otra parte, China no está perdiendo la competencia económica con Estados Unidos, al contrario.

En función del nuevo contexto y de la percepción estadounidense, cualquiera futura NSS tendrá que lidiar con un panorama geopolítico y nacional definido por la inseguridad, en lugar de restaurar una idea anterior de supremacía estadounidense. Tendría también que reconocer que la influencia de Estados Unidos es limitada y cada vez más transaccional; que la rivalidad entre las grandes potencias está entrelazada con la interdependencia económica; y que la antigua arquitectura del liderazgo estadounidense se ha debilitado, incluso entre sus socios. Por último, no podría dejar de abordar la cuestión de la inmigración.

En suma, Trump instaló una definición más restrictiva de los intereses estadounidenses y la centralidad de la economía, lo que debiera tener una continuidad independientemente del signo del gobierno que le suceda.

¿Y cuál es el lugar que ocupa América Latina en la NSS? Como lo mencionamos, Estados Unidos reconoce explícitamente nuestra región dentro de su área de influencia, engarzando con la vieja doctrina Monroe de principios del siglo XIX que ahora se ha rebautizado por los medios especializados como “Donroe”.

La estrategia identifica tres amenazas en el hemisferio occidental: la migración, las drogas y el crimen, y China. La administración Trump define la migración como indeseable, y considera que el papel de América Latina es impedir los flujos de migrantes hacia Estados Unidos. Aunque la NSS condena las guerras sin fin (Afganistán), su insistencia en que Estados Unidos puede desplegar su ejército para llevar a cabo ataques contra los carteles criminales en cualquier lugar del hemisferio podría desatar una guerra potencialmente larga.

La NSS hace énfasis en la necesidad de contrarrestar los múltiples aspectos de la presencia de China en el hemisferio occidental, como expulsarla de los puertos latinoamericanos y otras infraestructuras críticas y limitar su participación económica en la región. La estrategia solo reconoce de forma limitada que los países latinoamericanos pueden incidir en la región.

Lo que está pasando con Venezuela es la demostración de esta doctrina.

Respecto del Indo o Asia Pacífico y aunque como señalé cambia el tono respecto de documentos anteriores en relación con China, la versión actual confirma que Estados Unidos mantendrá su presencia ahí, reconociendo explícitamente que es la cancha en la cual se define la supremacía global.

Sin embargo y conforme a lo ya señalado, es de esperar que nuestro hemisferio y particularmente América Latina experimente un incremento de la competencia y de las tensiones entre Estados Unidos y China. En esa línea, nuestros países estarán confrontados a relaciones más escabrosas con una u otra potencia y Estados Unidos estará presionando más frecuentemente cuando considere que China está excediendo su rol en nuestro hemisferio. Un anticipo de aquello fue el forzar la salida de las empresas concesionarias chinas de los puertos panameños. Similares presiones podrían dirigirse contra Perú y Brasil por los megapuertos chinos en ambos países. Finalmente, el asedio a Venezuela que apunta a la salida del régimen chavista, en caso de ser exitoso, también podría asestar un golpe a la presencia china ahí y sus inversiones, incluyendo el petróleo.

Antes de concluir, si hay una región que es vapuleada en el documento, esa es Europa. Se le dedica una sección completa en la cual entre otras cosas se afirma que los problemas de Europa son profundos más allá de su insuficiente gasto militar y del estancamiento económico. La administración define ese problema como un riesgo de implosión como civilización.

Esa redacción y sus términos reflejan que la alianza transatlántica formalmente ha expirado y que solo podría recomponerse, a la luz de la doctrina Trump, si llegan al poder de los países europeos los partidos antiliberales como lo que ocurre actualmente en Hungría. Pero bien sabemos que esos partidos e ideologías buscan destruir a la Unión Europea y sin una Europa unida no hay posibilidad de una real alianza transatlántica.

Para finalizar entonces, el presidente Trump ha explicitado en la NSS su visión y prioridades en este segundo mandato que confirman la continuidad de la desarticulación del sistema internacional post Segunda Guerra Mundial. El multilateralismo y el Derecho Internacional tendrán cada vez menos relevancia y se acentuarán los factores del poder duro como la economía y la fuerza militar en las relaciones internacionales.

Será un mundo más incierto e inseguro y el nuevo mapa que ha explicitado Estados Unidos es a la vez una expresión de sus intenciones, pero también un reconocimiento de sus limitaciones. Es muy probable que este esquema persista más allá de la actual administración.

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