La OTAN, ¿otra víctima de la guerra del Golfo?

Columna
El Periódico, 05.04.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

Donald Trump no para de darnos disgustos. La guerra que israelíes y norteamericanos han desencadenado sobre Irán no sabemos todavía cómo terminará, pero se cerrará mal, como todos los conflictos de Oriente Medio, y eso augura futuros problemas. Su discurso del pasado miércoles no ha aclarado nada, mientras las estrategias de EEUU e Israel divergen porque cada vez resulta más claro que Jerusalén quiere acabar con el odiado régimen de los ayatolás (sin que parezca capaz de conseguirlo), mientras que Washington no se sabe muy bien lo que quiere ni por qué se ha metido -y nos ha metido a todos- en este embrollo. Cada día dice algo diferente. Ahora que Trump comienza a ver la que ha liado, cuando el precio de la gasolina se ha disparado también en casa, lo que desea es salir de allí cuanto antes, aunque nos deje a los demás empantanados en el Estrecho de Ormuz, si es que los hutíes no deciden unir también el de Bar el Mandeb a la fiesta.

Netanyahu lo tiene claro porque dice que Irán ya no es la "amenaza existencial" que antes era, y ahora concentra su destrucción en Hizbolá y en quedarse con un trozo de El Líbano, como ya ha hecho con Gaza, además de acelerar la limpieza étnica en una parte de Cisjordania que también se anexionará más pronto que tarde. Por su parte, Trump necesita algunos fuegos artificiales antes de dar el carpetazo a la guerra, algún golpe de mano corto, limpio y espectacular como la guinda que le permita jactarse de que sus objetivos están cumplidos una vez que el régimen iraní fue descabezado y sus Fuerzas Armadas han quedado diezmadas.

Pero se equivoca quién piense que las cosas volverán a ser como antes. Si el régimen iraní sobrevive, como parece, será vengativo, seguirá controlando el Estrecho de a Ormuz, no se fiará de eventuales futuras negociaciones (¡cómo hacerlo si durante las dos últimas fue atacado!), y buscará con toda probabilidad y el mayor secretismo el arma nuclear para ser tan intocable como el régimen norcoreano. Nada de todo esto sucedería si Trump no hubiera denunciado unilateralmente el acuerdo nuclear que en 2015 suscribieron con Teherán los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Alemania y la UE porque, aunque fuera perfectible, que lo era, permitía un control permanente de las actividades iraníes por parte de la Agencia Internacional de la Energía. Fue su denuncia la que llevó a Irán a enriquecer uranio por encima de los límites autorizados. De aquellas lluvias estos lodos.

Pero si el impacto de esta guerra es evidente sobre nuestra economía, también es muy preocupante el que tiene sobre la OTAN. Trump está furioso con los europeos que no solo no le han ayudado militarmente, sino que le han impedido el uso de sus bases e, incluso, como ha hecho España, el de su espacio aéreo para atacar a Irán. Y después de insultar a los británicos le dijo al londinense 'The Telegraph' que estaba considerando abandonar la OTAN: "Nunca me convenció. Siempre la vi como un tigre de papel y Putin también lo sabe".

Marco Rubio, entrevistado por Sean Hannity, fue más lejos: "He sido uno de los mayores defensores de la OTAN cuando era senador.... (porque) nos permitía tener bases en Europa que nos dejaban proyectar nuestro poderío hacia diferentes partes del mundo cuando nuestra seguridad era amenazada, y ahora hemos llegado al punto en el que la alianza atlántica significa que no podemos usar esas bases... La OTAN sirve para que tengamos tropas en Europa para defender a Europa, pero cuando nosotros necesitamos su ayuda -no que bombardeen, sino que nos dejen usar esas bases- su respuesta es no... De manera que pienso que cuando este conflicto termine tendremos que reevaluar el valor de la OTAN para nuestro país, la decisión corresponde al presidente". Su enfado es comprensible, aunque eso es lo que ocurre cuando uno se lanza a guerras ilegales sin consultar antes con sus aliados.

Pero la amenaza es real porque, aunque la retirada exigiría unos inalcanzables dos tercios del Senado, hay otras maneras de vaciar a la OTAN de contenido como no darnos cobertura nuclear o desentenderse del artículo 5 de defensa colectiva. Y eso Trump lo puede hacer, dejándonos a los pies del oso ruso. Por eso, la relación trasatlántica es otra gran perdedora de esta guerra insensata. Putin debe frotarse las manos.

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